OPINIÓN

Por qué Bernie Sanders hubiese ganado la elección presidencial

Estados Unidos dejó de ser la tierra de las oportunidades. Dentro del mundo desarrollado es la sociedad más desigual tanto en términos de ingreso como de riqueza.

El senador independiente Bernie Sanders.
El senador independiente Bernie Sanders. EFE

De nuevo la sorpresa, para algunos claro. Donald Trump se alzó finalmente con la presidencia de los Estados Unidos. No han sido las minorías raciales, ni siquiera los jóvenes la clave de esta victoria. La razón es otra, obvia por cierto, el hartazgo de la clase trabajadora con el Totalitarismo Invertido, en un momento donde la desigualdad en los Estados Unidos, como en gran parte de las democracias occidentales, está a punto de superar los niveles récord de 1929 –véase este artículo reciente de Saez y Zucman–. Y Hillary Clinton era una pieza básica del mismo, de un establishment económico y de todo un aparato mediático al servicio de las élites financieras y del complejo militar.

Bernie era peligroso, más aún que Trump, para un Totalitarismo Invertido que se ha mostrado incapaz de anticipar cuando debería haber aflojado la soga que había colocado sobre el cuello de la ciudadanía

En un blog de septiembre de este año, “Por qué Hillary Clinton perderá la elección presidencial”, lo anticipábamos. Han sido Estados industriales –Michigan, Ohio, Pensilvania-, tradicionalmente demócratas, los que han dado la victoria final a Donald Trump. En el referéndum de Reino Unido pasó lo mismo, la clave de la victoria del Brexit fue la zona industrial del norte de Inglaterra. Otro “gallo hubiera cantado” si el nominado desde el lado demócrata hubiese sido Bernie Sanders. Pero al final no pudo ser. El aparato del partido demócrata y el conglomerado mediático, unido a ciertas dudas sobre la limpieza de las primarias, acabó apuntalando a Hilary Clinton. Bernie era peligroso, más aún que Trump, para un Totalitarismo Invertido que se ha mostrado incapaz de anticipar cuando debería haber aflojado la soga que había colocado sobre el cuello de la ciudadanía. Y ahora recoge sus frutos.

Quién estaba detrás de Hillary

Los grupos económicos más importantes de los Estados Unidos, y muy especialmente el lobby del conglomerado militar y, sobretodo, el lobby financiero apoyaban a Hillary Clinton. De esto no hemos leído nada en la prensa patria, pero es de dominio público. Obviamente todos estos grupos de poder maniobraron contra Bernie Sanders, por su propuesta económica, y después contra Donald Trump, porque no estaba sujeto a su control. Sirva un botón de muestra. Robert Scheer en su libro “The Great American Stickup” señala, y cito textualmente, “los Clinton, junto con un grupo nutrido de congresistas republicanos y demócratas obedientes, pusieron un enorme cartel de “se vende”, no sólo en el dormitorio Lincoln, sino en el resto de la Casa Blanca y el Capitolio, y de hecho, en el estado del bienestar de los estadounidenses. Era en realidad un esfuerzo bipartidista para anular las protecciones establecidas por Frank Delano Roosevelt en los días más oscuros de la Gran Depresión”.

El Totalitarismo Invertido, mediante la conversión de los medios de comunicación en propaganda, y el papel insignificante que la gente común, “Nosotros, el pueblo”, desempeña en el gobierno federal parecería suficiente para satisfacer la lujuria de poder de la élite. Pero siempre quieren más. Ansían ampliar el actual statu-quo, donde las empresas registran ganancias récord a costa de los trabajadores; la evasión fiscal, legal e ilegal, se extiende; y se destinan miles de millones de dólares de los contribuyentes a subsidiar negocios privados, mientras se incrementa la pobreza de millones de estadounidenses.

Sanders hubiese ganado a Trump

Estados Unidos dejó de ser la tierra de las oportunidades. Dentro del mundo desarrollado es la sociedad más desigual tanto en términos de ingreso como de riqueza. Pero además es, paradójicamente, uno de los países donde menos esperanzas de movilidad hay entre los distintos grupos poblacionales, especialmente para el quintil más pobre. Ninguna de estas situaciones se daba en los Estados Unidos hace 40 años.

Bernie Sanders era el candidato ideal del Partido Demócrata estadounidense, al igual que Jeremy Corbyn en el Partido Laborista británico

Al analizar la evolución en términos reales del salario hora se observa como el progreso de la clase media durante los últimos 40 años ha sido nulo o escaso. En este contexto, tal como ocurre en España, la deuda se convirtió en el instrumento utilizado por las familias para intentar hacer mejoras modestas en su estilo de vida. Hartos ya de tanta desigualdad, se empezaban a detectar las primeras grietas en un sistema económico que tal y como está diseñado ya no da más de sí. Por eso Bernie Sanders era el candidato ideal del Partido Demócrata estadounidense, al igual que Jeremy Corbyn en el Partido Laborista británico. Pero la soberbia de las élites dirigentes –políticas y económicas- y de sus voceros mediáticos no alcanza límites e impusieron a Hillary Clinton –parto de un hecho, hubo fraude en las primarias demócratas-. Pero lo que no contaban era con un candidato republicano situado fuera del establishment y de su control. Y ahí estuvo la clave.

En un estudio de 2012, Dan Ariely, profesor de Psicología y Economía del Comportamiento de la Universidad de Duke, presentó algunos datos especialmente fáciles de usar y entender sobre el tema de la desigualdad de ingresos. El título del artículo lo dice todo: “Americans want to live in a much more equal country (they just don’t realize it)”, algo así como "Los estadounidenses quieren vivir en un país mucho más igualitario (simplemente no se dan cuenta de ello)". Se trata de una encuesta a más de 5.000 estadounidenses, cuidadosamente seleccionados para ser una representación equilibrada de la población. En primer lugar se les preguntó cómo de igual creían que debería ser una sociedad en términos de renta y riqueza, y luego se les preguntó cómo de igual creían ellos que era en la vida real.

La verdadera sorpresa del estudio es que la distribución real de la riqueza es mucho peor de lo que los propios encuestados creían y muchísimo peor de lo que ellos mismos creen que es justo

La encuesta ofrecía resultados muy curiosos. En realidad la autoidentificación como republicano o demócrata, de cara a las respuestas, apenas reflejaban diferencias. La verdadera sorpresa del estudio es que la distribución real de la riqueza es mucho peor de lo que los propios encuestados creían y muchísimo peor de lo que ellos mismos creen que es justo. De hecho, cuando se le presentaba la opción entre la distribución real de la riqueza en los Estados Unidos (aunque deliberadamente se presentaba como puramente teórica) y un modelo idealizado más justo como el de Suecia, más del 90% de los republicanos y los demócratas prefieren el modelo sueco. Es un buen ejemplo de cómo el sistema político de confrontación entre los dos partidos grandes, igual que en España, se ha desviado de lo que piensan sus votantes de lo que en realidad es justo. Por eso, repito, Bernard Sanders hubiese ganado las presidenciales, por que hubiese retenido para los demócratas los estados de Ohio, Michigan, Pensilvania y, probablemente Florida.


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