Desconfíen siempre del Gobierno

A la UGT le ha caído un 'Rallo'

Impresiona el comunicado de UGT exigiendo que no se le permita el acceso a RTVE a don Juan Ramón Rallo dado que es un liberal conspicuo, entre los liberales por supuesto, que pide la privatización de las emisoras de radio y televisión públicas.

El sentido de lo público

Algunos de los argumentos son tan absurdos (que un liberal no debe recibir emolumento alguno de un ente público) como los de aquellos que critican que los partidarios del comunismo adquieran bienes en el mercado: ¿dónde los van a adquirir si no? Es más, probablemente a base de experimentar la diferencia entre los bienes y servicios provistos por el Estado y por el mercado, es posible que muchos de ellos terminen abandonando la fe que profesan, porque no otra cosa que fe es el comunismo. Otros argumentos, como el de que no puede mantenerse el cierre o privatización de las emisoras públicas desde las mismas, sólo demuestra que la UGT no comprende el sentido de lo público o sus peligros.

Una emisora pública en una sociedad libre debe permitir que se escuchen todas las voces que no atenten contra la misma libertad de dicha sociedad. Lo que no atenta contra la libertad puede no estar claro en algunos casos, especialmente si no lo están los valores de dicha sociedad, pero eso…es otra historia. En una sociedad no libre, una radio o televisión pública es un aparato de propaganda del gobierno de turno, que intentará que su turno sea lo más largo posible acudiendo lo más mínimo a la violencia física, que siempre es desagradable. En cualquier caso, no parece que en Occidente no se pueda discutir si la titularidad de los provisores de bienes y servicios debe o no ser pública, en qué circunstancias, para que bienes y servicios, etc…

Las ventajas de lo privado

Lo relevante, sin embargo, es que la UGT ha descubierto en sus carnes las ventajas de la titularidad privada de los medios de comunicación: si RTVE fuera de UGT (¡hagan una oferta!) estaría en su pleno de derecho de no permitir al señor Rallo el acceso a sus instalaciones para difundir ideas tan extrañas como que UGT puede, si lo desea, ser propietaria de una emisora de radio y televisión. Es más, UGT, dueña de su emisora, podría dar cabida a otros líderes de opinión que exigieran que todo el sector fuera nacionalizado (previo pago del correspondiente justiprecio a los legítimos propietarios). Es posible que piensen que si todas las emisoras fueran privadas nadie defendería la idea de que pudieran ser públicas todas o algunas. Nada más lejos de la realidad. No hay más que ver lo medios privados españoles para constatar como, por las motivaciones que sean, muchos de ellos defienden posiciones nada liberales y sí muy intervencionistas. De hecho, yo temo mucho la concentración del sector, porque eso puede facilitar que prefieran propagar la idea de que debe ser un servicio público de provisión privada financiado con cargo a los presupuestos generales en lugar de competir por la audiencia.

El espacio radioeléctrico

El problema de los medios que utilizan el espacio radioeléctrico, como se dice ahora, es que con su regulación hemos acabado con la libertad de imprenta, por la que se luchó en otros tiempos. ¿Qué sentido tiene, si no es el de controlar lo que se emite, que el Estado se reserve la concesión de licencias? ¿No deberíamos reclamar la libertad de emisión, la nueva libertad de imprenta, sin más ordenación que la de un registro de frecuencias? ¿Es el espacio radio eléctrico, el aire que es propietario de la Tierra según dijo alguien, propiedad del Estado acaso?

Que la respuesta a estas preguntas se pueda discutir públicamente, que no quiere decir necesariamente en lo público, me parece muy interesante. UGT podría ¿por qué no? ofrecernos su argumentación, si no fuera porque parece que le ha caído un 'Rallo'.


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