Desconfíen siempre del Gobierno

No insistan porque el crédito no podrá ser barato

Se está debatiendo mucho sobre un cambio en la referencia que se utiliza para los préstamos hipotecarios por parte de las entidades. El paisano corriente se teme que detrás de esta referencia lo que hay es un encarecimiento del crédito por parte de las instituciones y lleva razón. Podría dar muchas razones para explicar el porqué de este encarecimiento. Sobre algunas de ellas he insistido mucho: un aumento de las exigencias de recursos propios a las entidades conlleva, de manera automática, una reducción del crédito que éstas pueden ofrecer y cuando la escasez relativa de un bien o servicio aumenta, también lo hace su precio que, en este caso, es el tipo de interés. Sobre otras, más alarmantes, no: el déficit público necesita toda la liquidez del sistema económico y, aun así, no le llega ni para pagar a sus proveedores.

 La alarma de las autoridades monetarias

Sin embargo, las autoridades monetarias, que están alarmadas con la falta de crédito, pretenden mantener el coste del mismo bajo, por lo que inyectan liquidez en el sistema, a través de los bancos, a tipos reducidos con la esperanza de que así dichos tipos no experimenten subidas y el tan ansiado crédito fluya en cantidad y buen precio. Y ninguno de los dos objetivos se logra.El primero no se logra por algo que todos sabemos y que les he anunciado antes: los déficit públicos absorben la totalidad, o casi, de la financiación que las entidades están dispuestas a poner a disposición del público. Público para el que queda ya aún menos y, por tanto, más caro. El segundo objetivo tampoco se logra y tiene que ver con el aumento de los requerimientos de recursos propios a las entidades. Al final, la escasez de crédito bien porque el Estado lo absorbe todo, bien porque las exigencias de mayores recursos propios impelen a conceder menos, no se manifiestan tanto en una subida del precio final del mismo como en la del diferencial entre el tipo de interés al que se financia la banca y al que presta.

Así las autoridades monetarias pueden poner a disposición de los bancos toda la liquidez que deseen a tipos ridículos que como se puede prestar poco, por las razones apuntadas, lo que se dispara es el diferencial, que está creciendo fuertemente. En concreto, hace unos pocos años dicho diferencial sobre el Euribor a 12 meses, que es la principal referencia para los préstamos para la adquisición de vivienda, estaba en el 0,5%, y a veces menos, mientras que ahora está en el entorno del 3%, salvo para operaciones que financian la compra de viviendas a las propias entidades. En estos últimos casos, y dado el interés de los bancos en deshacerse de sus carteras de inmuebles, las condiciones son otras como es obvio. Un diferencial del 3%, además, evita problemas judiciales como son las demandas por el establecimiento de un tipo mínimo en los préstamos hipotecarios a tipo variable, porque permite cobrar el 3% incluso con tipos al 0%. Esto será así, salvo que también pretendamos fijar los diferenciales que puede cobrar la banca, lo que hará responsable, como ya ha pasado por el exceso de regulación de estos últimos años, al Estado de la situación del sector cuando las cosas no vayan bien. Al fin y al cabo le estamos fijando toda su estructura de costes. Pero esto es otra discusión sobre el papel de los bancos centrales, si es que debieran tener alguno, en las economías desarrolladas.

El cambio de los tipos de referencia

Llegadas aquí las cosas, las entidades se plantean cambiar de referencia en la financiación hipotecaria y abandonar el Euribor en busca de otras referencias. Las excusas pueden ser muchas. Una de ellas es si es razonable referenciar al coste de las operaciones de financiación a un año los intereses a aplicar en operaciones a treinta años. Lo que sí lo es, siempre que se estén casando adecuadamente las inversiones con las financiaciones. Otras razones hablan de la volatilidad de un tipo de plazo tan corto, frente a la estabilidad de los tipos fijos que se aplican en las permutas de tipos de interés (IRS o swap de tipos de interés) a largo plazo…Las razones son muchas, pero la realidad es que nos guste o no, la solvencia de las entidades también pasa porque su rentabilidad se recupere y ésta rentabilidad con déficit públicos elevados, requerimientos de capital en alza y una reducida solvencia del sector privado, que se manifiesta por ejemplo en las elevadas tasas de morosidad, se recupera incrementando los diferenciales entre los tipos de interés que cobran y los que pagan. Nos puede parecer bien o mal. Justo o injusto, pero las autoridades no pueden seguir diciendo que el crédito fluirá en breve y a tipos bajos con las políticas que se están aplicando. Algunas buenas, como el reforzamiento de los fondos propios bancarios, otras peores, como son el mantenimiento de los déficit públicos. Tampoco pueden las autoridades caer en el quinceemismo y nacionalizar más la banca de lo que lo está, porque se nos olvida que si se la está ayudando, lo que es muy criticable bajo mi punto de vista, también es porque la política económica equivocada del BCE y el papel de los supervisores han sido quienes la han llevado a esta situación.


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