Desconfíen siempre del Gobierno

El crédito no crece pese a lo que se diga

No hay como leer estadísticas para sacudirse las opiniones generalizadas con las que se intenta crear una realidad que no es. El crédito al sector privado comienza a crecer, lentamente, pero comienza a crecer, sostiene una de esas opiniones generalizadas. Sin embargo, los últimos datos publicados por el Banco de España no dicen eso. Los datos provisionales a septiembre de 2014 dicen que en lo que va de año dicha financiación se ha reducido en 62 mil millones de euros, un 4,2% menos. Salvo el crédito sin garantía, que se mantiene en cifras ligeramente inferiores a las de comienzo de año y desciende en un 0,7% su saldo, y los saldos dudosos que, gracias a Dios, se han reducido en 16 mil millones de euros (-8,5%), el resto de los componentes siguen bajando, incluido el crédito con garantía hipotecaria pese a lo que se diga de reactivación: 36 mil millones de euros menos, un descenso del 4,8%. Los componentes del crédito más ligados a la actividad empresarial, como son el crédito comercial y el arrendamiento financiero, caen en casi 5 mil millones de euros, es decir un 9,2%.

La regulación lo exige (que el crédito caiga)

No cabe duda de que después de la fuerte purga empresarial que ha ocasionado la crisis, es posible que el empresariado, a pesar de que el volumen total de crédito sea menor, comience a sentir que no es tan escaso por la simple razón de que el número de los solicitantes del mismo ha caído más fuertemente que el importe concedido, pero en cualquier caso lo relevante es que el crédito no crece como se intenta transmitir. Las nuevas operaciones deben ser necesariamente de menor importe que las que se cancelan, como demuestra la reducción de los saldos finales, y hablar de los volúmenes nuevos omitiendo los que se amortizan, oculta la realidad: el crédito no crece.

No puede ser de otro modo. Lo he mantenido en muchas ocasiones en este mismo blog y en en otras tribunas de la prensa económica: la exigencia de mayores importes de patrimonio neto (eso que en el neolenguaje de los tecnócratas se llama de múltiples maneras: Core Capital, Capital principal…) fuerza a las entidades a reducir la financiación al sector privado, familias y empresas. Esa exigencia, unida a la necesidad de financiarse de los estados, dirige la liquidez del BCE a la deuda pública, para la que no hay requerimientos de capital. Liquidez que no parece tener fin.

El crédito no es la solución pero no lo acapare

No se entienda que estoy criticando la reducción del crédito, porque a pesar de otra opinión generalizada, sostengo que la crisis la generaron los bancos centrales occidentales con sus políticas monetarias expansivas y una legislación que favorecía el apalancamiento, y que la solución, aunque dolorosa, pasa por una reducción de los volúmenes de endeudamiento. Incluidos los de los bancos. En ese sentido, la política legislativa emprendida por las autoridades europeas exigiendo más patrimonio neto y menos endeudamientos a las entidades, lo que genera menos financiación, a su vez, para el sector real, va en la buena dirección. Lo que critico es la actuación de los estados (la semana pasada lo hacía de la de nuestras Autoridades Públicas) que no se aplican a sí los remedios que nos imponen a los demás y la mentira que supone anunciar siempre que todo va encaminado a que fluya el crédito. Las medidas legislativas van encaminadas al saneamiento de los balances, tanto bancarios como de empresas y particulares, y la política monetaria, otra vez laxa del BCE, va encaminada al único sector que ha decidido no sanear su balance: el público. Esa es la verdad.


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