Desde la heterodoxia

¡Déjenme ser un pesimista agorero!

Aquellos cuyas encuestas internas les auguran la pérdida de todo su poder autonómico y municipal; los mismos que ansían cambiar a mitad de partida las reglas del juego democrático para mantenerse inútilmente en el poder; ésos cuya valoración en sus propias encuestas precocinadas alcanzan mínimos históricos; todos éstos, pretenden ahora decidir unilateralmente cuando los españoles debemos ser y estar felices, cuando tenemos que abandonar el pesimismo agorero, a pesar de ver como cada día la inmensa mayoría de nuestra ciudadanía se está empobreciendo como nunca en nuestra corta historia democrática.

Personalmente me declaro un pesimista agorero frente a sus medias verdades y reafirmo que no hay recuperación económica en ciernes. Pero a diferencia de sus economistas voy a razonar con los datos disponibles, voy a utilizar mis razonamientos teóricos, basados en aquellas hipótesis que creo que de una manera más o menos fiel reflejan la realidad. Y sobre todo, pretendo que la economía sirva en última instancia para mejorar las condiciones de vida de mis conciudadanos, especialmente de aquellos sobre los que las élites extractivas se han lanzado como aves carroñeras dejándoles en una situación de desamparo absoluto. Ansío, en definitiva, ser libre a la hora de expresar mis opiniones y mis previsiones, que unas veces acertarán y otras errarán.

Un poco de teoría para argumentar

Para poder anticipar, con suficiente antelación, entender, y tratar la actual crisis económica sistémica, era necesario, en su momento, al menos, haber echado una ojeada a la Hipótesis de Inestabilidad Financiera deHyman Minsky; a la Teoría de Deflación por Deuda de Irving Fisher; al papel de la deuda privada y de los bancos en la Teoría Monetaria Endógena de Steve Keen; al análisis de la economía monetaria con sus Modelos de Stock-Flujode Wynne Godley y Marc Lavoie; y a la Recesión de Balances de Richard Koo. En base a todo ello, con mis propios instrumentos analíticos y de previsión mantengo que no existe recuperación económica en ciernes, y que estamos a las puertas de lo que en su momento denominé la Segunda Fase de la Gran Recesión. Pero vayamos por partes.

Personalmente me declaro un pesimista agorero frente a sus medias verdades

En primer lugar, niego la mayor: no hay recuperación económica. Los datos del PIB de 2013-2014 publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) son preliminares y serán revisados fuertemente a la baja. Recientemente, la publicación de los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2013 confirman la segunda mayor caída en el gasto de las familias desde el inicio de la crisis, de manera que el consumo privado deberá ser revisado a la baja.

Además los datos del sector exterior con incompatibles con los aportados por el Ministerio de Economía, de manera que en el segundo semestre de 2013 la contribución del sector exterior en realidad fue negativa. Respecto a los datos de consumo público, cuyas cifras recogidas en la Contabilidad Nacional de los dos últimos trimestres pasarán a las hemerotecas como claros ejemplos de ingeniería contable, son absolutamente incoherentes con los datos de la Intervención General del Estado.

El Gobierno habría desplazado parte del gasto público realizado en el último trimestre de 2013 al primero de 2014 con el objetivo de aproximarse al cumplimiento del déficit público establecido por Bruselas. En las revisiones de agosto de este año y en la definitiva de agosto de 2015, el PIB de 2013 debería caer finalmente entre un 2,0% y un 2,5%, salvo que se trate de mantener artificialmente el PIB real revisando fuertemente a la baja el deflactor del PIB. Ya se hizo esto para el período 2008-2011. En ese caso ustedes deberían fijarse en el PIB nominal.

Círculo explosivo deuda-burbujas financieras

Después de más de seis años de intensa recesión, ninguna de las causas que originaron la actual crisis sistémica, un volumen brutal de deuda y una banca insolvente, se han solucionado. Se ha vuelto a reactivar una dinámica de retroalimentación del proceso de endeudamiento con nuevas burbujas financieras como único camino de superación de la crisis. Sin embargo, hay una notoria diferencia respecto a 2008. Mientras que en 2008 la mayoría de la deuda era privada, los procesos de resolución de la crisis bancaria y otros procesos de socialización de pérdidas privadas ha disparado el volumen de deuda pública a niveles inasumibles. La deuda total de nuestra economía, privada y pública, no ha parado de crecer, y se aproxima a los 4,4 billones de euros, alrededor del 430% de nuestro PIB. Simple y llanamente es impagable.

Después de más de seis años de intensa recesión, ninguna de las causas que originaron la actual crisis se han solucionado

La deuda desde el inicio de la crisis, por lo tanto, no ha dejado de crecer, si bien su composición ha variado. Ello genera un grave problema sobre el proceso de reducción de la misma. Mientras que los problemas de deuda privada se solucionan en los juzgados con los concursos de acreedores, la deuda pública sólo puede reducirse de manera centralizada y negociada dentro de Europa u en otro organismo supranacional. Yanis Varoufakis y StuartHolland, ya expusieron en 2011 un programa para Europa, que abarcaba la centralización y renegociación de la deuda, más un programa de inversiones. Recientemente el presidente del IFO alemán, de manera sorpresiva y positiva, apuntó esta posibilidad.

La tormenta perfecta

Como la mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, sobre ello ya hemos hablado largo y tendido desde estas modestas líneas, es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. Se activará entonces la tormenta perfecta, un ciclo perverso que se retroalimentará: crisis soberana, crisis de balanza de pagos, crisis bancaria y deflación por deuda. Bastará solo con que aumente la aversión al riesgo de los mercados. Se trata de una variable que no controla nuestro gobierno, y ninguno otro, por mucho que traten de desvirtuar su comportamiento vía política monetaria.

He tratado de argumentar con cifras, y he expuesto las teorías en las que me baso. Lo mínimo que pido al actual ejecutivo y al Instituto Nacional de Estadística es que expliquen las contradicciones de sus cifras, por muy preliminares que sean, y nos detallen cómo se puede crecer de manera sostenible con un nivel récord de deuda total, un máximo histórico en nuestra deuda externa neta, y unos mercados fuertemente sobrevalorados. Y por favor no me hablen del sector exterior y de sus tópicos. Léanse sus propias cifras.


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