Desconfíen siempre del Gobierno

El impuesto regresivo

Puede que parezca mentira lo que voy a decir, dado que soy un defensor de la libertad de mercado, pero no comparto la costumbre de justificar las normas por sus efectos positivos en la creación de riqueza. Eso no quiere decir que no sea crítico con las leyes que generan el efecto contrario, simplemente creo que el criterio último de las mismas no puede ser nunca que sean generadoras de bienestar material porque el ordenamiento debe responder, en último término, a la Justicia y a un principio de intervención mínima en las vidas, lo que incluye la actividad económica, de los administrados.

De continuar con este dislate de justificar todas las normas, a veces plenamente, a veces parcialmente, por sus resultados económicos, terminaremos por justificar, si no lo hemos hecho ya, auténticos dislates.

…con un tipo marginal decreciente

El más grande podría ser el impuesto regresivo sobre la renta. Un impuesto en el que el tipo marginal va decreciendo con el nivel de renta y que, a diferencia del progresivo, incentivaría la creación de riqueza sin lugar a dudas. Es más, podríamos afinar más aún este gravamen para que los tipos marginales aplicables a cada tramo fueran no sólo decrecientes, sino crecientemente negativos, de tal modo que la cantidad final a pagar fuera no sólo disminuyendo en términos relativos, sino, lo que incentiva más la creación de riqueza, también en términos absolutos.

De este modo, un pobre de solemnidad debería ceder una parte elevada de su renta que además sería una cantidad mayor que la que tendría que pagar un individuo de fuertes ingresos. La justificación para lo anterior sería lógica: que espabile. Si no quiere pagar impuestos, que gane dinero y mucho. Esto generaría una importante reducción de los gastos por ayuda que el Estado presta a los más desfavorecidos, que estarían como lo están ahora, sujetos a gravamen, aunque eso sí: en el nuevo marco sería negativo. Los menesterosos se esforzarían en salir adelante por todos sus medios.

...y una cómoda Administración Tributaria

Otra justificación sería la fuerte reducción de los gastos de gestión de la administración tributaria. La óptica del inspector fiscal cambiaría totalmente: no se trataría de aflorar ingresos no declarados, sino de reducir los ingresos declarados en más de los vanidosos que siempre quieren aparentar. Todo el mundo daría facturas por los servicios que presta y estaría encantado de pagar el correspondiente IVA por reducir su cuota en el impuesto sobre la renta. No se pagaría en B de Bárcenas para eludir ingresos de procedencia oscura, sino que los pagos se harían con luz y taquígrafos para que el gasto atestigüe el elevado nivel de vida que llevamos gracias a unos elevados ingresos, incluso aunque nos cueste justificarlos. En un mundo así, los servicios públicos se podrán cobrar sin que nadie se queje de los recortes.

Realmente creo que Montoro no se ha dado cuenta de que su necesidad de cubrir el déficit público no depende de un aumento de los tipos de gravamen tanto como de una reducción. Tal vez el ejemplo que le he puesto le convenza más que el famoso punto óptimo de gravamen, el auténtico punto G, de la famosa Curva de Laffer. Si es así, aventúrese por una vez, señor Montoro.


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