Desconfíen siempre del Gobierno

El céntimo sanitario y la doctrina Parot

Se habla de que el importe recaudado por las Administraciones Tributarias en concepto del mal llamado céntimo sanitario podría alcanzar 13.000 millones de euros. ¡Bonita cifra! Se pregunta además todo el mundo si su devolución, tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea va a ser tan rápida, permítanme un poco de demagogia, como la aplicación que se derivó de la sentencia que derogó la Doctrina Parot o en este caso, como la cosa afecta a un bolsillo, la cosa será más lenta. Todos sabemos que será más lenta, no será automática porque los perjudicados por el cobro indebido deberán demostrar, lo que no es posible siempre, su derecho al reintegro y que, además, no se realizará en muchos casos precisamente por la imposibilidad de dicha demostración. Sin embargo, para mí, esto no es lo relevante.

Necesidad o codicia

Lo relevante es la actuación de los políticos intentando camuflar de bondad las subidas de impuestos cuando nos dicen: "pero, hombre, qué le cuesta pagar un céntimo más por su gasolina si es para la sanidad de todos". Pues mire, me cuesta precisamente eso: un céntimo por litro que consuma. ¿Qué a ustedes les parece poco? No debe ser tan poco cuando han juntado 13.000 millones de euros, pero ya se sabe que tacita a tacita… Si querían subir el impuesto sobre hidrocarburos que lo hubieran subido y punto, pero no intenten disfrazar de bondad lo que es necesidad, en el mejor de los casos, o codicia recaudadora, en el peor.

El problema es que las autoridades políticas no quieren asumir que el tamaño del Estado comienza a ser una pesada carga para el crecimiento económico. Algunos piensan, incluso, que nunca lo es a pesar de la debacle económica en que acabó todo el bloque soviético. El crecimiento que no llega es porque tira de una pesada carga: el tamaño de lo público.

Los que esto mantenemos no somos enemigos de los pobres, como suelen gustar de tacharnos los defensores de un gran sector público, sino enemigos de la pesada carga que se ha puesto sobre las espaldas de las clases medias y bajas en forma de contribución al sostenimiento del Estado.

Clarificar los impuestos

En cualquier caso, y volviendo a la sentencia, lo que necesitamos son impuestos claros porque el Estado debe dar ejemplo a la hora de pasar sus facturas a la ciudadanía. No puede legislar contra los cargos por pan y mantequilla no solicitados en los restaurantes y colocarnos una subida en el impuesto sobre hidrocarburos en forma de contribución a un servicio tan preciado por la ciudadanía como es la cobertura sanitaria. Es necesario que sepamos que cuando pagamos el consumo eléctrico un tanto es por el mismo y otro por impuestos, y déjese de rúbricas biensonantes en la factura como las subvenciones a las energías renovables. Todo lo demás son ganas de engañarnos aunque, también es verdad, que a los ciudadanos nos ha gustado mucho que nos engañen. Se vive también engañado; hasta que se descubre el engaño. Y en eso estamos.


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