Desde la heterodoxia

Buscando el paradigma perdido (II)

En nuestro blog anterior, Buscando el paradigma perdido (I), pusimos de manifiesto el fracaso de la ortodoxia económica. Carece de respuestas a los problemas económicos, sociales, energéticos, y medio ambientales actuales. Hay necesidad imperiosa de buscar una alternativa que contradiga los principales preceptos de la teoría neoclásica u ortodoxia dominante. El objetivo no es adoptar modelos neoclásicos ortodoxos con fundamentos criticables y añadirles algunos supuestos cargados de realismo. Es necesario presentar una alternativa que contradiga abiertamente los principales preceptos de la teoría neoclásica.

Entre los economistas heterodoxos existen una variedad de corrientes. Se encuentran los economistas institucionalistas, los regulacionistas, los sraffianos, los behavioristas –véase último Nobel de economía Robert Shiller-, los schumpeterianos, los marxistas, y otros. Pero por encima de todos ellos emerge claramente, como única alternativa real a la ortodoxia actual, la escuela postkeynesiana.

La mayoría de los pocos economistas académicos que anticiparon la actual crisis sistémica se encuadran dentro de los postkeynesianos modernos. Para anticipar, entender y tratar la actual crisis económica sistémica, era necesario conocer la Hipótesis de Inestabilidad Financiera deHyman Minsky; al papel de la deuda privada y de los bancos en la Teoría Monetaria Endógena de Steve Keen; o al análisis de la economía monetaria con sus Modelos de Stock-Flujode Wynne Godley y Marc Lavoie. Todos ellos son economistas postkeynesiasnos. Se inspiran en los trabajos y métodos de quienes se codeaban con Keynes (Roy Harrod o Joan Robinson), y de aquellos que contribuyeron a la creación de la escuela de Cambridge (Nicholas Kaldor, Michal Kalecki, y Piero Sraffa).

Conceptos esenciales de una escuela de pensamiento

La confrontación de la Teoría Neoclásica y las Escuelas Heterodoxas requiere analizar lo que Leijonhufvud llamaba los presupuestos o conceptos esenciales de una escuela de pensamiento que no pueden ser formalizados y que son previos a la constitución de hipótesis y teorías. Existen varios pares de presupuestos que diferencian las escuelas heterodoxas de la teoría neoclásica. Veamos los más importantes.

1.- Realismo frente a Instrumentalismo

La epistemología dominante en la economía ortodoxa o neoclásica es el instrumentalismo: una hipótesis es pertinente con tal de que permita hacer predicciones o calcular las coordenadas de un nuevo equilibrio. El realismo de los postulados no tiene importancia. “Las Teorías no son más que una herramienta, no pretenden revelar el verdadero funcionamiento de las economías” llego a afirmar el inefable Milton Friedman.

Los heterodoxos, por el contrario, atribuyen gran importancia al realismo de las hipótesis: se debe partir de la realidad, con sus principales hechos estilizados, y no de una situación hipotética ideal.

2.- Holismo frente a individualismo metodológico

La teoría ortodoxa o neoclásica parte en su análisis del individuo o agente económico. La macroeconomía dominante utiliza bases microeconómicas fundadas en un agente representativo, a la vez consumidor y productor, que maximiza una determinada función con determinadas restricciones. Las instituciones, como las empresas o bancos, no hacen nada más que enmascarar las preferencias de los individuos.

Las teorías heterodoxas consideran que el individuo es un ser social poderosamente influido por el entorno, las clases sociales, y la cultura que le ha impregnado. Las instituciones tienen vida propia y aportan estabilidad. Las relaciones de poder, asimetrías, y relaciones de fuerza se colocan en primer plano. Ello promueve el análisis de las conexiones entre sectores.

3.- Racionalidad razonable versus hiperracionalidad

La teoría neoclásica parte en su análisis de la racionalidad absoluta e irrazonable, de manera que los agentes disponen de una información y capacidades de cálculo casi ilimitadas. Se trata de una hiperracionalidad, como es el caso de las expectativas racionales de los nuevos clásicos y nuevos keynesianos. Detrás de la hipótesis de mercados eficientes, por ejemplo, está la hipótesis de expectativas racionales que afirma que los inversores en promedio valoran correctamente un activo financiero.

Las teorías heterodoxas suponen racionalidad “procedimental”, es decir, los agentes e instituciones tienen capacidades limitadas respecto a conseguir y manejar la información, de manera que la información no es que sólo sea imperfecta, sino que es a veces insuficiente y obliga a postergar la toma de decisiones.

4.- Intervención estatal frente a libre mercado

La mayoría de los economistas neoclásicos tienen un prejuicio favorable con respecto a los mecanismos de mercado, la libre empresa, y el “laissez-faire”. Si fuera posible eliminar las imperfecciones que entorpecen la libre competencia o la circulación de una información perfecta, la perfecta flexibilidad de precios permitiría llegar al mejor de los mundos. El Estado es percibido como una fuente de ineficiencias: si bien la intervención del Estado puede a veces ser necesaria a corto plazo, a largo plazo preconizan un mínimo de intervención o de legislación reguladora.

La heterodoxia, por el contrario, pone en cuestión a la vez la eficacia y la equidad de los mecanismos de mercado. Los mercados no pueden ser abandonados a su suerte, no pueden autorregularse. El mercado, y muy especialmente el sistema financiero debe ser vigilado y supervisado por el Estado, al igual que debe ser protegida por el Estado la propiedad privada base del sistema capitalista. La competencia pura, favorable para todos, no es más que una situación transitoria que lleva a la constitución de monopolios u oligopolios. Por lo tanto, el Estado tiene que intervenir y tomar posiciones en la arena privada para evitar que la economía se vea abocada a una inestabilidad demasiado grande y a un enorme despilfarro de recursos.

Una vez puesto de manifiesto las diferencias en los principios esenciales de la ortodoxia respecto a la heterodoxia ya estamos en disposición de presentar las características esenciales y peculiares de nuestra alternativa, la postkeynesiana.


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