Desconfíen siempre del Gobierno

Con la garantía del Estado

“Con la garantía del Estado” es una leyenda que se ha adicionado a muchas operaciones de financiación para facilitar así el endeudamiento de determinados agentes económicos, públicos y privados. Uno de esos agentes han sido los municipios, que de acuerdo con la regulación de haciendas locales cuenta con ella para sus operaciones de endeudamiento. Es cierto  que dicha garantía se presenta a su vez como contrapartida de un control de la Administración Central sobre dichos entes, pero en realidad no es más que un mecanismo de concentración de poder que reduce la autonomía municipal.

Deuda insostenible pero legal

La garantía del Estado en este tema ha servido para que, en muchos casos, los ayuntamientos se endeuden más allá del límite de sus capacidades financieras de devolución de la deuda pero siempre dentro de los límites legales. Los acreedores de estas instituciones, al gozar en último término del aval del Estado, no han tenido necesidad de ponderar el riesgo como lo habrían hecho de no disfrutar del mismo.

El mecanismo es perverso porque la autonomía local se resiente, siendo el municipio una institución, como es, anterior al Estado y cuya existencia no se debe, por mucho que lo diga implícitamente la Constitución, al reconocimiento que éste hace de aquél. El municipio surge de una agrupación de vecinos y no de una desconcentración del Estado. El municipio no es Estado.

La retirada de esta garantía depararía a los ediles locales una bocanada de vértigo y, por ende, de realidad. Los gastos e inversiones municipales hay que sufragarlos con los ingresos de los vecinos sin posibilidad de ir retrasando la recaudación de estos sine die mediante políticas de refinanciación continua. Les haría, además, más comedidos a la hora de endeudar a sus corporaciones para acometer esas grandes inversiones, muchas absurdas, que se han hecho en muchos municipios españoles, normalmente grandes, y, sin embargo, si algo viene caracterizando al discurso del poder es el ataque a lo pequeño, ya sea en banca o en ayuntamientos, cuando precisamente lo pequeño no ha dado problemas en ninguno de los dos ámbitos. Y cuando los ha dado han sido… pequeños problemas, como es lógico.

La racionalidad elegida

La racionalización por agrupación de entes locales puede o no tener sentido, pero debe ser elegida por los vecinos si queremos que los municipios sean lo que fueron: la experiencia política más cercana al individuo. El Ayuntamiento de Madrid es tan cercano al vecino como pueda serlo una dirección general del cambio tecnológico de la UE en Bruselas.

La eliminación de la garantía del Estado es la gran reforma de la Administración Local, que no puede ser una forma política subordinada a otra que abarque más territorio sino todo lo contrario: de la que emane la legitimidad de la de mayor extensión. En esto no están ni los nacionalistas que campean por España que, cómo los criollos en América, sólo aspiran a quitarse los controles a los que están sometidos pero no aquellos a los que someten.


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