Desconfíen siempre del Gobierno

La reválida municipal

Examinar a los músicos callejeros para habilitarles en el desarrollo de su actividad es una de las propuestas que en políticas municipales vienen escuchándose en los últimos meses. Creo recordar que comenzó con la broma el Ayuntamiento de Madrid, pero recientemente la idea ha recalado en el de Valencia. La idea es, como poco, peregrina y, en cualquier caso, es mucho más intervencionista de lo que podría pensarse a primera vista. Lo que no es extraño proviniendo del partido político que gobierna ambas ciudades. Sin embargo, no voy a continuar por aquí, sino por las múltiples dudas que me surgen sobre esta medida.

¿Los músicos que no pasen la reválida municipal tendrán derecho a otra convocatoria? ¿O quedan definitivamente excluidos del acceso a la correspondiente habilitación? ¿Los inhabilitados pasan entonces a la categoría de mendigos? ¿Debería entonces crearse una licencia distinta para estos últimos?

¿Y Hacienda no tiene nada que decir?

Por otro lado, ¿Hacienda no tiene nada que decir en este tema? Una vez otorgada la autorización a un músico para ejercer su oficio en la calle de cara al público, ¿debería darse éste de alta en licencia fiscal y declarar sus ingresos? Dado lo difícil que es controlar los ingresos de una actividad como ésta, y que no se le puede pedir al beneficiario de la habilitación que expida las correspondientes facturas y lleve una ordenada contabilidad, parece razonable que haga su declaración por el régimen de módulos. La definición de los módulos cómo se realiza: ¿por el número de metros cuadrados de vial público que ocupa el músico? Y ello ¿con independencia de la localización de la superficie ocupada? Porque no es lo mismo Preciados que Carretas.

Sería pues necesario llevar un registro de algo similar a un derecho de ocupación del vial para evitar los enfrentamientos entre artistas. Claro que, de manera previa a la creación de dicho registro, habría que otorgar dicho permisos de ocupación. ¿Por un procedimiento de subasta o, simplemente, por orden estricto de solicitud? El mismo espacio podría dar lugar a varias autorizaciones en función del día y las horas en que se permite ejercer la actividad. Otra posibilidad es que el módulo contemple también el número de instrumentos que ejecuta el agraciado y si, además, hay intervención de voz humana que, como no es un activo material, no está sujeta al consiguiente gasto por amortización que debiera tenerse en cuenta, aunque en tal caso los tratamientos del otorrinolaringólogo y del foniatra debieran admitirse como deducibles.

Prohibir es menos intervencionista

Al final es menos intervencionista, muchas veces, prohibir, pero claro está que, la prohibición crea mucho menos empleo público que la intervención. El problema en términos de coste-beneficio en la regulación de la actividad de ejecución musical en vial público es si los impuestos recaudados darían para cubrir el incremento de gastos que sufrirían las administraciones municipales correspondientes. Por otro lado, prohibir está peor visto y conjugar el verbo regular en negativo es algo que ni se plantean las autoridades municipales.

¿Por qué no nos dejan a los transeúntes elegir a quién queremos, si queremos, premiar con nuestro dinero cuando nos amenizan en una calle? ¿Por qué no nos dejan descubrir nuevos genios o rechazar incapaces para las artes? La libertad de mercado, tan denostada, no es absoluta, entre otras cosas porque, nos guste o no, siempre deberá haber res extra comercium, pero tampoco tiene que estar siempre sujeta a una reglamentación. No conozco a nadie que haya sufrido un gran daño por un mal músico, salvo cuando éste ha utilizado su instrumento como arma de percusión.


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