Desde la heterodoxia

Club de Pekin: Occidente reducirá su deuda mediante quitas

El problema de occidente es una brutal acumulación de deuda, especialmente privada que no va a poder pagar. Como señalaba el historiador Nial Fergusson en un artículo en el FT: “... la crisis fiscal del oeste se ha iniciado en Grecia, la cuna de la civilización occidental. Pronto podría cruzar el canal a Gran Bretaña. Pero la pregunta clave es cuando la crisis podría llegar al último bastión del poder occidental, al otro lado del Atlántico”.

Si existe un cierto consenso entre aquellos economistas que predijeron la crisis, véase Willem Buiter, Nouriel Roubini, Frank Biancheri, o el propio Niall Fergusson ¿por qué hasta ahora nose ha atacado el origen de la crisis económica: el brutal sobreendeudamiento privado promovido por una riqueza ficticia?

Me gustaría obviar el resto de análisis económicos, la inmensa mayoría, que ni predijeron, ni entendieron la intensidad y gravedad de la actual dinámica económica en la que estamos inmersos. Sin embargo, tristemente, corresponden a la ortodoxia económica que nos asfixia con sus recetas.

La ortodoxia nos lleva al abismo

Desde la ortodoxia económica se ha propuesto una combinación de políticas económicas cuyos efectos están siendo letales para la salud de la mayoría de los ciudadanos.

En primer lugar se están implementando duros ajustes fiscales, y da igual que los últimos estudios de un organismo tan poco sospechoso como el FMI alerten sobre sus nefastas consecuencias.

En segundo lugar, con el fin de mantener a las actuales élites financieras, económicas y políticas, se está desarrollando una brutal expansión monetaria por parte de los Bancos Centrales, cuando ya estamos inmersos en la trampa de la liquidez.

Para rematar el mix de política económica se exige un ajuste salarial a los ciudadanos. Sin embargo, la austeridad que reclaman las élites para mantener sus privilegios, después de un colapso financiero sobre la base de desequilibrios fraudulentos no funciona y casi siempre conduce al desorden civil.

El ingrediente más importante para una recuperación económica sostenida es la reforma de los abusos que permitieron una burbuja espectacular, una mala asignación del capital productivo y los efectos negativos de los monopolios y los fraudes financieros en la economía real.

El rescate bancario de Franklin Delano Roosvelt y el sueco de 1992

Hasta ahora en ninguna de las medidas económicas propuestas se ha buscado mecanismos de reducción de la deuda de los agentes económicos, estableciendo procedimientos de recuperación de dicha quita en el caso de que aumentara el valor de los activos. Las familias y las empresas tienen mucha deuda, mientras el precio de sus activos se está desplomando.

Propuestas en esta línea ya las plantearon en su momento inversores tan reputados y nada sospechosos como John Hussman, responsable de Hussman Funds, o Jeremy Grantham cofundador y estratega jefe de la gestora GMO (recomiendo encarecidamente su último investment letter sobre las deficiencias del capitalismo) que gestiona en el momento actual más de 100.000 millones de dólares.

El gobierno podría, a la vez que iba recapitalizando a los bancos, y/o comprándoles activos tóxicos, o avalando la compra o financiación de dichos activos, inducirles a reducir el valor facial de las hipotecas a un nivel que los propietarios de casas pudieran permitírselo, evitando ejecuciones masivas de las mismas, lo que implicará reducir la deuda de las familias.

Los mecanismos de reducción de la deuda, es decir, la limpieza de balances, y de reordenación del sistema financiero que propusimos ya se implementaron con éxito en el pasado. Se trataría de una mezcla del rescate bancario de Franklin Delano Roosvelt en la Gran Depresión, y el rescate del sistema financiero sueco de 1992.

Concretamente en blogs anteriores ya detallamos nuestra propuesta de crear un Banco Malo donde pagaran acreedores, como en Suecia, pero que a la vez permitiera una reducción de la deuda de los agentes endeudados, como el rescate de la Gran Depresión.

Club de Pekin

Desde gran parte de la ortodoxia se criticaron estas propuestas porque se decía que no se podían implementar de manera aislada. La respuesta fue clara, creemos un “Club de Pekín”, similar al Club de Paris instaurado en 1956 para llegar a acuerdos de quita y demora en la deuda que los entonces países subdesarrollados tenían con los otrora desarrollados. El nombre de “Club de Pekín” se asocia al hecho de que China es el principal acreedor del mundo.

La enorme deuda privada, en gran medida del propio sistema financiero, en la mayor parte de los países desarrollados es lo que lastra su capacidad de recuperación económica, de generación de empleo y de garantía de su estado del bienestar.

Por eso la solución menos costosa en términos sociales para los países desarrollados altamente endeudados, y con el fin de evitar que el conflicto social dinamite sus perspectivas de recuperación futura, es la constitución de dicho “Club de Pekín”. Éste debería acordar una reducción global de la deuda, que es fundamentalmente privada, ya que es impagable a escala global, y consecuentemente una reducción del sector financiero privado mundial. Además, debería promover el desarrollo de eficaces instituciones financieras públicas y democráticas de ámbito global y una nueva política monetaria con una nueva moneda reserva diferente al dólar.


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