Desconfíen siempre del Gobierno

Los brotes están aún poco verdes en banca

Los resultados del conjunto de las entidades de depósito en 2013 han sido recientemente publicados por el BdE y merecen una reflexión, porque aunque han pasado a ser positivos (casi 8 mil millones de euros) después de dos años de inmensas pérdidas (15 mil y 74 mil millones de euros en 2011 y 2013 respectivamente), no son tan halagüeños como parecen.

El margen de intereses sigue cayendo

El margen de intereses, la diferencia entre los cobrados y los pagados, ha caído un 24% desde el comienzo de la crisis en 2008 y un 38% desde los máximos del sexenio crítico en 2009. Sin embargo, esto no es lo más relevante, tanto como que en 2013 ha vuelto a caer un 18%. Es decir, la vuelta a beneficios no ha sido gracias a este margen que es la base del negocio bancario. Si ampliamos esta base, sumando los ingresos por netos por dividendos y comisiones, con lo que ya obtenemos el volumen completo de ingresos que tiene la banca para atender sus gastos generales y su morosidad, obtenemos un margen bruto que en 2013 ha continuado cayendo (-6,7%), a pesar de que al final se hayan obtenido, por fin y tras dos años, beneficios.

Los gastos generales de la banca han caído mucho menos que los márgenes antes mencionados para iguales periodos: 9,2% desde 2008, 8,9% desde 2009 y 0,6% en el ejercicio 2013. Es decir, parece que ya han tocado suelo, aunque los márgenes con los que deben ser atendidos, que han caído con más fuerza, continúan bajando.

Tanto que no pueden permitirse ya más morosidad

La reducción de los márgenes puede explicarse por tres razones. La primera sería que los tipos de interés que las entidades cobran a sus clientes son sensiblemente menores ahora que a comienzos de la crisis (por ejemplo el Euribor a 12 meses ha pasado del 5,5% al 0,6%). La segunda porque esa reducción de en los intereses cobrados no se ha trasladado con igual intensidad a los intereses pagados por razones obvias: una vez alcanzado el tipo del 0%, no se puede continuar reduciendo la remuneración. Esto explica en parte el incremento en las tarifas por comisiones por servicios financieros. Incremento que, sin embargo, no ha permitido una compensación suficiente a las entidades por la mayor resistencia que tienen los clientes a pagar que a dejar de cobrar. Resistencia de la que, además, se ha aprovechado la competencia entre entidades.

La reducción de las pérdidas por morosidad es lo que ha permitido a las entidades volver a los beneficios por sus actividades de explotación después de que los tres últimos trimestres de 2012 y, lo que es más preocupante por la reincidencia, el tercero de 2013 cosecharan pérdidas. Son los extraordinarios y los créditos fiscales los que al final explican el 92,8% de los beneficios del ejercicio.

Parece que el problema de la morosidad comienza a remitir, pero con márgenes tan exiguos cualquier repunte, por pequeño que sea, puede volver a meter al sector en pérdidas. No le han servido a las entidades hasta la fecha para paliar estos problemas, el incremento de los diferenciales aplicados a sus operaciones de préstamo porque el volumen de las mismas, consecuencia de las mayores exigencias de recursos propios, ha decaído. Además, dicho volumen no parece que pueda crecer fuertemente mientras la aplicación de Basilea III, hasta diciembre de 2018, despliegue sus efectos y los continuos déficit públicos sigan absorbiendo en condiciones privilegiadas el escaso crédito que vaya aflorando. 


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