OPINIÓN

Banco Popular, ¿otro rescate con dinero público?

Los grandes bancos no querrán o podrán absorber al Banco Popular salvo que cuenten con un aval del Estado a la espera de ver lo que hay en el activo.

Banco Popular, ¿otro rescate con dinero público?
Banco Popular, ¿otro rescate con dinero público? Luca Piergiovanni

La situación del banco Popular, no por esperada, no deja de sorprender. Es la enésima réplica de un diseño erróneo en el rescate del sistema bancario patrio, y, por lo general, europeo y global. Además, se rompe un tabú muy extendido en los voceros mediáticos patrios. La mala gestión bancaria, la ausencia de control de riesgos, la avaricia en la generación de una burbuja y su posterior pinchazo afectaron a la práctica totalidad del sistema bancario español, cajas de ahorro y bancos. Todo lo sucedido es un ejemplo de ineficiencia y capitalismo de “amiguetes”. Lo peor es que al final, mucho me temo, el Banco Popular acabará siendo rescatado a través de garantías o avales del Estado, o con dinero público.

Lo ocurrido con el Banco Popular es un ejemplo de crisis o pánico bancario

Lo ocurrido con el Banco Popular es un ejemplo de crisis o pánico bancario. La fragilidad de los bancos se deriva de un doble hecho. Por un lado, proporcionan liquidez a los depositantes; por otro, prometen satisfacer las solicitudes de retiro de los depositantes según el orden de llegada. Ningún banco es inmune a la pérdida de confianza de los depositantes sólo porque sea rentable y sólido en un momento determinado. Y cuando la salida de depósitos es muy importante solo quedan dos opciones, o la quiebra y su nacionalización, o una venta de emergencia a otra entidad con los avales y garantías correspondientes del Estado.

Volvamos al principio

Pero volvamos al principio. El origen de la crisis sistémica fue el endeudamiento insostenible, privado, de la economía española. Como consecuencia, cuando el colateral que alimentaba esa deuda, especialmente activos inmobiliarios, se hundió, los distintos sectores se vieron forzados a reducir su deuda y entramos en recesión. En ese escenario, los activos tóxicos lo eran no por un problema de liquidez o de no entender lo que valían, sino por que valían, y valen, mucho menos de lo que dicen los bancos en su balance. Los bancos no querían asumir semejantes pérdidas a costa de gerencia y acreedores -incluida la deuda sénior-, y forzaron a que les subsidiara el contribuyente.

En España, las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas

Existen dos modelos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. En el modelo sueco las pérdidas se reconocen hoy; en el japonés, se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas. España, como la práctica totalidad de países, desde 2008 optó por el modelo japonés: las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Ello, obviamente, es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios. Véase, como ejemplo, el “carry” que se llevaron los bancos españoles pidiendo financiación al Banco Central Europeo y comprando deuda soberana. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito. Simplemente se estaba ganando tiempo a la espera de que el crecimiento económico y los márgenes bancarios se recuperaran. Pero ello no llega.

Es en este contexto donde hay que dejar claro que la crisis bancaria no solo fue un problema de las cajas de ahorro, en absoluto. Existe evidencia empírica que muestra como las condiciones ex-ante de las cajas de ahorro eran las mismas que aquellos bancos aparentemente menos expuestos a la crisis. El problema fue ex-post, las dificultades de recapitalización de las primeras frente a los segundos. Y allí es donde fallaron las autoridades económicas y monetarias. ¡Con lo fácil que hubiese sido replicar el rescate sueco de 1992! Banco malo a costa de accionistas y bonistas, garantía de depósitos y nacionalización de la banca quebrada. “¡So easy, so simple!”.

¿Por qué no se hizo lo correcto?

Pero no se hizo lo correcto. El diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero estuvo sometido a la presión de los propios banqueros patrios y a la vanidad de los políticos de turno. La propia banca que fue incapaz de ver lo obvio, la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, esa misma banca que no quería hoy hablar de controles ex ante del crédito. Los políticos de turno vivían muy bien bajo la ola de la burbuja e hicieron oídos sordos a ciertas llamadas a la prudencia. Voces que simplemente pretendían ir desinflando paulatinamente la misma, aunque fuera a costa de un crecimiento menor, pero más saludable. Pero no cuajaron. ¡Que corra la juerga y que le estallé al siguiente!, bramaban a escondidas.

La banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes-empresas a las que se les cerró el crédito

En definitiva, la banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes-empresas a las que se les cerró el crédito, para regalarlas después a la competencia. Ello ha acabado generando además un aspecto adicional muy sutil y peligroso, que apenas se comenta, y donde el regulador ha sido parte del problema, espoleado por la propia patronal bancaria: la búsqueda de “campeones nacionales”, con el consiguiente subsidio a la banca sistémica. Pero mucho me temo que ahora esos campeones nacionales no querrán o podrán absorber al Banco Popular salvo que cuenten con un aval del Estado a la espera de ver lo que hay en el activo. La alternativa, nacionalizarla, esperemos que previamente a costa de gerencia y bonistas senior. Veremos.


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