Desconfíen siempre del Gobierno

Los lustros de la marmota

Ahora va el Presidente de la República francesa y anuncia toda una serie de medidas de las que corrientemente denominamos de ajuste. Es decir: reducciones del gasto público que afectan en gran medida a muchos de los bienes y servicios con que los estados europeos proveen a sus ciudadanos. La medida llama la atención en tanto que el señor Hollande parecía, hasta la fecha en que fue elegido presidente, el adalid de las políticas mal llamadas de crecimiento, contrarias a dichas reducciones. La excusa del francés es la de siempre en la clase política europea, la de que ahora que ahora que ha conocido la realidad no le queda más remedio. Supongo que al electorado francés le gustaría, como al español, que los candidatos se presentasen a las elecciones con un conocimiento bastante completo de la realidad del país que pretenden gobernar. Más que nada para evitar esta desagradable práctica de no poder cumplir con los programas electorales con los que se presentan.

Y también en España cuecen habas

En España los defensores del gobierno del PP han corrido a defender al presidente francés, complacidos como están con el paralelismo. Argumentan que estas políticas son las únicas que pueden hacerse, como demuestra esta adhesión de la política del vecino a la nuestra. Esto sería verdad si los problemas de las dos naciones fueran, a grandes rasgos, los mismos y siempre que admitamos que para cada problema hay una y solo una solución, como en determinadas aplicaciones matemáticas. Vamos a suponer que así es. Sólo hay una solución. La pregunta es entonces ¿por qué ambas naciones están en situaciones críticas parecidas? La respuesta parece que no puede ser otra distinta a que ambas naciones han aplicado, a grandes rasgos, políticas económicas parecidas. ¿Todo esto es así?

En mi opinión, así es. Europa Occidental, y España y Francia son dos muestras importantes de ello, ha desarrollado políticas económicas equivocadas que nos han conducido a la situación actual. Estas políticas se han caracterizado en lo fiscal por un crecimiento de los déficit públicos, por un lado, y por una expansión crediticia, fruto del abandono de la disciplina monetaria, en otro. Dichas políticas, fiscal y monetaria, se han presentado, en ambos casos como ineludibles por los partidos políticos gobernantes. Hasta tal punto ha sido así que la discusión pública en materia económica se ha convertido en una farsa a la que todos acudimos esperando que esta sea la última vez que nos engañan pero no es así… y una vez más vemos como el comportamiento de las dos grandes fuerzas políticas es idéntico pero intercambiable, dependiendo el mismo del papel que les toca en la nueva puesta en escena: el de gobierno o el de oposición.

La falta de dignidad de los electores

Los electores europeo occidentales llevamos años asistiendo al día de la marmota sin que pase nada, como corresponde, por otro lado, a tan señalado día. Nada de esto parece extrañarnos ni soliviantarnos. Parece que nosotros mismos hemos aceptado la escasa dignidad que demuestra el que se deja mentir repetidamente, y en las mismas cosas, por el mismo individuo. Está claro que la verdad no paga y la mentira sí, porque si fuera de otro modo el comportamiento de nuestras autoridades y de la oposición sería otro.

Esta es la gran reforma que requiere Occidente: la verdad. Con ella vendrán la responsabilidad individual y, en consecuencia, la libertad individual. Nos hemos convertido en una sociedad de menores de edad que esperamos de otros la solución a nuestros problemas, problemas de los que no queremos ni oir hablar.


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