Desconfíen siempre del Gobierno

El código de la circulación y la regulación bancaria

A estas alturas de la película parece que algún fenómeno extraño ocurrió en el Banco de España durante la crisis financiera. Algún fenómeno por el que la institución supervisora de nuestras entidades se vio sorprendida por la situación de las entidades a pesar de gozar de un cuerpo de profesionales, los inspectores, muy reputados por sus capacidades, demostradas con anterioridad, para detectar problemas en aquellas. Sobre esto podría darles muchas opiniones e, incluso, creo que pistas, pero me voy a centrar en el error legislativo que supuso adoptar la Normativa Internacional de Información Financiera para el sector financiero.

Nuevos tiempos, ¿nuevos problemas?

He dicho que las capacidades de los inspectores quedaron ya demostradas con anterioridad en otras crisis. Tal vez algunos piensen que es posible que se hayan quedado desfasados los procedimientos y las capacidades del supervisor para afrontar la nueva situación. Sin embargo, las ventajas de un cuerpo sobre los individuos que lo componen es que, como tantas cosas en la vida, demuestra que el conjunto es sabio a pesar de que entre sus componentes pueda haber necios.

Los procedimientos, en mi opinión, no se han quedado desfasados sino más bien es que eran inexistentes desde un punto de vista de seguridad jurídica por dos cuestiones la normativa contable, sobre la que me centraré, y la de Derecho Administrativo (el Procedimiento con mayúsculas) que dejo para un especialista. Las capacidades, sin embargo, creo que estaban y están ahí por esa confianza que tengo en los cuerpos, aunque no en los individuos concretos.

El mayor problema no sería en ningún caso, como algunos opinan, la complejidad de las nuevas operaciones. Los problemas de complejidad de las operaciones no han alcanzado a nada que un buen profesional con alta cualificación, como son los inspectores, no pueda llegar a entender y a representarse. Los problemas van más ligados a la valoración de determinados instrumentos financieros y su metodología, sin embargo el supervisor cuenta con efectivos suficientes entre todos sus inspectores para enfrentarse a dichos problemas.

La nueva normativa contable: un mal código para conducir bancos

La problemática reside en la aplicación de la normativa de información financiera: la contabilidad. Dicha normativa no es un articulado preciso desde el momento en que decidió adoptar como guía, como espina dorsal de su arquitectura, el principio de imagen fiel en lugar del de prudencia. El principio de imagen fiel termina por ser el suicidio de la propia norma contable, pues al primar el fondo sobre la forma a la hora de representar en contabilidad el desarrollo de las operaciones de una compañía genera una amplia disputa sobre si éstas están bien o mal recogidas en los estados financieros de la compañía. El principio de imagen fiel prima los intereses de los accionistas, que pretenden tener una valoración lo más ajustada posible de sus intereses en la compañía.

Sin embargo, los intereses de los accionistas no son los de los acreedores y depositantes. En ocasiones son contrapuestos. El principio de prudencia primaba, exactamente al revés que el anterior, los intereses de los acreedores. El principio de prudencia es el que guía, o debería guiar, la actuación de la supervisión, porque una supervisión pública sólo tiene una finalidad: la salvaguarda de los depósitos; porque éstos, los depósitos, están en último término garantizados por algún mecanismo público, o cuasi público, de manera ordinaria (los fondos de garantía de depósitos) o extraordinaria (como hemos visto estos últimos años con el FAAF, el FROB, la Sareb y el MoU del rescate bancario).

La norma contable española, adaptada a los estándares internacionales, crea una tensión permanente entre el ánimo que dirige a los inspectores: la prudencia; y el que dirige a la norma: la valoración ajustada. En este choque de filosofías, el servidor público está fuera de la ley que tiene la obligación de hacer cumplir. Un sinsentido que, en el ámbito del derecho vial, permitiría multar por circular a velocidad inadecuada para las condiciones del firme y de la meteorología a un conductor que no excede los límites del Código de la Circulación ni de las señales del tramo en que fue multado.

Así pues, tal vez sería interesante reflexionar sobre todas estas legislaciones globales (Internacional Financiera, Acuerdos de Basilea…) que suelen imponerse como panacea a todos los problemas que nunca tuvimos con tanta intensidad en el pasado. Regulaciones que han fracasado nada más nacer y que se modifican por enésima vez porque esta vez sí vamos a dar con la óptima. Olvídense: no hay normativa óptima, como mucho buena y, más o menos, ya la conocíamos.


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