Desconfíen siempre del Gobierno

La RFEF salvará a España

Esta claro que sólo hay una institución en España con poder para parar en seco la deriva independentista de Cataluña. No es la Constitución de 1978, con su artículo 155, que permitiría al Gobierno de la Nación suspender la autonomía de un territorio cuando el correspondiente gobierno regional hiciera un mal uso de la misma, aunque nadie pueda discutir que es un mal uso, al menos desde el punto de vista constitucional, la ruptura de la unidad nacional. Tampoco van a ser las Fuerzas Armadas, amparándose en las obligaciones dimanantes del artículo 8 del texto constitucional, dada su subordinación al poder político civil. Tampoco la Corona parece que tenga la fuerza suficiente para mantener la unidad nacional, ni con mensajes en su página electrónica, ni acudiendo a la legitimidad histórica de que goza.

Razones económicas

De las razones económicas, ni hablemos. La racionalidad económica nunca interfiere en el sentimentalismo político. Las consecuencias para las empresas catalanas que venden en el resto de España no son suficientes. La deuda pública que pudiera corresponder al nuevo Estado catalán ni se discute, como si pudiera fundarse sin asumir su cuota parte en el total acumulado entre todos. El tema de quién asume las pensiones de los catalanes, el más espinoso y con el que más daño podría hacerse por el Gobierno de la Nación si quisiera, parece que tampoco es suficiente para parar el movimiento independentista.

Los lazos familiares y sentimentales de los catalanes con el resto de los españoles, fruto de la Historia, no pesan a la hora de templar la agitación secesionista. Las pruebas de corrupción o mala gestión por parte de las élites catalanas y que, en ocasiones, se ponen de manifiesto para denunciar que el movimiento independentista no es sino la tinta del calamar que arrojan dichas élites, no tiene la fuerza suficiente para detener el avance separatista.

La solución: el fútbol

Pero hete aquí que si la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) se pronunciara en el sentido de que el Barcelona F.C. no podría continuar jugando los campeonatos de fútbol españoles, la Liga y la Copa del Rey, en caso de que Cataluña se independizara, el silencio se haría en toda esta algarabía y, de repente, todo el mundo pensaría: Pero ¿estamos locos? ¿Cómo vamos a vivir sin esos, al menos, dos partidos del siglo de los que disfrutamos cada año? ¿No somos una misma Nación, la mejor del Orbe, la única que disfruta de no menos de trescientos partidos del siglo por centuria? ¿Qué otra Nación puede decir eso en toda la Vía Láctea? ¿No es esta una razón suficiente para mantenernos unidos? Marchemos pues, todos juntos, por la senda futbolística.

No necesitamos Constitución, sino un buen reglamento de fútbol. Y el Rey en su papel: el de árbitro, con su calzón corto, en lugar de vestido de Capitán General, para que todo funcione. El señor Villar, siempre tan controvertido, puede asumir ahora un papel fundamental en la Historia de España: debe salir urgentemente al balcón de la Real Federación Española de Fútbol y proclamar que sólo los equipos españoles podrán jugar en las competiciones españolas. Después de esto, todo volverá a la normalidad.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba