Desconfíen siempre del Gobierno

Renta 2011: ¿Quién paga el Estado del bienestar?

Estoy convencido de que los ciudadanos están a su vez convencidos de que el Estado del Bienestar lo pagan los ricos, que siempre son otros, y que, por tanto, siempre reciben más de lo que entregan a dicho Estado. Todo lo más, algunas personas de clase media alta pueden llegar a pensar que contribuyen en más de lo que reciben, pero la diferencia les parece un coste de solidaridad razonable. Sin embargo, las cosas cambian cuando uno hace el más mínimo análisis.

Estamos en la campaña de renta. Hagan números.

Eso es lo que me ha pasado a mí este fin de semana. Una amiga me trae su declaración de la renta para que se la revise. Una nómina de 994€ brutos mensuales, con derecho a dos pagas extras, por la que durante todo 2011 ha recibido 820€ netos mensuales como consecuencia de su contribución a la Seguridad Social (74 € mensuales) y al IRPF (otros 100€ mensuales). Al final, tenemos un ingreso bruto anual de 13.916€ netos, que se han quedado reducidos a 11.628€ netos: aparentemente, un 16,5% de contribuciones al Estado del Bienestar durante 2011. Podría parecer razonable, máxime cuando, al terminar de hacer la declaración, le sale a devolver 600€, gracias a que mi amiga viene dedicando 3.420€ anuales a pagar una hipoteca; si no, la devolución habría sido de tan sólo 87€. Pero vamos a lo que vamos: esta devolución, casi una tercera paga extra, que incrementa sus ingresos netos a 12.228€ anuales, rebaja la contribución a un 12,1%. No está mal.

De repente, mi amiga, cuando le estoy explicando que los 600€ son una devolución, y que, como su salario es muy bajo, le convendría ver qué posibilidades hay de que le retuvieran un poco menos, para evitar esos 50€ que se lleva mensualmente se lleva el Estado de más, que finalmente le van a devolver y que le vendría muy bien recibir por anticipado, me indica una casilla que aparece al final de su nomina: coste de empresa= 1386€, y me pregunta: “¿Esto qué es?”. Le cuento que exactamente eso: el coste de la empresa, es decir, que su empresario no sólo le da a ella 820€, e ingresa en Hacienda y la Seguridad Social otros 174€ todos los meses, que suman los 994€ de su nómina, sino que además paga a la Seguridad Social 392€ todos los meses por tenerla contratada. Ella misma concluye, en un tono entre sorprendido y asustado: “Pero, si lo paga, es porque yo lo produzco, ¿no?”. Parece que una sombra de temor ha cruzado su mente: si su empleador tiene que pagarle a ella 994€ mensuales, junto con 392€ adicionales, puede que la empiece a considerar muy cara y se plantee despedirla. Le aseguro que no tiene por qué preocuparse. Lleva ya varios años trabajando y su jefe siempre supo que no sólo tenía que pagar el salario bruto, sino también la contribución empresarial a la Seguridad Social. De hecho, si lo piensa bien, es exactamente lo que ella ha dicho: al menos produce la suma de las dos cantidades, 1.386€ al mes. Al final, ella concluye, con buen criterio, que su salario mensual es, en realidad, ese: 1.386€, y que su jefe le da sólo 820€ a ella, mientras ingresa todos los meses 100€ en Hacienda y otros 466€ en la Seguridad Social. Vistas así las cosas, mi amiga gana 18.620€ anuales, de los que le llegan finalmente, incluidos los 600€ que le van a devolver, 12.228€, como ya hemos visto antes. Esto quiere decir que mi amiga ha contribuido al sostenimiento del Estado del Bienestar con el 34,3% de sus ingresos, o, si lo prefieren ustedes, de lo que produce. Mi amiga se va impresionada tras comprobar que de su esfuerzo salen 6.392€ al año para sostener el Estado del Bienestar. Me callo y no le cuento que de lo que le queda, 12.228€ para todo el año, el Estado todavía rebaña.

Y nos falta el IVA…

Mi amiga no ahorra, como ustedes pueden comprender, aunque le gustaría, ya que está convencida de que ello le ayudaría mejorar su suerte y a enfrentarse a cualquier tipo de imprevisto. Como no ahorra, lo consume todo. Es probable que algunos piensen que es precisamente lo que debe hacer para contribuir al relanzamiento de la Economía, pero en su caso no es virtud, sino necesidad. De hecho, como les comento, a ella le parece que hay más virtud en ahorrar, pero es que no puede. Espero que los keynesianos lo comprendan. Todo lo que compra paga IVA, menos la hipoteca que se lleva 3.420€ al año como vimos antes, lo que supondría que mi amiga sólo adquiere bienes y servicios por valor de 7.464€ en el año, a los que el Estado grava con otros 1.344€, si el IVA de todo lo que adquiere fuera el correspondiente al tipo general del 18%. Al final, mi amiga, que ha concluido que produce o ingresa 18.620€ anuales, se encuentra con que paga anualmente por Seguridad Social 5.592€, por IRPF otros 800€ y por IVA 1.344€. Llámenlo de un modo u otro, pero mi amiga contribuye al Estado del Bienestar con 7.736€ de los 18.620€ que produce, o lo que es lo mismo con el 41,5% de su contribución al Producto Interior Bruto de España. Tal vez un poco menos cuando va de bares o de farmacias, cuyos productos pagan menos IVA. Por otro lado, si mi amiga no tuviera hipoteca, que desgrava y no paga IVA, y aumentase con el importe que dedica a la misma su consumo, habría contribuido con 8.692€ a lo largo del año a las arcas públicas, es decir: con el 46,7% de su producción. Está claro que el gran beneficiario de su consumo es el cobrador del IVA.

Mi amiga no puede dejar de pagar a la Seguridad Social, al menos mientras tenga trabajo, con el IRPF tiene un cierto margen de maniobra en función de si se hipoteca o no, pero al menos, me dirán los defensores del Estado del Bienestar, siempre puede dejar de consumir. De ese modo, dicho Estado no sólo no ingresaría los importes por IVA calculados, con el consiguiente perjuicio para los ingresos públicos, sino que la presión fiscal se reduciría al 34,3%. Pero esto produciría un efecto no deseado por los economistas que defendemos el ahorro, porque siempre estamos pensando en el largo plazo: si mi amiga deja de consumir, dejará de contribuir definitivamente al consumo, que tan necesario es para el relanzamiento de la Economía, que dicen los keynesianos. De hecho, la famosa sentencia de Keynes (a largo plazo todos muertos) se podría cambiar por un a corto plazo, sin consumo, todos muertos. Está claro, que el Estado del Bienestar no quiere eso y le deja a mi amiga una pequeña renta mínima de subsistencia, porque parafraseando a Marx: el explotador necesita que el explotado no desaparezca… ni mejore su suerte, lo que exige que lo consuma todo. Al fin y al cabo, es lo único que le dejan nuestras autoridades, que le impiden decidir a qué dedica hasta el 46,7% de su renta. Ahora me cuentan quién sostiene el Estado del Bienestar.

@rubenmansolivar


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