Desconfíen siempre del Gobierno

¿Dónde están los sucesores de Thatcher y Reagan?

Es posible que hayan oído ustedes hablar de los cambios en las normas sobre contabilidad nacional que va a introducir la UE a partir de septiembre. Parece que la nueva metodología de valoración elevará el PIB de la Unión en un 2,4% y el nuestro en un porcentaje entre el 1 y el 2%, así que estadísticamente estaremos peor respecto de la media. Ya ven ustedes que a perro flaco todo le son pulgas. La parte positiva, sin embargo, del cambio estadístico estará en lo referente al tamaño relativo de la deuda pública en circulación, pues como se mide sobre el PIB, que será mayor, dicho tamaño será menor.

La deuda se mida como se mida está disparada

Pero esto, con ser importante que los instrumentos contables de medida sean cada vez más precisos, carece de importancia. Al final lo relevante es si la deuda en circulación puede ser atendida y no me refiero a la capacidad de saldarla. El problema, como siempre que uno se endeuda, no es el importe que debe, sino si puede atender regularmente los pequeños pagos periódicos que tiene que ir atendiendo. Lo crítico no es si debemos 100.000€, sino si podemos atender los 600€ mensuales que nos solicita el prestamista.

En el caso de España, como en el de todo Occidente, lo preocupante es el porcentaje de ingresos públicos que se van en atender los intereses. A noviembre último, el 26% de los ingresos del Estado se iban en atender dichos intereses, de tal modo que como la diferencia entre ingresos y gastos, antes del pago de la carga financiera, era ya negativa en casi 10.000 millones de euros, tras atender dicha carga se disparaba a casi 38.000 millones de euros. En términos relativos sobre los ingresos: el Estado gastaba un 9% más de lo que ingresaba sin contar intereses y contándolos, un 35% más.

Una deuda así va a ser muy difícil reconducirla a niveles sostenibles, niveles que alejen las “tormentas financieras” que periódicamente nos asolan. Unos niveles como estos de gasto requieren reducciones del miso en el corto y medio plazo que las ciudadanías no están dispuestas a aceptar, ni los políticos a reclamarles, sino más bien al contrario. La solución podría venir de una venta fuerte de activos públicos para aplicar la liquidez obtenida no a sufragar gasto corriente, sino a amortizar deuda y su consiguiente flujo de intereses. Si no llega a fin de mes, no venda la casa de la playa para obtener un fondo con el que cubrir su desfase periódico. Será más razonable, amortizar una de las hipotecas que tiene y reducir ese recibo mensual que tanto daño le hace.

Pero podría haber soluciones

Y he aquí que la semana pasada, 'The Economist', a quien nadie tachará de ser una publicación neoliberal, dedica su portada en rojo revolucionario y su editorial a esta idea. Habla la revista inglesa de billones de dólares de activos para la venta en los países de la OCDE. Y no habla sólo de la privatización de empresas públicas, sino de propiedades inmobiliarias y suelo, así como derechos de extracción mineral y otros… las cifras que se manejan son fabulosas y demuestran que muchos de los precios que venimos pagando están inflados por el atesoramiento, que reduce la oferta, que han hecho los gobiernos de activos, cuya tenencia pública no está justificada. Sin embargo, ya verán ustedes como antes que después, nos saldrán en contra de la idea todos aquellos que siguen creyendo que lo que es público es de todos. Está claro que para llevar una privatización de este tamaño necesitamos a los sucesores de Thatcher y Reagan por los que se pregunta el articulista inglés. Pero no para llevarla a cabo, sino para aguantar el chaparrón de demagogia.


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