Desconfíen siempre del Gobierno

Recortando (y vendiendo)

Pues yo no es que quiera ser cenizo, y mucho menos en estas fiestas, pero a mi me parece que recortando 16.500 millones, como anuncia el Ministro de Economía señor de Guindos, mejoramos pero no suficiente. Vamos que, en mi opinión, el recorte debe ser más elevado. Aunque claro, siempre me pueden decir que poco a poco y eso puedo comprenderlo, aunque no sea yo nada político. Me explico.

Las últimas cifras sobre el déficit de caja del Estado, cierre de noviembre, indican un saldo de 38.500 millones de euros. Dado que los gastos por intereses en igual periodo han sido de 22.000 millones, parece que el objetivo del ministro es recortar los gastos hasta que el saldo primario (diferencia entre ingresos y gastos excluidos intereses) sea cero, o lo que es lo mismo: hasta dejar las cuentas públicas en una situación en la que los ingresos corrientes permitan hacer frente a los gastos corrientes públicos pero no a los intereses, que constituirían entonces todo el déficit público o, lo que es lo mismo, el incremento de nuestra deuda pública. Es un primer paso, no cabe duda. Demostraríamos que podemos hacer frente a nuestros gastos, pero no sé si eso dejaría tranquilos a los acreedores internacionales, a pesar de la mejora. Al fin y al cabo, ellos no experimentarían en esa situación otra cosa distinta a que le estaríamos pagando su deuda y, lo que es más importante, los intereses de su deuda, con nueva deuda. Pero para empezar no está mal si se logra, que espero que sí.

Este primer recorte, aunque insuficiente, debería tranquilizar un poco a los mercados, lo que podría favorecer una reducción de los tipos de interés que se aplican sobre el endeudamiento público. Intereses que suponen la segunda partida de gasto del Estado, casi igualando a la primera que es, como es lógico, el gasto de personal, con 22.000 millones de euros o, si quieren verlo de otro modo un 2,2% del PIB. De hecho, el servicio de la deuda comienza a ser el verdadero problema de nuestro presupuesto. La Administración de Zapatero, igualmente con datos a noviembre, había conseguido reducir los gastos del Estado excluidos dicho servicio en 29.000 millones de euros (para que luego digan que no hacían recortes) con los que compensaba más que de sobra la caída de los ingresos de 22.000 millones de euros, como consecuencia de la atonía de la actividad privada que, en consecuencia, pagaba menos impuestos. Sin embargo, el crecimiento de los intereses se comió la mitad de la reducción del déficit en 7.000 millones que se derivaban de la reducción anterior de gastos e ingresos. ¡Tanto esfuerzo, para que la mitad del resultado del mismo se lo lleven los acreedores!.

Bien me podrán decir, que es probable que en cuanto lleguen a notarse los primeros efectos positivos de las medidas, la actividad económica se reactivará y los ingresos públicos aumentarán, lo que reducirá aún más el problema del presupuesto público. Es cierto, pero con las cifras actuales una reducción de 16.500 millones de euros en los gastos públicos nos deja con un déficit, insisto que a noviembre, de 22.000 millones de euros que exigirían unas muy fuertes y rápidas, en ambos casos, recuperación de los ingresos y reducción de los tipos de interés, respectivamente. La única solución posible para reconducir rápidamente la situación pasa por la venta de bienes públicos que tiene, bajo mi punto de vista, un enemigo, al margen del ideológico de siempre: aquellos empeñados en que el Estado les compre a ellos sus activos y no venda, a su vez, los suyos, para que no caigan los precios. No sé si desconfío más del Gobierno o de estos últimos.


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