Desconfíen siempre del Gobierno

Lo que dicen y no dicen los test de estrés

Los buenos resultados obtenidos por las entidades españolas en los últimos test de estrés o pruebas de esfuerzo no nos pueden hacer perder la vista sobre lo que de verdad miden y no miden dichas pruebas, porque de esa mala interpretación provienen muchas de las sorpresas que el público, la gente, luego se lleva acerca de la evolución de los acontecimientos.

La finalidad de las pruebas

Las pruebas de esfuerzo tienen como finalidad prever cual sería la solvencia de las entidades al final del periodo que analizan. No miden la solvencia actual. Son en ese sentido una práctica supervisora prudencial. En ese sentido, las entidades sometidas al escrutinio de las pruebas son solventes ahora mismo (o mejor dicho a 31 de diciembre de 2013, que son los datos utilizados), de acuerdo con los parámetros legales exigibles. Digo con los parámetros legales porque la solvencia en términos absolutos existe en cuanto los activos de un banco, los bienes y derechos que podría vender o activos, tienen un valor superior a sus obligaciones o pasivos.

Sin embargo, dichos parámetros son relativos porque piden que la diferencia entre activos y pasivos alcancen una cuantía determinada, de tal modo que una entidad con una diferencia positiva puede considerarse no solvente desde un punto legal si dicha diferencia es inferior a la establecida legalmente. De hecho, una entidad puede pasar de ser solvente legalmente hablando a no serlo, simplemente conque el legislador decida subir el importe de la diferencia que fija para poder operar en el mercado bancario. Esto último les pasó a muchas de nuestras antiguas cajas de ahorros durante el último periodo del Gobierno de Zapatero.

Ahora mismo, un superávit en los test de estrés puede, sin embargo, mostrar un déficit en términos legales

Lo que dice un déficit

Así un déficit en los test de estrés sólo dice que se prevé que una entidad tendrá una solvencia inferior a la que se ha fijado como necesaria en dicha prueba. No dice que esté en insolvencia absoluta, lo que es lo mismo que la quiebra, es decir: valor de los activos inferior al de los pasivos, ni tampoco que esté por debajo de la solvencia exigible legalmente. De hecho, el umbral para calificar de déficit una situación en dichas pruebas se fija por debajo de los mínimos legales. Es decir, ahora mismo, un superávit en los test de estrés puede, sin embargo, mostrar un déficit en términos legales.

Las pruebas se hacen sobre la información que facilitan las entidades y que se reputa correcta porque está debidamente auditada y revisada por los supervisores. Un déficit no dice por tanto que la contabilidad está falseada. No son pruebas para detectar errores, dolosos o negligentes, en la contabilidad de las instituciones, de lo que se ocupa la revisión que de la misma hacen los auditores privados y los supervisores públicos.

El déficit se calcula pronosticando qué escenario macroeconómico habrá al final del periodo de estudio. De hecho suelen considerarse un escenario base bastante probable y otro adverso, muy pesimista, bastante improbable. De los escenarios se deducen si las diferencias entre los valores de activos y pasivos quedan o no por debajo del umbral exigido, inferior al legal, y que nunca ha sido negativo (que sería tanto como prever una quiebra) en la historia de estas pruebas para ninguna entidad.

No son pruebas para detectar errores, dolosos o negligentes, en la contabilidad de las instituciones

Una vez detectado un déficit se le pide a la entidad que actúe para corregirlo. En el caso de Liberbank que en los estudios arrojaba un ligero déficit, éste ha sido corregido ya, pues desde el 31 de diciembre (datos que sirvieron de base al estudio) último ha realizado ampliaciones de capital superiores al déficit ahora detectado.

Otra posibilidad es la gestión de sus operaciones que haga la institución apercibida de déficit. Así, una entidad que arroja déficit puede ir reduciendo sus activos más arriesgados (por ejemplo el crédito al sector privado) en favor de otros más arriesgados (por ejemplo la deuda pública a corto plazo), bien entendido que la calificación de más o menos arriesgados también es legal y, por tanto, con cierto componente de subjetividad. Esta actuación le puede asegurar, si el comportamiento real de los activos coincide con el legal, que, aunque se presente el escenario peor, la diferencia que mide su solvencia estará por encima de los niveles no sólo exigidos en el estudio, sino de los que se le exigirán legalmente en su momento.

El mayor error de las pruebas

Es en esta capacidad de gestión del riesgo que pueden hacer las entidades donde adolecen las pruebas de su mayor error, pues las mismas no pueden captar si el perfil de riesgo de las entidades puede o no cambiar en los próximos tres años que han sometido a examen. Así, entidades que dan superávit, tanto legal como a efectos del estudio, al final del periodo, bien podrían durante el mismo aumentar su exposición al riesgo, por ejemplo: dando más crédito sin garantía real al sector privado. Una actuación de este tenor podría suponer que al final del intervalo temporal una entidad que fuera incrementando su riesgo durante el mismo se encontrara en mala situación, legal o real, aun cuando hubiera superado los test de estrés calculados al principio del estudio.

Imagínense esta situación. Puede darse. Su repercusión en la opinión del contribuyente sería dura. Así que tal vez convendría aclarar qué dicen y qué no dicen los dichos test de estrés.


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