Desconfíen siempre del Gobierno

La pasión por el tamaño

Si algo caracteriza a las autoridades en el mundo moderno, es la pasión por el tamaño. Es una pasión propia del fascismo y del comunismo, de los regímenes totalitarios. Las grandes manifestaciones públicas y la propaganda oficial siempre razonan como si más, fuera siempre mejor.

En ese sentido, toda la política económica moderna empuja a la concentración empresarial, a la creación de grandes “campeones nacionales” que puedan competir en los mercados. La concentración facilita los acuerdos de no concurrencia entre los competidores y, además, permite con facilidad la creación de sindicatos de productores de bienes y servicios que pueden hacer llegar mejor a los gobiernos sus intereses particulares  para que se confundan con los intereses generales.

Los gobiernos deben abandonar esta pretensión soviética, y constitucional, de dirigir la economía nacional porque, al final, son más los costes que ocasiona que los beneficios y porque no es su función

Todos los intereses particulares son también intereses generales

Todos los intereses particulares son también, de alguna forma, intereses generales, pero los de aquellos con acceso al poder político aparentan ser más generales y gozan, por tanto, de mayor protección pública. La banca o las eléctricas son buenos ejemplos de ello. Las distorsiones que se introducen en los mecanismos de mercado para proteger los intereses de estos grandes sectores muy concentrados por mor de la intervención pública, son muchas. Luego se pretende introducir nuevas regulaciones que corrijan dichas intervenciones con el fin de crear mercados que respondan al modelo teórico de competencia perfecta que requieren, a su vez, nuevas intervenciones cuando no se alcanzan los objetivos pretendidos por culpa de la concentración y así hasta el infinito. Los gobiernos deben abandonar esta pretensión soviética, y constitucional, de dirigir la economía nacional porque, al final, son más los costes que ocasiona que los beneficios y porque no es su función, aunque ellos crean que sí.

La concentración de cajas no fue una buena idea

La concentración de cajas de ahorros que acometieron los dos últimos gobiernos de España como solución a la crisis les está produciendo más quebraderos de cabeza que beneficios reales. Algunos de los quebraderos son judiciales. Explicar los beneficios de las fusiones para la salubridad del sistema financiero y, lo que es más importante, para justificar si la ayuda pública ha sido más efectiva salvando entidades de lo que habría sido, simplemente, asumiendo las pérdidas que se podrían haber ocasionado a los depositantes ordinarios en caso de liquidación de algunas entidades parece complicado. De hecho, la ayuda pública termina justificándose no por criterios sociales, sino por la asunción de las funciones de dirección y supervisión de la economía nacional por parte del Estado. Y ahí tienen al Banco de España defendiendo su actuación en el mercado bancario. Tanta responsabilidad no es sólo ineficiente, sino que es, además, muy cara.

Si quieren salvar al Estado, redúzcanlo. Un animal tan grande y poderoso consume mucha energía y no habrá recursos para alimentarlo.


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