Desconfíen siempre del Gobierno

Ya está bien de que me pisen las ideas

No sé si da gusto estar tan bien acompañado en este columnario de Voz Pópuli. Tan bien acompañado, yo diría que demasiado bien, que hasta siento cierto resquemor de mis compañeros porque escriben cosas que se me habían ocurrido a mi. Comienzo a pensar que mis vecinos de tribuna me tienen puesto algún extraño chip emisor en mi cerebro con el que capturan mis ideas. Eso es lo que han hecho esta semana María Blanco (Banca y Estado: un matrimonio de conveniencia) y Javier Benegas (Los problemas de la concentración bancaria).

Artículos que les recomiendo vivamente leer, si no lo han hecho ya, pero siempre que me imputen a mi la autoría intelectual que, insisto, me corresponde. En cualquier caso, y como don Jesús no me paga por comentar lo que se publica en su diario digital, voy a continuar con la oportunidad que me brinda don Javier, una de las pocas voces públicas -como no podía ser de otro modo en este medio- junto con la mía, crítica con la concentración bancaria y tal vez otro día continúe con doña María de las Godivaciones y sus aportaciones al complejo bancoestatal.

Los microcréditos también son necesarios en Europa

Nos encontramos con que el buenísimo políticamente correcto está siempre abogando por las denominadas iniciativas financieras de inclusión social. En ese sentido, se nos exponen las bondades que se derivan de las políticas de microcréditos que se llevan a cabo en determinadas áreas del planeta, o entre determinados segmentos de la población. Permiten la creación de microempresas y de empleos. Generan en los individuos un sentido de la responsabilidad del que sólo se derivan mejoras para la cohesión social, que se manifiestan en beneficios muchas veces mensurables, como son los económicos. Sin embargo, esto que parece que es bueno para los pobres, hemos llegado a la conclusión de que no debe serlo para nosotros, los occidentales ricos, que estamos sobraditos. El efecto es que nos hemos cargado las cajas de ahorros y estamos siempre abogando por las grandes entidades financieras.

El problema de las cajas de ahorros no es, como piensan algunos, la ausencia de propietarios. Aunque no cabe duda de que los bienes con propietarios, que como tales tienen interés en su conservación o en su transmisión, son más fáciles de preservar. El problema han sido las reformas de su legislación de órganos rectores de 1977 y 1985, que so pretexto de modernizarlas quiso convertirlas en bancos y atribuir el control de las mismas a la clase política. No cabe duda de que un banco y una caja de ahorros son entidades financieras, pero sus objetivos sociales no son iguales.

Dichos objetivos sociales informan sus políticas y requieren órganos de control distintos: un grupo de propietarios en el primer caso, un grupo que represente al territorio en el segundo. Los políticos se arrogaron la representación territorial del grupo de control de las cajas, que dejaron, a continuación, de ser entidades ligadas al territorio. Eran bancos sin accionistas controlados por un órgano de representación de un territorio con el que cada vez tenían menos identificación. Es decir: un pastiche. Todo esto sin poner en duda, porque hoy no tengo cuerpo de 15-M, la representatividad de los políticos.

Si no se hubiera pretendido convertir a las cajas de ahorros en bancos hace ya treinta años, tampoco habríamos asistido al debate, tambien desde hace treinta años, de la necesidad de su privatización porque su forma de gobierno no parecía la adecuada. Finalmente la forma no era la adecuada porque, insisto, habían dejado de ser propiamente cajas. Luego, de nuevo insisto, está el problema del comportamiento de los políticos y muchos de los directivos que les auxiliaron en la dirección de estas entidades.

Recuperar lo que inventamos en Europa hace 800 años

Algunos me dirán que en un mundo globalizado no podremos competir con entidades pequeñas, pero es que esa no es una preocupación razonable en un individuo corriente. Lo que necesita un pequeño comerciante o un padre de familia es una entidad financiera que le de servicios financieros locales y para eso no necesita a Goldman Sachs en su pueblo. La globalización no es sino la conexión de todas las localidades, y los individuos que las componen, no la de los Estados con su manía de los campeones nacionales.

Tenemos en España el ejemplo de las Cajas Rurales: cooperativas de crédito que siendo las instituciones más pequeñas del sistema bancario no nos han dado ningún quebradero de cabeza durante la crisis ni tienen prisionero al poder político, como las grandes entidades, y están ligadas a su territorio y a los intereses del mismo sin las tonterias del nacionalismo. En Alemania el número de cajas de ahorros es inmenso pero los problemas los han dado los grandes bancos. Podemos seguir poniendo ejemplos.

Ahora, como les decía al principio, nos damos cuenta de las virtudes del microcrédito que inventaron los montes de piedad, ligados siempre a la acción social de la Iglesia, en la Edad Media. Europa para ser sólo tiene que fijarse en por qué venía haciendo lo que venía haciendo y no en querer hacerlo todo nuevo. Ya verán cómo habrá que reinventar las Cajas de Ahorros, pero sin políticos, que se las encontraron inventadas y se las han llevado por delante en treinta años.


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