Desconfíen siempre del Gobierno

¿Qué sería del político sin el enemigo exterior?

¿Qué sería del político sin el enemigo exterior? Ya saben ustedes que el político no se equivoca nunca, que la solución a los problemas que crea es no cejar en sus errores y que, al final, cuando tiene que hacer algo impopular no sólo es por nuestro bien, sino para no dejarnos en manos de otros que están fuera, en las tinieblas exteriores de las que nos protege, y que no nos quieren a diferencia de él, que nos mantiene en las tinieblas interiores. En esto se parecen el Gobierno de la Generalidad, que anuncia medidas de ajuste para evitar que el Estado intervenga Cataluña, o el de España, al que todo le viene impuesto por Bruselas.

Lo que se impone desde fuera no es nada malo, aunque sea duro. No es malo, porque como la cirugía para el enfermo, aunque dolorosa, es necesaria. Cataluña ha anunciado un recorte de casi el 5% para 230.000 funcionarios y abre, valientemente brecha. Además, como les decía la semana pasada en este mismo cuaderno o blog, ni los recortes (reducción de gastos) ni los aumentos de ingresos (incrementos de impuestos o tasas, establecimiento de copagos, etc…) son suficientes, hay que vender activos públicos. Hay que reducir el tamaño del Estado por dos vías: menos prestaciones y menos capacidad instalada.

La venta de activos, sobre todo por lo que afecta a los inmobiliarios, preocupa a los grandes tenedores de los mismos porque deprecia el valor de los que tienen en cartera. Por aquí, puede aparecer el primer enfrentamiento en la alianza de los tres Big (Business, Finances and Government) que denuncian algunos republicanos norteamericanos como el mal de Occidente. La alianza de las grandes corporaciones, entidades financieras y los gobiernos omnipresentes que hemos terminado por llamar Estado del Bienestar.

Políticas económicas insostenibles

Al fin y al cabo, lo que se está imponiendo es la racionalidad que han abandonado las autoridades, empeñadas en unas políticas económicas insostenibles. Cuando uno desafía la ley de la gravedad, o restablece a tiempo el punto de equilibro o se cae. La dirección económica de Occidente, lo que incluye a España y, por tanto y a su vez, a Cataluña ha traspasado las líneas de la economía sostenible que, tiene que ver mucho con la ecología pero no solamente. Una economía es sostenible cuando consume no más de lo que produce. Si no lo hace así, antes o después tendrá que producir más de lo que consume o desaparecer. Lo que se nos pide a los occidentales es exactamente eso: ahorren un poco para devolver lo mucho que deben al resto del mundo o desaparezcan. Si no quieren ni lo uno ni lo otro, no creamos que nuestros acreedores se van a quedar de brazos cruzados. No es agradable pero es comprensible.

Tal vez por eso, porque es comprensible, la respuesta ciudadana a los ajustes en muchas partes de Occidente, incluida España, no está siendo violenta. La clase media, la gran perjudicada de las actuaciones públicas, sabía hace tiempo que esto no podía durar mucho tiempo porque comprende que todo esto de lo que disfrutábamos alguien lo tenía que pagar algún día y , además, sospechaba, que iba a ser ella que, al fin y al cabo, es la que paga siempre. Lo sorprendente, o lo que temen los políticos que llegue a ocurrir, es que no se desplace a la clase dirigente actual exigiéndole no más responsabilidades, sino simplemente responsabilidades. Sólo Islandia, que quebró y encausó a su dirección política y financiera, parece estar saliendo de la crisis en Occidente.


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