Desconfíen siempre del Gobierno

Los peligros de los avales y la deuda pública

La ingeniería contable o lo que, más recientemente ha venido en denominarse contabilidad creativa, parece una disciplina tan propia del sector privado como del público. En este sentido, dos magnitudes muy relevantes para la censura de las actuaciones de nuestras autoridades, como son el déficit público y la deuda pública, presentan importantes problemas para su adecuada comprensión. Las diversas medidas de ayuda a las entidades financieras en dificultades desde 2008 han sido un buen probador de cómo las autoridades intentan camuflar la realidad financiera de sus cuentas.

¿Ayudar no incrementa el déficit?

Este año de 2013 pasará a la historia como el de las ayudas directas a las cajas de ahorros nacionalizadas. Para ello, el Estado se endeudó por valor de 60.000 millones de euros (10 billones de pesetas) con la única finalidad de suscribir títulos de capital de las instituciones anteriores. Enseguida surgió el debate: la emisión de deuda no podía dejar de computar en los volúmenes de la misma que se calculan periódicamente, pero el Gobierno necesitaba que no lo hiciera en el déficit público, pues de otro modo le era imposible con los objetivos del año. Y así se hizo. De ese modo lo que calcularemos finalmente será un déficit de caja ex –ayudas bancarias, pero no el déficit total, lo que para la propaganda política será muy beneficioso. Más honesto habría sido distinguir componentes del déficit y fijar los objetivos por componentes, una vez que la ayuda a la banca (se esté o no de acuerdo con ella) es asumida por el Estado. Así, por ejemplo deberíamos comenzar a distinguir entre el déficit primario (diferencia entre ingresos y gastos públicos excluidos intereses y extraordinarios), el déficit de caja propiamente dicho (que resta del anterior los intereses de la deuda) y otro, llamémosle total, que sumara los extraordinarios, que incluiría los auxilios anteriormente comentados. Luego se trata de fijar si el límite gira sobre uno u otro, lo que puede llegar a ser comprensible en un momento dado, pero no eliminar lo que es un componente claro del déficit del mismo.

¿Y el aval no es deuda?

Pero esto no es de lo que les quería hablar. Sino de la tendencia, cada vez más acusada en las cuentas públicas de acudir al mecanismo del aval a terceros como modo de evitar el aumento, al menos aparente, del volumen de deuda.

Ya lo vimos a finales del 2008 con los avales del FAAF (se acuerdan: Fondo de Anquisición de Activos Financieros) que avalaba las emisiones de las entidades en los mercados para solucionar sus problemas de liquidez. Continuó con los avales del FROB. Ahora es posible que lo haga con la prestación de una garantía pública a los escudos fiscales (activos por impuestos diferidos o Deferred Tax Assets, DTA, en inglés) para evitar que éstos deduzcan de los recursos propios de las entidades…a partir del próximo 1 de enero de 2014.

Avalar, lo saben muy bien los banqueros y sus clientes, es muy peligroso porque no tienes conciencia de deber nada… ¡hasta que te ejecutan el aval!

El problema al final es que realmente no sabemos el volumen real de deuda pública, porque no le aplicamos a la contabilidad pública los criterios a que el Estado obliga a las empresas y particulares. Para comenzar no hay información suficientemente pública de los pasivos contingentes ni mucho menos de los actuariales (pensiones) y así no hay modo de ejercer una buena censura de la actuación política.


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