Desconfíen siempre del Gobierno

Las chuches y el Plan Pive

Para analizar lo absurdo del sistema fiscal con el que nos hemos dotado, sólo hay que analizar lo absurdo de algunas de las medidas que anuncian nuestros gobiernos: el actual y los anteriores. Acaba de publicarse un nuevo plan PIVE. Ya saben, ese que consiste en ayudas a los compradores de vehículos antiguos para que se deshagan de éstos, siempre que adquieran uno nuevo. Las razones de estos planes, en los que lleva gastado el Estado 540 millones de euros desde finales de 2012, y para los que anuncia otros 175 ahora, son, al margen de los de la mayor seguridad y menor consumo que aportan los nuevos ingenios en circulación, el aumento de la demanda en una industria que genera mucho empleo.

Es bueno que se vendan más coches …

No cabe duda de que es buen que se vendan muchos coches. De hecho, es bueno que se vendan muchas cosas, sin que ello se me entienda como una defensa del consumo como variable de crecimiento, porque el crecimiento depende del ahorro o, lo que es lo mismo, de la compra de bienes de inversión. Si queremos favorecer la compra de automóviles: ¿por qué no bajamos los impuestos sobre la adquisición de los mismos? ¿De qué sirve darle una ayuda a algunos compradores para cobrársela vía impuestos a todos? Es más, determinadas bajadas de los impuestos sobre la adquisición de vehículos producirán un incremento muy elevado del número de los que se vendan y un desplazamiento desde los más baratos a los más caros, que son más seguros y ecológicos. Es posible, además, que la recaudación última, incluso, aumente.

Esto no es, solamente, teoría o aplicación lógica de los principios de comportamiento del consumidor. Es, sobre todo, verdad. Sin embargo, los gobiernos prefieren aplicar el otro procedimiento: por un lado cobro impuestos a una adquisición y, por otro, la subvenciono. Pudiera ser que lo hicieran para no experimentar: no vaya a ser que la cosa no funcione en la práctica. Pero no es así, porque en la práctica, salvo los bienes de lujo, una disminución del precio hace que la demanda suba. Los gobiernos prefieren aplicar el procedimiento explicado por una razón: el poder. Los gobiernos son más poderosos cuantas más de nuestras decisiones pasen, aunque sea parcialmente, por sus manos. También quieren que pase por sus manos, la de si cambiamos o no nuestros coches. Cuanto menos dinero en nuestras manos y más en las del Estado, más dependientes del poder político seremos.

… pero si queremos comprarlos, será mejor.

Pocas de las grandes decisiones de consumo de la renta familiar son ya enteramente libres. Nuestra renta está intervenida por el lado del ingreso y sólo nos queda una pequeña proporción para decidir a qué la aplicamos, y lo está por el lado del gasto, puesto que el sistema de incentivos fiscales, subvenciones y deducciones, nos anima a realizar unas adquisiciones en lugar de otras. Al final, nos vamos quedando como niños con paga: las  grandes necesidades cubiertas como quiere el Estado que las cubramos y un poco de dinero en el bolsillo para el cine y las chuches. Lo peor de todo es que esta situación a muchos les gusta y que, otros, exigen que nos los apliquen a los que no nos gusta en aras de la libertad. 


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