Desconfíen siempre del Gobierno

La oferta política y el duopolio

La oferta política española no es un mercado de competencia perfecta. Se trata más bien de un mercado oligopolístico y casi me atrevería a decir que duopolístico, lo que no deja de ser un caso particular del primero. Tenemos dos oferentes que básicamente han decidido competir por cantidades (como en el modelo de Cournot que nos explican en los manuales) y no por precio, porque si compitieran por precio, que es el modelo de Bertrand, se alcanzaría el mismo óptimo que se logra en el modelo de competencia perfecta.

¿Y por qué sabemos que compiten por cantidades y no por precio cuando lo difícil es identificar que son precios y cantidades en el mercado político? Pues por el resultado: es claro que este modelo político no es óptimo (algunos dirán que ni bueno), ergo el equilibro es de Cournot y compiten por cantidades. Dice este modelo que, en tal caso, los duopolistas se repartirán el mercado a partes iguales si sus costes lo son y, si no, de acuerdo con el peso relativo de sus costes. Y en eso parece que estamos.

Ya no hay programas diferenciados

El modelo de Cournot explica un mercado de productos homogéneos, no puede aplicarse cuando los oferentes (abandonen ese espanglicismo de ofertante porque ofertar no es el verbo, sino ofrecer) pueden diferenciar sus productos. La oferta política de los dos grandes partidos es, desde hace tiempo, bastante homogénea y no porque hayan alcanzado un acuerdo sobre importantes cuestiones, sino por lo contrario: porque no lo han alcanzado, que es la homogeneidad de la tábula rasa que no tiene coste alguno. Así volviendo a lo del reparto del mercado en función de los costes, el que los tenga menores, los costes, porque tenga menos principios que sacrificar, se llevará la porción de mercado más alta. Y en eso parece que estamos.

El resultado en un modelo duopolista es que se produce menos (programa) y el precio es más caro para el consumidor (se vota casi haciéndose violencia a uno mismo). En el mercado electoral cada vez se satisface menos demanda, como ocurre en todas las situaciones en que se abandona la competencia, pero eso no les importa a los productores porque los mayores precios que aplican a los consumidores les generan más beneficio que el que obtendrían en competencia perfecta.

Así que llegaremos al cártel político

La entrada de nuevos oferentes en el mercado requiere una transformación del duopolio no competitivo en un oligopolio competitivo en razón de la diferenciación del producto: el programa. Pero también requiere derribar las importantes barreras de entrada que los duopolistas han puesto y pondrán, porque tienen que defender sus beneficios individuales, que siempre serán mayores que en competencia.

Llegados a esta situación, en lógica, no podemos esperar más que la degeneración del duopolio en cártel y el reparto del mercado en alguna de las dos formas, o las dos, que explica la Teoría Económica: cuotas o territorios. El cártel alcanza un equilibrio aún peor que el duopolio: el del monopolio. Y en eso parece que estamos.


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