Desconfíen siempre del Gobierno

Un nuevo género griego: la economía ficción

Hoy voy a ser menos riguroso, menos profesor, que en mis entradas anteriores en este blog. En compensación, pretendo inaugurar para ustedes un nuevo género: la economía ficción, que, por requerir mayores dosis de creatividad, espero que les ofrezca una lectura más ligera y entretenida. Ahora el gobierno griego se ha descolgado con que va a someter a referéndum el acuerdo que, sobre las ayudas de la Unión Europea y su deuda, habían alcanzado las autoridades de la Unión la semana pasada. La respuesta de estas últimas ha sido contundente: mientras haya intención de convocar la consulta, se suspenden las ayudas. Después ya veremos, en función del resultado de la misma. El gobierno griego puede ir todavía más lejos como respuesta a la respuesta de Europa: puede repudiar la deuda en circulación. Llegados a este punto, mejor una quita del 100% a las bravas que una del 50% por las buenas. Al fin y al cabo, la diferencia es del 50%. ¡Una pasta!, que diría el castizo. Y pueden seguir utilizando el euro si quieren, porque un Estado dentro de sus fronteras puede decretar como moneda de curso legal la que quiera y puede emitir deuda en la moneda que elija. Otra cosa es que la coloque en los mercados, y eso es tan difícil en dracmas como en euros, en la situación actual.

El repudio pone a las autoridades griegas en una posición de fuerza que los acreedores afectados no habían previsto, porque contra un deudor soberano que se niega a pagar sólo cabe la guerra. Y a eso Europa no va a llegar. Algunos dirán que porque existen otros mecanismos de presión, fundamentalmente económica, que pueden hacer recapacitar a las autoridades griegas, pero esos mecanismos no tienen por qué achantarlas, dado que temen más a la presión de la calle. Además, nada hay que una más a un pueblo con sus dirigentes que un enemigo exterior. De hecho, la pobreza aparentemente elegida es siempre preferible a la aparentemente impuesta, porque de lo que no parecen darse cuenta los griegos es de que son pobres, o, al menos, más pobres de lo que se creían. Y todo esto se puede hacer sin abandonar ni la Unión Europea ni la Unión Monetaria, en una prueba de desacato a no se sabe bien qué autoridad.

Pero volvamos a lo económico: ¿Qué hacen los acreedores griegos con la deuda repudiada? Pues, de momento, endosársela al Banco Central Europeo, porque, mientras se buscan formas de poner orden a esto, se da por supuesto que la Unión Europea no va a dejar caer en cadena a un montón de entidades. Al final, los griegos habrán conseguido de manera colateral solucionar lo que parecía que era el problema de todo el sistema: que los Estados habían dejado de ser los emisores soberanos de la moneda en la que estaba denominada el importe mayor de su deuda. Ya saben que esta posibilidad, la de emitir moneda, permite a cualquier nación pagar toda su deuda, salvo la que está en moneda extranjera, aunque, eso sí, generando inflación. Esta última, la deuda en moneda extranjera, sólo hay un modo de solucionarla en situaciones dramáticas: mediante el repudio. Así, los griegos han logrado la cuadratura del círculo, que supone que un emisor de moneda extranjero, el BCE, pague su deuda generando inflación en el territorio donde dicha moneda es aceptada. Está claro que sólo nos queda aceptar el griego que de todas formas nos van a hacer. No debe olvidársenos que los griegos han pasado a la Historia como los inventores de la Democracia, pero se nos ha olvidado que también lo han sido de su forma corrompida: la Demagogia. Ahora podrían corromper el euro y convertirlo en el dracma.


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