Desde la heterodoxia

Auditemos de verdad a la banca

En plena intensificación de la actual crisis económica sistémica, durante las dos últimas semanas, hemos asistido, entre una mezcla de ira e impotencia, a los últimos desarrollos de nuestro sistema bancario. Tras las lamentables declaraciones de Goirigolzarri, el descalabro de la acciones de  Bankia y la indignación de los preferentistas, lo único que queda claro es que nuestra banca deambula como un zombi, sigue teniendo mucha porquería en sus activos, necesita más capital, y, obviamente, el crédito al sector privado no solo no se le espera sino que en términos interanuales alcanza nuevos mínimos históricos.

Después de varios rescates, incluido el esperpento del banco malo SAREB, todos ellos a costa de los contribuyentes y pequeños acreedores patrios (preferentistas y poseedores de deuda subordinada), la banca sigue necesitando más capital, presenta un problema de solvencia, y se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Desde este blog estamos hartos de predicar en el desierto, de exigir que se detenga esta sangría de fondos hacia un sistema financiero que no cumple el papel social que tiene asignado.

Declaraciones de Goirigolzarri y socialización de pérdidas

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, en declaraciones a El País, aseguró que la inyección de capital a los bancos se ha realizado para salvar a los depositantes y no a los accionistas ni a los banqueros. Estas palabras, con la que está cayendo, en el mejor de los casos constituyen un insulto a la ciudadanía.

Entre los experimentos con gaseosa del FROB, con sus esquemas de protección de activos e inyección directa de capital, y la necedad del banco malo Sareb, llevamos tirados a la basura más de 100.000 millones de euros, a los que habría que añadir el saldo vivo de los avales prestados a la banca, alrededor de 118.000 millones en marzo de 2013, último dato disponible.

Los rescates de nuestro sistema financierosuponen una socialización en toda regla de las multimillonarias pérdidas privadas provocadas por una élite financiera y política que, aún hoy, sin ningún tipo de rubor, sigue exigiendo sangre, sudor y lágrimas al resto de los ciudadanos. Además, no valdrá para nada. La cuantía necesaria, según cálculos que presentamos en 2012, rondará finalmente los 300.000 millones de euros frente a los más de 100.000 millones ya succionados por ese pozo sin fondo en que se han convertido nuestras entidades crediticias.

El problema no es sólo inmobiliario, la crisis sistémica ha acabado contaminando al resto de la economía española, y de qué manera. La mora alcanza cifras muy superiores al 15% del total de préstamos de la banca. ¿Qué hacemos con los préstamos concedidos a grandes empresas inmobiliarias, de servicios, de medios de comunicación, y un largo etcétera, cuya actividad está cayendo en picado?

Solvencia e inspectores del Banco de España

Es un hecho que los bancos pueden pedir prestado a casi al cero por ciento de interés al banco central. A pesar de ello son incapaces de compensar el daño y el brutal deterioro de sus activos. Los bancos han conseguido cantidades de liquidez sin precedentes para recapitalizarse a sí mismos, pero el negocio principal de los bancos, la creación de crédito, no está creciendo. El crédito al sector privado, empresas y familias, en nuestro país, registró en marzo de 2013 una contracción interanual del 5,7%, récord histórico. Mientras el crédito a las administraciones públicas continuaba creciendo a tasas próximas al 20%.

El sector bancario presenta problemas estructurales que no fueron resueltos tras el inicio de la crisis en 2008, donde los bancos centrales pusieron sobre la mesa una liquidez sin precedentes. El problema era otro, la insolvencia de un sector sobredimensionado y excesivamente apalancado, demasiada deuda en el sistema. Y tristemente, hasta ahora, no se hecho la auténtica reforma estructural que se tenía que haber implementado: la reestructuración del sistema bancario en su totalidad.

Existen, como ya detallamos en un blog anterior, dos modelos básicos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria, como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. El modelo sueco, donde las pérdidas se reconocen hoy, o el japonés, bajo el cual éstas se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas.

España desde 2008 optó por el modelo japonés, de manera que las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero sólo se reconocen conforme los bancos generan capital para absorberlas. Ello es bueno para los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación, y se persuade además el diseño de políticas para incrementar los beneficios bancarios. Sin embargo, es nefasto para la economía ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios, y el acceso al crédito.

Bajo el modelo sueco, por el contrario,los bancos reconocen hoy las pérdidas derivadas de los excesos de endeudamiento en el sistema financiero, como el que hubo en nuestro país. De esta manera, cuando los bancos absorben las pérdidas por los excesos de deuda en el sistema, la carga del servicio de la misma se quita de la economía real. El capital que es necesario para el crecimiento, la reinversión, y el soporte del contrato social ya no se dirige al servicio de la deuda, y la economía real empieza a crecer.

Es más necesario que nunca que los españoles sepamos realmente la situación de nuestros bancos y cajas de ahorro. Los inspectores de Banco de España, los mismos que en 2006 avisaron a Jaime Caruana y a Pedro Solbes de la que se nos avecinaba, deberían hacer una auditoríasin injerencias políticas y financieras, para saber el grado de insolvencia real. Y una vez hecho, implementar el modelo sueco, a costa de la gerencia, accionistas y bonistas senior.

Por eso, Goirigolzarri y compañía, cállense ya, y entiendan que el ingrediente más importante para una recuperación económica sostenida es la reforma de los abusos que permitieron una burbuja espectacular, una mala asignación del capital productivo y los efectos negativos de los monopolios y los fraudes financieros en la economía real.


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