Desde la heterodoxia

¿Crisis? ¡Es la economía política, estúpidos!

La actual crisis económica, social y financiera está ocultando una profunda carencia de ideas en los partidos y líderes políticos más relevantes, ya no solo de nuestro país, sino de las democracias occidentales más representativas.

Una de las razones es el predominio en el ámbito económico de las recomendaciones basadas en juicios de valor individuales, es decir, “lo que debería ser”, donde la ideología juega un papel predominante. Nos referimos a la política económica. Sin embargo, faltan explicaciones objetivas o científicas sobre el funcionamiento de la economía, que se centre en los hechos, lo que es. Por ejemplo, el aumento de la acumulación de la riqueza en unos pocos, o la menor participación del factor trabajo en la renta nacional, son hechos objetivos, no interpretables. También es un hecho objetivo que los gobiernos europeos han dilapidado en ayudas al sector bancario una cuantía próxima a los 2,3 billones de Euros. La rama positiva de la economía, que explica los hechos, es la economía política.

Faltan análisis de economía política y sobran recetas de política económica. Lo primero, por lo tanto, sería describir las dinámicas objetivas, lo que es, y, posteriomente, si queremos cambiarlas, modificaremos las políticas económicas.

Desde un punto de vista económico la izquierda en general, una vez alcanzado el Estado del bienestar, está siendo excesivamente conservadora, muy poco imaginativa y, lo que es peor, en muchos casos su acción política ha cedido a la presión de lobbies e intereses espureos, al margen de sus votantes y de la sociedad. La tercera vía de Tony Blair o la acción política de Gerard Schroeder, ambos con un retiro dorado en poderosos conglomerados económicos y financieros, son dos claros ejemplos de ello. En otras ocasiones sus decisiones de política económica, y la justificación posterior, dejaron perplejos y huérfanos a sus propios electores. ¿Se acuerdan de la idea de que bajar impuestos era de izquierdas? España, tras las reformas fiscales emprendidas por gobiernos populares y socialistas en el período 2003-2008, se encuentra desarmada fiscalmente, lo cual es especialmente grave en el momento actual.

Desde el lado conservador la situación es igual de preocupante. Se encuentran totalmente desorientados, ya que su ideario económico, aunque sigan sin asumirlo, nos ha llevado a donde estamos ahora. La crisis actual ha invalidado las recetas thatcherianas y reaganianas, basadas en la primacía del mercado a cualquier precio, la flexibilidad de precios y salarios, la desregulación, el papel secundario del Estado, las bajadas masivas de impuestos, y una competencia feroz. Las consecuencias son bien conocidas: sobreendeudamiento, sobreproducción, crisis económica y empobrecimiento. Como anécdota, en Harvard la semana pasada hubo una rebelión en las aulas frente al ideario neoclásico dominante en el curso introductorio de economía, impartido por Greg Mankiw, antiguo economista jefe del grupo de asesores de George Bush, y hoy asesor económico del candidato republicano Mitt Romney.

En un contexto de ambigüedad calculada, de interrelaciones público-privadas poco claras, corruptas en muchos casos, cada día hay un mayor desapego por la política y los políticos. A las élites gobernantes, políticas y económicas, les entra auténtico pánico cuando tienen que consultar a sus ciudadanos sobre medidas económicas o políticas que van a tener consecuencias sobre su vida diaria. La reforma constitucional que en nuestra querida España ponía un límite al gasto público, consensuada por los dos grandes partidos políticos españoles, no fue sometida, de manera inexplicable, a referéndum. En realidad, lo que es más grave, ninguno de los dos partidos ha cuantificado las consecuencias de lo que aprobaron.

Necesario cambio de políticasEs necesario políticas y acciones encaminadas a cambiar la inercia en la que estamos inmersos. Pero para ello, previamente, se necesita un buen análisis de los hechos objetivos, es decir, de economía política.

Siempre he mostrado mi admiración profunda por Franklin Delano Roosvelt (FDR). Al iniciar la campaña electoral que le llevó a su segundo mandato, FDR ofreció en el viejo Madison Square Garden un discurso vibrante, donde hizo una descripción del gobierno del dinero organizado, que adjunto y recomiendo leer de principio a fin. Simplemente incorporo aquella parte del mismo donde FDR aludió al odio que suscitaba:

“Durante casi cuatro años ustedes han tenido un gobierno que en lugar de entretenerse con tonterías, se arremangó. Vamos a seguir con las mangas levantadas. Tuvimos que luchar contra los viejos enemigos de la paz: los monopolios empresariales y financieros, la especulación, la banca insensible, los antagonismos de clase, el sectarismo, los intereses bélicos. Habían comenzado a considerar al gobierno como un mero apéndice de sus propios negocios. Ahora sabemos que un gobierno del dinero organizado es tan peligroso como un gobierno de la mafia organizada. Nunca antes en nuestra historia esas fuerzas han estado tan unidas contra un candidato como lo están hoy. Me odian de manera unánime, y yo doy la bienvenida a su odio. Me gustaría que mi primer gobierno fuera recordado por la batalla que libraron el egoísmo y la ambición de poder. Y me gustaría que se dijera que durante mi segunda presidencia esas fuerzas se encontraron con la horma de su zapato”.

En las elecciones de noviembre de 1936, que le llevaron a su segundo mandato, Roosevelt literalmente barrió. Se impuso en 46 estados y sólo fue derrotado por los republicanos en Vermont y Maine. Obtuvo 27,7 millones de votos, y 543 electores, contra 16,7 millones de votos y ocho electores del candidato republicano Alfred Landon. Volvió a ser reelegido en 1940 y 1944 y murió en abril de 1945, cuando recién comenzaba su cuarto mandato. A raíz de esta abrumadora hegemonía de Roosevelt, se aprobó la 22ª enmienda a la Constitución, por la que ninguna persona podría ser elegida para la presidencia más de dos veces.

FDR ante todo cambió las dinámicas económicas y sociales que produjeron la Gran Depresión. En el momento actual, necesitamos, en definitiva, menos política económica y más economía política. Debemos estudiar y entender las tendencias económicas y sociales actuales para poder cambiarlas en beneficio de la sociedad.


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