Desconfíen siempre del Gobierno

La amable violencia de Podemos

Mucho se viene diciendo del fenómeno político que ha resultado Podemos. No cabe duda de que es una reacción, que para unos es sorprendente y para otros, tardía, contra el deterioro económico y social que padecemos. Sorprendente porque parecía difícil que, a estas alturas de la Historia, con la memoria tan viva que tenemos aún de la caída del comunismo y de sus crímenes, pudiera surgir un movimiento tan cercano al mismo. Tardía, porque la descomposición de la moral pública no comenzó con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y ya venía siendo hora de que los perjudicados comenzaran a demostrar su malestar. Sin embargo, Podemos, que no es original en su nombre (recuerdan el We can de Obama) ni en sus denuncias (el concepto casta para dirigirse a la élite políticoeconómica fue acuñado mucho antes por el periodista de derechas Enrique de Diego), ha resultado eficaz en la transmisión de un mensaje que puede tildarse de amablemente violento.

Ahora o nunca…

Podemos tiene prisa en conquistar el poder. Sus dirigentes son buenos politólogos y saben leer bien en los astros de la política cuando se dan las condiciones para la toma del mando. Por otro lado, dichos dirigentes están tan fuera del sistema que no participan de los pecados del mismo, lo que los presenta como seres beatíficos ante unos ciudadanos hartos de la falta de moralidad pública de los actuales dirigentes. Están tan fuera del sistema que han conseguido estar fuera de la lógica (ellos dirán que la imperante) y la discusión sobre la racionalidad de sus propuestas no les importa: son planos distintos en el espacio. Así, cualquier razonamiento que intente mostrar que es imposible hacer lo que dicen, o que los hechos refutan sus afirmaciones, no les afectará, ni a ellos ni a sus seguidores. La presión que ejercerá el movimiento, partido recién constituido, sobre la política ortodoxa será tan similar e insoportable como la de Ghandi sobre el Imperio Británico. Lo que no impidió tras la independencia, las matanzas entre musulmanes e hindúes, ni las guerras entre India y la secesionada Pakistán, a su vez vuelta a dividirse con la separación de Bangladesh. Desde que se inventó la televisión, el que se enfada primero, pierde. Y eso lo sabe muy bien don Pablo Iglesias.

Todos los gobiernos en Occidente son revolucionarios, que no evolucionarios. No pretenden tomar razón de la Historia, sino escribirla. Podemos es más revolucionario aún y, por lo tanto, es preferido a la copia mala que resultan los partidos tradicionales, incluido el PP. La gente, ese concepto que sí creo que es original de Podemos, es en su mayoría hoy revolucionaria y no pretende escribir su historia sino que se la dicten, porque nada hay más esforzado que vivir. El protagonista de la Historia es el Gobierno y hay muchos a los que les gusta el protagonismo y poco los papeles de secundario. El cierre de las academias de actores, tiene mucho que ver con el salto del grupo de politólogos de que hablo a la lucha política.

…pero siempre sin Dios

La dirección política de Occidente ya no está sujeta al juicio de Dios a través de ese evaluador externo de calidad, con sus fallos, que era la Iglesia Católica. Razón por la que ha devenido en un grupo de bandidos, como nos advirtió San Agustín. Los ataques a la Iglesia de Podemos y de sus enemigos tienen la misma base. La oportunidad para los primeros surge del abandono de los segundos de dicho juicio. Sin embargo, cuando alcancen el poder tampoco estos querrán someterse al mismo. El cambio del concepto de bien común por el del voto individual, que cada uno vende al mejor postor, impide a los ciudadanos alcanzar aquél dando satisfacción al segundo. Cuando lo descubran, ya habrán llegado los gulags.

Desmontar Podemos, como algunos pretenden, es más difícil de lo que parece. La lógica desatada por el abandono de la idea de bien común en favor de la de la eficacia general y satisfacción individual del voto, termina en Podemos. La otra lógica termina en un hospital de Madrid con una infección de ébola.


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