Desconfíen siempre del Gobierno

Van cayendo mitos... y seguridades

Creo que en pocas materias científicas hay tantas explicaciones que recurren al mito como en Economía. El mito es una figura explicativa de la realidad que carece de racionalidad, aunque pueda aparentarla, pero claramente tiene un carácter pre-científico. Sin embargo, en el discurso público poner en duda los mitos que se venían utilizando para explicar la realidad porque la tergiversaban, podía ser peligroso, hasta físicamente. Y si no me creen, prueben a contar algunas realidades económicas poniendo en duda el mito delante de determinados individuos, especialmente los que se consideran a sí mismos progresistas.

La emisión de moneda tiene algo que ver, si no con el oro, con la riqueza de la nación

Nada más falso que esto. Ya hace mucho tiempo que algunos se enteraron de que el patrón-oro fue abandonado Sin embargo, sigue creyendo la mayoría de la población que la emisión de moneda es algo que tiene que ver con la riqueza nacional y que emitir moneda no es una actividad sin limitaciones para un banco central. De hecho, la mayoría de la gente cuando le explicas que el dinero en circulación sólo depende de una decisión del órgano que dirige el banco emisor te mira con ojos de absoluto asombro porque entiende cada vez menos: entonces ¿por qué no hay dinero suficiente para combatir el hambre en el mundo? o simplemente ¿para arreglar el problema del crédito? La respuesta es fácil: porque lo que faltan, en el primer caso, son alimentos y, en el segundo, es confianza, pero en ningún caso falta dinero. Nunca falta dinero, como creen aquellos que todo lo arreglan con dinero, sino que lo que falta siempre es otra cosa.

Los estados siempre pagan

Es difícil entender como la gente puede creer en esto y en lo anterior a la vez, porque son razonamientos incompatibles. Si el dinero dependiera de algo que está fijo o puede variar poco (la cantidad de oro, el PIB…) está claro que un Estado podría no tener suficiente en un momento dado para hacer frente a sus obligaciones. Sólo si el dinero puede expandirse a la libre voluntad del gobernante, puede éste tener los medios de pago suficientes para hacer frente a cualquier cosa que se le antoje, necesaria o no, justa o no. Entonces, me dirán ustedes: es verdad esta segunda afirmación de que los Estados siempre pagan puesto que pueden emitir la cantidad de dinero que deseen. Pues sí pero a medias: siempre podrán pagar las obligaciones asumidas en la moneda de la que son emisores, pero no de la que no lo son. Esto, les puede hacer entender mucho de lo que pasa en la zona Euro.

Sin embargo, esto nos da una posible solución a los problemas de cualquier Estado: adquirir cosas que se pagan sólo en su moneda. Claro que para poder hacer esto, todo lo que necesita ese Estado debe producirse en su territorio y, además, obligar, como de hecho hacen, a ser vendido a cambio de la moneda propia de dicho Estado y no otra. El problema surge cuando hay que comprar fuera y el vendedor puede negarse a aceptar la moneda que se le ofrece. Entonces hay que: o comprar la divisa extranjera a cambio de la propia o endeudarse en aquélla. En ambos casos necesitamos la cooperación de un tercero sobre la que el Estado no tiene capacidad de coacción pues o bien nos vende la divisa, o nos la presta. Sólo la prestará si confía en que se la devolverán y sólo la venderá si confía en el valor de lo que se le entrega. Claro está que algo que se autojustifica, es difícil que tenga valor. Algo parecido a un título académico autootorgado, por ejemplo.

La mayoría de lo que adquiere un Estado es, en sí mismo, un ingreso puesto que lo adquiere a cambio de nada, es decir, sin contraprestación alguna, aunque lo aparente. Lo que un Estado ingresa es parte de lo que se produce en un su territorio que se le debe entregar para financiar sus actividades y son los impuestos. Sin embargo, en lugar de realizarse la entrega física acudimos a ese mecanismo de trueque complejo que es el dinero, que permite al Estado adquirir lo que desea, en lugar de que cada uno le dejemos en la puerta de la delegación de Hacienda correspondiente una parte de nuestro producto y ahí que se las apañe. El dinero permite al Estado compensar las aportaciones de cada individuo a su financiación, pues toma los bienes y servicios que necesita a cambio de dinero y exonera de dichas entregas a cambio de dinero a aquellos cuyos bienes y servicios no necesita.

En ocasiones, el Estado prefiere adquirir a cambio de ingresos que espera en el futuro y, entonces, emite deuda.  O si lo quieren ver de otra manera, adquiere bienes y servicios de unos a los que entrega dinero sin haberlo recibido previamente de otros cuyos bienes y servicios no desea, como sí ocurría en el caso anterior. No está cobrando impuestos, en pocas palabras. En tal caso, puede pedir el dinero a cambio del compromiso de restituirlo en el futuro. Para restituirlo en el futuro sólo tiene dos vías: o lo fabrica, o recibe menos bienes y servicios para su mantenimiento y recibe dinero que devuelve. Está claro que si lo fabrica, estará entregando la nada y cada vez deberá entregar más nada para adquirir algo. Si recibe dinero, en lugar de más bienes y servicios, está transfiriendo desde los que recibieron el dinero en el pasado a sus actuales acreedores. Está claro, que sólo puede pagar reduciendo su gasto o la emisión de moneda. O ¿por qué no? no generando déficit porque cobra muchos impuestos, más aún, pero eso es muy impopular.

Todo esto parece que no nos gusta verlo y queremos continuar creyendo en aquello que nos decían nuestros abuelos: que los billetes del Banco de España eran una participación en el oro nacional, o en lo que más recientemente nos decían los arbitristas políticos: que un Estado no puede quebrar. Sin embargo, los primeros desconocían que el patrón-oro se había abandonado y siempre se hacían esta pregunta que los segundos nunca se hicieron: ¿y todo esto quien lo paga?


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