Desconfíen siempre del Gobierno

La maldita deflación

La deflación es ahora el gran enemigo del Banco Central Europeo, que se lanza a combatirla en beneficio de todos aquellos que organizamos nuestra vida económica en euros. ¡Qué alegría tan grande saber que no van a permitir que, ahora que nos han bajado los salarios, nos bajen los precios!

La primera medida ya la conocemos de hace dos semanas: rebaja del tipo de intervención al 0,25%. La segunda y tercera, las están barruntando: compras de activos (bonos fundamentalmente) con los que inyectar liquidez al sistema al margen de los bancos y el establecimiento de un tipo de interés negativo a los bancos que depositen liquidez en el BCE.

La gente ni consume ni invierte

Ya saben que nuestras autoridades monetarias piensan que si las expectativas de variación de los precios son bajistas, la gente ni consume ni invierte. Así están las panaderías llenas de pan y los anaqueles de los grandes almacenes de productos a punto de caducar porque la gente no come en espera de mejores precios. ¿Qué decirles del frío que está pasando la gente ahora que está llegando el invierno, mientras espera una bajada de precios? Lo peor de todo es lo que está pasando con el parque de electrónica de consumo, que no se renueva desde los años 80 como consecuencia de las continuas bajadas de precios que experimentan estos productos.

Lo peor de la deflación es la bajada de la recaudación en el impuesto sobre la renta, como consecuencia de la aplicación de la tarifa progresiva. Algo que nuestras autoridades monetarias no deben consentir. Nada les digo de la apreciación en términos reales que sufren los bonos de deuda pública: la deflación beneficia a los acreedores, en lugar de a los deudores, justo al contrario de lo que ocurre con la santa inflación. Está claro que efectos tan perniciosos en los bolsillos de los ciudadanos no pueden ser consentidos.

Luego está la medición de la deflación que viene haciendo el IPC y que nuestras autoridades sospechan erróneo. En concreto, sospechan que la deflación es mayor de lo que dice el anterior índice. Ellas lo saben muy bien, porque cuando mide la inflación, también viene midiéndola con defecto. ¡Al fin y al cabo fueron estas mismas autoridades las que dejaron fuera del indicador los elementos más volátiles de los últimos años, como por ejemplo: la vivienda! Y es que con malos indicadores es imposible hace buena política económica. Tal vez sea hora de calibrar la balanza, ahora que no mide como nos gusta.

La intervención de los precios

La variación de los precios no es en sí mismo inflación, como sabemos. Inflación es un aumento generalizado de todos los precios. Las variaciones de unos respecto de otros en términos relativos, no es sino información que genera el mecanismo de mercado para la asignación de recursos. La deflación se produce como consecuencia de las ganancias de productividad si nadie aumenta la masa monetaria, porque con el mismo esfuerzo podemos adquirir más cosas y eso no creo que sea malo. Pero la deflación tiene un problema para las políticas económicas basadas en el gasto público: el gasto hay que financiarlo necesariamente con impuestos y, electoralmente hablando, siempre es mejor hacerlo con una deuda que va perdiendo valor y esquilmar a los tenedores de bonos (esos señores que tienen la maldita manía de ahorrar y exigir que les paguen por ello).


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