Desconfíen siempre del Gobierno

Los impuestos de los demás

La semana pasada el viñetista Máximo, cuyos chistes han ganado mucho desde que los publica en el ABC, porque se le entienden (algo así como si hubiera abandonado el arte abstracto por el figurativo en esta nueva etapa), nos presentaba a un individuo que se decía a si mismo: habría que inventar un impuesto que pagasen los demás. La idea, no cabe duda, es genial sino fuera porque eso ya está inventado. Como nos recuerda, entre otros, por ejemplo, el profesor francés Salin (léanse su Liberalismo publicado en Unión Editorial), que critica el devenir que han tomado las democracias parlamentarias: un sistema en el que se trata de tomar el poder para imponer a los otros cargas tributarias en favor de los nuestros. Luego, en una segunda fase, añado yo,se trata de saber quienes son los otros y quienes somos nosotros, no vaya a ser que nos equivoquemos de individuo sujeto a gravamen.

Así, con la perspectiva que dan ya dos semanas, nos encontramos con que el nuevo Gobierno (del que deben desconfiar, por supuesto) sube el IRPF introduciendo, además, en el mismo más progresividad. No voy añadir: si cabe, porque está claro que ha cabido, al menos en el BOE. Es claro que el déficit público sólo se puede atajar por reducción de gastos, incremento de ingresos y venta de activos públicos. Tal es su tamaño, que la pregunta no es recortes o impuestos, privatizaciones o tasas…El tamaño del Estado es insostenible. Sin embargo, no dejó de sorprenderme una medida tan socialdemócrata en el partido más conservador de los dos socialistas que gobiernan España.

Primero, por injusta. Hace recaer el incremento de los impuestos en la clase media asalariada y pensionada. El resto: clase alta, clase baja, o clase media por cuenta propia, tiene mecanismos de defensa fiscal ante el nuevo incremento, por lo que están encantados de que la subida de impuestos la paguen los demás. Casi les diría que para estos últimos el IRPF se ha convertido en el impuesto a los demás. Esto no ocurre con el IVA, por ejemplo, en el que el que más consume más paga o las tasas, que lo hace el que necesita el servicio y de las que, en un momento, si el servicio es imprescindible y muy gravoso, se le puede exonerar.

Segundo, no por que ataque el consumo como dicen algunos, sino porque ataca el ahorro. La renta (el PIB) no crece porque lo haga el consumo, sino que es el consumo el que crece porque lo hace la renta, como saben los padres de familia. El crecimiento de la renta requiere más capital y menos deuda y para eso hay que ahorrar. Sólo los que llegan a fin de mes, pueden ahorrar. Ahora el Estado, les retira ese ahorro, total o parcialmente, para sufragar su gasto. El Estado ha decidido aplicar toda la renta nacional a gasto, público o privado. Sin ahorro no hay crecimiento. En ausencia de ahorro, insisto, necesitamos un Banco Central que periódicamente nos monte una expansión crediticia o burbuja, que ya saben como acaban.

Tercero, por cobardía. El partido que nos gobierna no ha querido enfrentarse a sus fantasmas: no sé qué calle, televisión o periódico tomados por no sé qué agentes o grupos sociales que representan a no se quien, pero seguro que no a un grupo de españoles preocupados por sus trabajos.

Cuarto, porque el Gobierno (del que deben desconfiar, por supuesto) sigue sin saber quienes son los suyos ni para que le eligieron.

Dicho esto, espero que el Gobierno acierte y tenga suerte con sus medidas. Lo digo por nosotros, no por ellos.


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