Desde la heterodoxia

Consenso, sí, a costa de banqueros y acreedores

El gobierno de Rajoy, tras cinco meses en el poder, ha puesto de manifiesto que carece de una hoja de ruta para hacer frente a la actual crisis económica. Como consecuencia de un diagnóstico erróneo sobre las razones que han provocado la actual crisis económica, las recetas ofrecidas por el actual ejecutivo no hacen sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país.

Después de comprobar que la confianza no sólo no llegaba, sino que huía despavorida, ciertas élites políticas, financieras, y mediáticas han empezado a ponerse nerviosas. Diversas voces reclaman un consenso generalizado político y social para sacar a España de la actual pesadilla, similar a los Pactos de la Moncloa. La pregunta es por qué y para qué.

Sin un diagnóstico adecuado, que conlleve un cambio radical en las propuestas económicas ofrecidas por los ejecutivos actual y anterior, el consenso no tiene ningún sentido, y los ciudadanos deberíamos rechazarlo. Al final los efectos de medidas de política económica deberían recaer en aquellos que nos han llevado a un callejón sin salida, los banqueros patrios y los acreedores que asumieron riesgos excesivos.

A perro flaco todo son pulgas

Hay algo que está pasando desapercibido para la mayoría de analistas y economistas de postín de nuestro país, y que va a complicar de manera notoria la situación de nuestra economía. Estados Unidos va a entrar en recesión en el segundo semestre de este año, y por ende la economía global. En las últimas semanas todos los mercados financieros de riesgo están cayendo (las bolsas occidentales y emergentes, las materias primas, mercados de crédito…) y no se debe ni a Grecia, ni a España, ni a nada que se le parezca

Durante casi dos años, las intervenciones masivas de los bancos centrales han permitido en varias ocasiones que Estados Unidos, y, por ende, la economía global, bordeara la recesión económica sin entrar en ella. Sin embargo, los fundamentos económicos son muy débiles, y Occidente, salvo Alemania y Japón, se encuentra sumido en una profunda crisis de deuda privada, que no podrá pagar. El coste de estas intervenciones monetarias ha sido muy elevado: se ha formado la mayor burbuja de la historia, el “carry trade” del dólar, que ya ha empezado a deshacerse. Por lo tanto, es hora de actuar, plantear un diagnóstico diferente y realista de nuestra economía, y a continuación ofrecer las recetas.

Primero, el diagnóstico.

España presenta una brutal crisis de deuda privada. La deuda de las familias, empresas, y entidades financieras supera el 320% del PIB, y el precio del colateral que soportaba la mayor parte de la misma se ha desplomando. La banca española, que de manera irresponsable concedió dicha deuda, es insolvente.

Como consecuencia los sectores privados están en una profunda recesión económica. Las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro, las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes.

Como señala Richard Koo, economista jefe de Nomura, España se encuentra, junto a Reino Unido y Estados Unidos, al comienzo de una recesión de balances. Cuando colapsan los precios de los activos que alimentaron una burbuja, el sector privado presenta un exceso de pasivos y se ve forzado a reducir la deuda. En este contexto la política monetaria es ineficiente y la política fiscal se convierte en la única herramienta para mantener la demanda.

En un país como España, con una desastrosa política impositiva, donde sólo pagan impuestos las clases medias, la recesión de balances hunde los ingresos fiscales aumenta el déficit público e incrementa la deuda del Estado. La relación causa-efecto es del sector privado al público, y no al revés.

Segundo, las propuestas

El problema más grave de la economía española, como venimos advirtiendo insistentemente en este blog es la insolvencia de nuestro sistema bancario. Asúmanlo ya, porque el mercado nos ataca por este flanco. Frente a las chapuzas y el papel mojado en que se han convertido las reformas del sector financiero tanto del actual gobierno, ya van dos en tres meses, como del anterior ejecutivo, con los despropósitos de fusiones frías, los préstamos cocos y demás alquimias, hay que ser radical.

La banca se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Resulta imprescindible detener esta sangría de fondos hacía un sistema financiero que no cumple el papel social que tiene asignado. Es más necesario que nunca, a través de un banco malo, que la gerencia, los propietarios y los acreedores paguen los platos rotos. Y después de ello, si hace falta, que el Estado entre como accionista. Olvídense de acudir al fondo de rescate europeo, eso sería lo último, después de sanear.

El gobierno a la vez que sanea el sistema financiero podría reducir el valor facial de ciertas hipotecas a un nivel que los propietarios de casas pudieran permitírselo, evitando ejecuciones masivas de las mismas. Como señala Willem Buiter, economista jefe de Citi y padre intelectual del rescate islandés, “Los crecimientos económicos muy bajos o negativos junto a una tasa de paro creciente serán la norma en la Unión Europea, Reino Unido, o Estados Unidos, al no ser que se implementen procedimientos al margen de los mercados, mediante una reestructuración de la deuda soberana, bancaria, y de las familias”.

La política monetaria en recesión de balances es inefectiva, al estar en la trampa de la liquidez. Por lo tanto, señor Rajoy y señores del consenso, aumenten el gasto social y promuevan, junto al gobierno de Hollande y otros, un programa paneuropeo para el crecimiento y empleo mediante la creación de un fondo de inversión y reconstrucción, que no se alimente de un endeudamiento adicional del Estado, sino a través de una reprogramación de los fondos existentes, del fortalecimiento del Banco Europeo de Inversiones (BEI), de préstamos para proyectos y, por último, pero no por eso menos importante, de un impuesto a las transacciones financieras.

Por cierto, señor Rajoy pídales a las 35 grandes empresas de este país que menos vender la marca España y más pagar en el impuesto de sociedades. Frente a Siemens, Nokia, Procter and Gamble, Apple o GM, aquí las grandes empresas además de utilizar paraísos fiscales apenas pagan un 10% 15% de tipo efectivo en el impuesto de sociedades.

Si de su diagnóstico y propuestas se deriva que el ajuste debe recaer sobre los banqueros patrios y los acreedores, cuenten conmigo para el consenso, en caso contarios olvídense de mí.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba