Desconfíen siempre del Gobierno

El crédito desde el Estado

No les puedo negar que me molestan profundamente los eufemismos: la prueba más palpable del neolenguaje contra el que nos advertía Orwell. Tenemos multitud de ejemplos. Uno de los más macabros es el de interrupción voluntaria del embarazo para designar al aborto provocado de manera artificial, como si una vez interrumpida la gestación voluntariamente pudiera reanudarse también voluntariamente. Algo así a como si los fetos fueran granos de maíz que se introducen en el microondas.

Sin embargo, le voy a hablar de otro eufemismo que se emplea ahora: el de emprendedor. Se utiliza la palaba emprendedor por las muchas connotaciones negativas que se han cargado sobre la de empresario, ahora que necesitamos empresarios para salir de la crisis. Toda la vida atacando desde lo políticamente correcto al empresario y, ahora, resulta que, son imprescindibles para remontar la situación y a ver como lo decimos sin que nadie nos señale, porque siempre sostuvimos que eran unos malvados. La verdad es que los empresarios son una parte necesaria e imprescindible del cuerpo social y que los hay buenos y malos, en todos los sentidos que quieran dar a estos dos adjetivos: morales, técnicos, personales…

Hacia el Cuerpo de Emprendedores del Estado

Pero no quería llamar la atención sobre esto, sino sobre la peligrosa estatalización que está sufriendo la figura del empresario desde que se le llama emprendedor. Es cierto que España ha sido una economía muy intervenida y que el maridaje entre el empresariado, más allá de las normales y necesarias relaciones que siempre habrá, y el poder político ha sido excesivo. Pero es que ahora se comienza a regular no esas relaciones que, por otro lado, en algunos aspectos, como por ejemplo: el uso de información privilegiada, es necesario, sino la figura propiamente dicha.

¿Qué sentido tiene una ley de emprendedores? Si comenzamos definiendo al emprendedor en el BOE terminaremos muy mal. Yo les vaticino la total funcionarización del mismo y su encuadramiento en un Cuerpo Superior de Emprendedores del Estado al que se accederá tras haber superado algún grado en Administración de Empresas o similar. ¡Un despropósito! Los miembros del cuerpo decidirán la finalidad del crédito que se asignará a proyectos que les serán presentados en los correspondientes formularios, debidamente cumplimentados. Eso sí, surgirá, si no lo ha hecho ya, todo un servicio empresarial de gestión de las solicitudes, como ya lo hay para el caso de las subvenciones, que es en lo que se convertirá el crédito administrado desde el Estado. Porque el crédito del Estado no devendrá en incobrable, sino en irreclamable, para evitar las estadísticas de morosidad.

Y el ICO para acabar la faena…

A algunos todo esto les sonará a lo que ya viene pasando con los famosos créditos ICO. Esa financiación que sirve a los bancos para decir que han dado préstamos, eso sí: con fondos de otro, cuando el crédito al sector privado ha caído en un 16% en los últimos meses y tardará en volver mientras las entidades recomponen su solvencia y la adaptan a las nuevas exigencias de Basilea III (hasta enero de 2018) y el sector público siga en déficit, por un lado, y jugando con la ventaja legal que le da la consideración de sus títulos como exentos de riesgo a la hora de exigir recursos propios a la banca.


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