Desconfíen siempre del Gobierno

¿Viudedad o divorcio?

La publicación de los resultados del primer semestre de 2014 que está haciendo la banca española junto con la noticia de la venta de Cataluña Caixa a BBVA, comienza a dejarnos cada vez más claro las diferencias de gestión que se hacen en los ámbitos privado y público a las crisis empresariales.

Hay diferencias en la gestión de crisis bancarias…

Los bancos, salvo dos casos muy pequeños y uno de ellos era filial de una caja de ahorros, no han requerido ayudas públicas. En algún momento, he temido que, dada la fuerte reducción del margen de intereses que venían experimentando en los últimos cinco años, ni muchas entidades que iban capeando el temporal llegaran a ser capaces de absorber la morosidad, aunque esta fuera reduciendo sus ritmos de crecimiento hasta pasar al decrecimiento. Sin embargo, los resultados de este semestre ya muestran unos márgenes de intereses crecientes que pueden soportar los impagos que siempre se producen en la actividad crediticia. Todo su saneamiento, el de los bancos, se ha hecho con cargo a sus patrimonios. Toda su recapitalización con cargo a sus accionistas o a una reducción del riesgo que, por otro lado, ha beneficiado a un Estado con fuertes necesidades de financiar su déficit.

Las antiguas cajas, hoy reconvertidas en bancos, continúan en muchos casos, no en todos, necesitando la ayuda pública y su evolución en manos de gestores públicos no nos permite ser optimistas sobre la recuperación de los fondos públicos inyectados. La noticia de la venta de Cataluña Caixa, que evidencia un desastre, no deja de ser buena porque al menos se recupera el 6% (700 millones de euros) del capital público inyectado (12.600 millones de euros) antes de que se evapore totalmente.

Y un solo escenario tras la crisis

Sin embargo, no por eso, podemos estar satisfechos con el escenario poscrisis que comenzamos a vislumbrar: un sector más concentrado, un mayor número de entidades demasiado grandes y una obsesión de las autoridades por el tamaño como modo de superar las crisis. El tamaño sólo nos asegura que el sector público intervendrá (léase asumirá los costes) si una institución suficientemente grande atraviesa problemas que ponen en duda su viabilidad. Sin embargo, durante la crisis, las pequeñas entidades no nos han dado problemas, tal vez porque sus gestores sabían que nadie iba a acudir en su rescate si llegaran a tener problemas.

La concentración reduce la competencia, que tanto beneficia al consumidor, y, por otro lado, aumenta los riesgos sistémicos, contra los que pretende ahora luchar la nueva regulación de supervisión prudencial. La tutela del sector público, de una parte, y sus necesidades de financiación crecientes, de otra, están, además, expulsando del mercado de crédito a amplios sectores de la población, motivo por el que las actividades denominadas de shadow banking, o banca paralela o no regulada, comienzan a crecer de manera preocupante para la banca regulada. Sin embargo, dicho crecimiento no sólo es una respuesta de la vitalidad social a sus necesidades, sino que puede ser un alivio para los estados, por un lado, y una preocupación para los mismos, por otra. El alivio es que la banca no regulada, o mejor dicho sólo sujeta al Derecho Civil y Mercantil común, no goza de la garantía pública, ni explícita ni implícita, por lo que los impagos y las crisis deberán ser soportados por los operantes en dicha actividad. La preocupación: esos actores no le van a financiar a los estados sus déficit tan barato como se los financia el complejo mecanismo de banca central-banca privada regulada que, por otro lado, es el origen de la crisis y que tantos sustos le viene dando. Tendrán que pensarlo. No sé si al matrimonio banca-estado comienza a interesarle un divorcio antes de que uno de los dos se quede viudo con el desarrollo de la banca no regulada.


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