Desconfíen siempre del Gobierno

De Montoro, putas y porros

Nunca la cosa pública ha mostrado tanto interés por determinadas actividades que, aunque no siempre son ilegales, sí podríamos clasificar entre aquellas que están más allá de eso que llamamos la moral y las buenas costumbres.

El interés primero ha sido meramente contable: se pretende incluir la prostitución y el tráfico de drogas dentro de los cálculos del PIB. A diferencia de otros quehaceres humanos sobre los que se discute mucho en ámbitos académicos acerca de su inclusión en dicho producto o no, como es el trabajo de las amas de casa o el voluntariado, aquellos dos generan corrientes financieras reales, lo que justificaría su cómputo puesto que son valorables.

Nos guste o no, lo que es cierto es que son dos actividades en las que hay intercambio de servicios y mercancías por dinero

Hasta aquí, nada que discutir. No creo que los argumentos morales deban entrar en el debate sobre la computabilidad de la prostitución y el tráfico de drogas porque, nos guste o no, pensemos que deban estar prohibidas o no, lo que es cierto es que son dos actividades en las que hay intercambio de servicios y mercancías por dinero. Son riqueza, aunque no sean bienestar. Y riqueza es lo que mide el PIB. El bienestar es otra cosa.

Sin embargo, querría llamar la atención sobre los motivos por los que las autoridades muestran tamaño interés. Es sencillo: tanto el límite al déficit público como el peso de la deuda pública en circulación, se miden en relación con el PIB. Dicho de otro modo, dichos límite y peso se calculan dividiendo un importe: la diferencia entre ingresos y gastos públicos, en un caso; el volumen de deuda pública en circulación, en otro, entre el PIB. Ergo si el PIB es mayor, el límite es más amplio y el peso menor. No es una broma, porque dicen los expertos que ese ajuste elevaría un 4,5% el PIB, lo que por la magia de los números permitiría elevar el límite de déficit en un 4,7% y reducir la estimación del peso de la deuda pública en igual porcentaje. Así, los proxenetas, las putas y los camellos se convertirían, por mor de un apaño en la metodología estadístico-contable, en los mejores aliados del Gobierno para cumplir con sus objetivos.

Endeudamiento adicional

Vamos a ver esto en cifras. El último dato del PIB español habla de 1,36 billones de dólares (se mide en dólares), por lo que al cambio actual estaríamos en el billón redondito (un 1 y 12 ceros) de euros. Así, una elevación del 4,7% del límite de déficit permitiría al Gobierno gastar 2.600 millones de euros más en 2014 sin sobrepasarlo. Respecto de la deuda pública, que se acaba de estimar en el 96,8% del PIB y se prevé que llegue al 99,5% a fin de año, resultaría que simplemente estaríamos en el 92,6%, y al final del año en el 95,2%, o que el Estado podría endeudarse en 47.000 millones de euros adicionales sin que variasen los dos porcentajes primeros.

Conviene no perder el norte. Computar la prostitución o el tráfico de drogas puede tener sentido económico, pero no mejora nuestra situación. Ni siquiera podemos pensar que desconocíamos que no era tan mala. La riqueza que esas dos actividades aportan a la salud de las cuentas públicas vía impuestos es la misma antes o después de su cómputo.

No puede servirnos este ajuste estadístico para darnos alegrías, porque los ingresos públicos no variarán

Los impuestos que, todos indirectos porque consumen, chulos, putas y camellos, pagan al señor Montoro, no varían porque se sume al PIB los ingresos que estos colectivos producen. Impuestos directos no pagan porque no se declaran, por motivos obvios, tales actividades. Así que no puede servirnos este ajuste estadístico para darnos alegrías, porque los ingresos públicos no variarán por la nueva metodología, ni el volumen de deuda pública, ni los intereses que hay que pagar por ella.

Cosa distinta es si se legalizan estas actividades y se someten a imposición directa y cotización a la Seguridad Social. Eso sí es un avance económico real (más ingresos) para las cuentas públicas, que parece que gusta a los técnicos de Hacienda, según declaraban esta semana. Pero, claro, cuidado con lo que hacemos porque nada que haga un contribuyente es censurable por el Estado que le cobra, y, más importante, por aquello de que lo que se legaliza, se moraliza.


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