Desde la heterodoxia

¿Crisis?, ¿qué crisis?

Pues nada, que nos olvidemos, nuestra querida España está que lo tira, no tenemos ningún problema, todo solucionado, la gente está “requetebién”. Pero, ¿qué digo?, mucho más, está “requetefeliz”. ¿Crisis?, ¿qué crisis? ¡La crisis se acabó! Entonces, ¿a qué vienen organizaciones como Caritas, UNICEF, Save the Children, o Intermon Oxfam a aguar la fiesta? Pero, ¡qué poco patriotas!, ¡qué poca caridad cristiana! La gente necesita oír felicidad, alegría.

¡Qué caradura!, ¡cuánta mentira! La crisis económica no se ha acabado. En 2013 el crecimiento económico cayó más de un 2%, y ahora estamos entrando en la Segunda Fase de la Gran Recesión(2014-2016). Pero además a la actual crisis económica sistémica se le une una profunda crisis social, política, moral. Pero les da igual, prefieren seguir a pies y puntillas la tristemente célebre frase de Joseph Goebbels, miente, miente que algo quedará”.

De nuevo tiene que ser la sociedad civil, ante el despropósito de unas élites extractivas cada día más desconcertadas, quien “ponga negro sobre blanco”. Lo último, el informe deUNICEFLa infancia en España 2014. El valor social de los niños: hacia un Pacto de Estado por la Infancia.

La verdadera realidad

Los datos, no por conocidos, no dejan de provocar estupor, cabreo, hartazgo. Según dicho informe, un total de 2.306.000 niños viven en España bajo el umbral de la pobreza, el 27,5%, y, además, los hogares con hijos son significativamente más pobres que los demás, con lo que las desigualdades causadas por la crisis económica, y espoleadas por una política económica injusta e ineficiente, son más evidentes en el caso de la población infantil.

Desde 2010, tras aquella fatídica y maldita fecha del 10 de mayo, el gasto para la protección de la infanciaha caído más de un 14%, mientras la deuda pública se ha incrementado en más de 500.000 millones. Concretamente, la dotación presupuestaria destinada a la infancia desde 2007 ha caído un 6,8%, y un 14,6% desde 2010 hasta 2013. Claro, había que financiar a bancos quebrados, oligopolios varios, y, por supuesto a acreedores que no midieron bien el riesgo. ¡Qué envidia observar países como Dinamarca, Austria, Islandia, donde el saneamiento bancario se hace a costa de gerencia y acreedores!

El descenso es aún mayor en la inversión individual por niño al reducirse un 11,7% y un 15,3% respecto a 2007 y 2010, respectivamente, según las estimaciones realizadas por la propia UNICEF. Si se tiene en cuenta la inversión pública en políticas de protección social de la infancia y la familia, España está muy lejos de la media de la Unión Europea con un 1,4% del PIB frente al 2,2% de la UE.

Pero he ahí al inefable de nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, con ese verbo suelto que le caracteriza, afeando a aquellos que osamos no solo afirmar que no existe tal recuperación sino que estamos al inicio de la segunda fase de la Gran Recesión. Después de desplumar a la ciudadanía vía recortes salariales, aumentos de impuestos –hilarante la reforma fiscal propuesta-, copagos, destrozos servicios básicos varios -educación y sanidad-, desahucios a miles de familias, después de todo eso, encima nos aburren con su foto distorsionada de la dura realidad.

Pero lo peor es que, en plena verborrea, no se callan. ¿Qué es eso de destinar dinero público de ayuda a la infancia? ¡Que no nos enteramos! Eso es de la Edad Media. ¡Que el dinero público está para rescatar a la “superclase”!Eso sí que es económicamente eficiente. ¿Y las familias? ¡Que apechuguen!

Cambio radical

El destrozo provocado por la “superclase” en nuestro país no tiene paragón en nuestro entorno europeo: democracia de muy baja calidad, sistema de acceso restringido, dominado por los privilegios y la corrupción... Ni siquiera la educación permite al hijo nacido en una barriada marginada, en una familia que bastante tiene con llegar a fin de mes, mejorar sus expectativas de vida. Ya se encargaron los gobiernos alternantes de PSOE y PP de destrozar la enseñanza pública, única herramienta y esperanza para aquellos nacidos al otro lado de la barrera. No hay ningún protocolo de exigencia, refuerzo y apoyo a estos niños. Están condenados desde su nacimiento.

La realidad de nuestra infancia va a ser todavía peor de lo que lo pinta el informe de UNICEF. Solo hay alternativa, cambiar radicalmente el actual estado de descomposición. ¡Que la ciudadanía, de una vez por todas, envíe a su casa a todos aquellos que han contribuido a la actual descomposición moral, política y social de nuestro país! Hoy más que nunca son necesarias todas aquellas transformaciones que nos devuelvan la dignidad.

Es condición sine qua non acabar con todos aquellos grupos de poder que no han hecho otra cosa que intervenir el mercado por medio de lobbies,comprando voluntades políticas, para subsidiar a determinados crepúsculos con dinero estatal. Esos mismos grupos, puestos a exigir, piden que el Gobierno no interfiera para proteger al ciudadano en situaciones límites como la actual. Corrompen el Gobierno y luego piden un gobierno pequeño. Por cierto, le recomiendo a Cristóbal Montoro que se sosiegue y escuche el disco de Supertramp “Crisis?, What Crisis?”


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