Desde la heterodoxia

Alí Babá y el BCE

Empieza a ser cansino, y hasta cierto punto hilarante, el análisis económico y las recetas que suelen ofrecer las autoridades monetarias europeas, bien sea el Banco Central Europeo (BCE), o el propio Banco de España, especialmente en boca del otrora gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordoñez. En el último boletín económico el BCE vuelve a la carga, y, entre sus recomendaciones para España afirma, sin despeinarse, que “hay que ajustar precios y salarios para incrementar la productividad, y este es el único camino a corto plazo para impulsar y recuperar la competitividad de la economía española”.

Este análisis además de reflejar una insensibilidad social preocupante, simplemente es mentira. Pone de manifiesto la arrogancia de una élite académico-burocrática que, por su formación neoclásica, ni predijo ni olió la actual crisis sistémica.

El BCE al servicio de las élites

Cada día que pasa queda meridianamente claro que el BCE, además de ser uno de los principales actores responsables de la presente situación, actúa al dictado de quienes nos condujeron a la actual crisis económica sistémica. Por un lado, con sus decisiones de política monetaria y sus propuestas económicas, defienden a una élite bancaria europea que conforme se extienda la recesión global en ciernes se demostrará totalmente insolvente. Y claro, debemos ser los ciudadanos quienes paguemos con sangre, sudor, y lágrimas, los excesos de quienes guiados por una avaricia desmedida han quebrado el sistema.

Por otro lado, tal como sucedió en el rescate bancario irlandés de 2010, o el español en ciernes, actúan bajo el dictado de unos acreedoresque asumieron unos riesgos excesivos, y se equivocaron. Ahora estos acreedores, con su brazo ejecutor, el BCE, quieren subyugar a los deudores con el peso de una deuda inasumible. En realidad, la única solución para remontar el vuelo pasa, como condición necesaria aunque no suficiente, por una restructuración coordinada de la deuda, que no se va a poder pagar.

La austeridad económica, a través de una política presupuestaria restrictiva y un ajuste salarial, se ha convertido en el instrumento utilizado por las élites para mantener sus privilegios. Son los ciudadanos quienes están pagando en última instancia los excesos de estas élites a través de recortes salariales, aumentos de impuestos, y un deterioro de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación. Como consecuencia se está produciendo una quiebra social de tal intensidad, que al final, y como consecuencia lógica, se trasladará a una profunda conflictividad. Se trata de una pura y dura lucha de clases.

La incompetencia del BCE

La práctica totalidad del análisis e investigación económica del BCE, y de los distintos bancos centrales que lo componen, se encuadra dentro del paradigma neoclásico. Por lo tanto, ni predijeron en su momento la actual crisis sistémica, ni entienden la naturaleza de la misma. Los economistas convencionales, entre ellos los del BCE, ignoraron el papel de la deuda privada en la crisis, por ello no la vieron venir. Pero es que además llevan muchos años actuando como bomberos pirómanos.

Son uno de los principales responsables de la actual crisis económica por endeudamiento privado. Ellos solitos, los Bancos Centrales, se bastaron para generar la mayor burbuja financiera e inmobiliaria de la historia, cuyas consecuencias las estamos sufriendo de una manera desgarrada en nuestras propias carnes. Y en última instancia están detrás de la actual insolvencia bancaria. Pero lejos de refrenarse, revisar en que se han equivocado, siguen a lo suyo, ¡la culpa es de los salarios! Miserables, basta de tanta inoperancia, basta de tanta mentira.

La culpa no es de los salarios, sino de las élites

El nivel de explotación de los asalariados de nuestro país ha llegado a extremos absolutamente intolerables. Ya no basta con tener más de 5,6 millones de parados, y unos míseros salarios, donde más del 60% de los trabajadores, después de impuestos y cotizaciones a la seguridad social, ingresan menos de 1.000 euros mensuales. Ya ni siquiera vale que los trabajadores por cuenta ajena paguen cinco veces más de impuestos que las empresas que los contratan, tal como sucedió en 2011. ¡No! Era necesario apretar un poquito más. Con la reforma laboral del gobierno del PP, los trabajadores pierden la mayoría de sus derechos, siendo el objetivo último no declarado de la misma la deflación salarial. Pero quieren más, son insaciables.

La ortodoxia dominante para justificar sus recetas económicas emplea un conjunto de “verdades indiscutibles”, que en realidad no representan nada más que juicios metodológicos previos de carácter ideológico. Desde el punto de vista del mercado laboral, el pensamiento único recomienda una combinación de sindicatos débiles, mayor flexibilidad del trabajo, y congelación y reducción de salarios, cuando en realidad los países de mayor formación, prosperidad económica, y menor corrupción se caracterizan por lo contrario: participación de los sindicatos en la gestión empresarial, altos salarios, y protección del empleo.

Hoy más que nunca es necesario poner en cuestión ciertos “mitos” derivados de la aplicación elemental de la Teoría Neoclásica. Los postkeynesianos, entre los que me incluyo, además de prever la intensidad de esta crisis, defendemos planteamientos distintos a la ortodoxia. Un incremento de la demanda no produce necesariamente un alza de precios. Un incremento del salario mínimo o del salario real no produce un incremento del paro. El aumento del salario real no acarrea la disminución de beneficios de las empresas. La disminución de las tasas de ahorro no provoca una caída de la inversión, ni la moderación del crecimiento, ni la subida de los tipos de interés (la paradoja del ahorro). La flexibilidad de los precios no lleva necesariamente a la economía hacia el equilibrio óptimo.

A la hora de analizar la evolución del crecimiento económico es mucho más importante el efecto renta, según el cual la evolución de la actividad económica se explica mejor por las fluctuaciones de los ingresos y los cambios técnicos, que el efecto sustitución, que considera que el crecimiento económico se determina por la evolución de los precios y costes relativos de una economía. La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta. Sin embargo el BCE, Rajoy y sus secuaces, aún no se han enterado, y para cuando se enteren ya será demasiado tarde. Entonces sus economistas les explicarán y les alertarán de una depresión económica que se aceleró con sus reformas, la del factor trabajo.


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