Desconfíen siempre del Gobierno

Mariano Caracoyote

A pesar de nuestra mala situación económica, los españoles hemos mantenido un cierto orgullo porque nos estábamos librando del rescate. No como los griegos. Este orgullo era fruto de ese juego que de las emociones hace la clase política y que ha expulsado toda la racionalidad de la actividad pública en favor de los sentimentalismos. El rescate se planteaba por el actual Gobierno, cuando estaba en la oposición, como el hecho claro que demostraría a todas luces el fracaso económico del Gobierno anterior, que ahora está en la oposición. Pero hete aquí que llegaron las elecciones del 20-N y todavía no se había acudido al susodicho rescate, al menos de manera explícita, con lo que el nuevo ejecutivo se encontró con una granada a punto de explotar. Ahora tenía dos posibilidades: intentar parar el mecanismo de ignición del artefacto o pone la cara del Coyote cuando le sobrepasaba a gran velocidad el Correcaminos y le dejaba con una de aquellas bombas gordas y negras encedida y en sus manos.

Apaguemos la mecha antes de que todo explote

Pues esta no parece que haya sido la alternativa escogida por nuestro Gobierno. Llevo mucho tiempo diciéndolo, también en este blog, y últimamente lo han escrito en la prensa internacional economistas mucho más reputados que yo, lo que como comprenderán me ha hecho ganar dos o tres tallas de autoestima que ya se encargará mi esposa de hacer bajar antes de que comience el curso. Las reformas eran urgentes hace unos meses y ahora son urgentísimas. Algunas se han tomado en las últimas semanas, si bien lo que más se ha hecho no son tanto reformas, como tomar medidas de carácter extraordinario que no es lo mismo. El Gobierno no se atreve a parar el mecanismo de ignición, y como su predecesor, prefiere que lo haga el otro. Sin embargo, está en peor situación que el anterior gabinete, el otro, porque a quien le va a explotar es a él y le va a ser muy difícil escapar de su propia propaganda durante la anterior legislatura: el rescate es la prueba del fracaso. No importa si la mecha comenzó a correr en el año 2000 o en 1978, te ha explotado a tí majete, le va a decir una gran parte de la opinión pública.

El big bang

Así que el presidente señor Rajoy, a pesar de algunas medidas extraordinarias, pero por extraordinarias temporales, y de algunas reformas, pero no todas ni las importantes, ha decidido poner cara de Coyote, esperar a que le estalle la bomba, y dibujar su mejor sonrisa mientras aparece chamuscado y poco a poco se convierte en un montón de ceniza. La explosión supone para nuestra clase política un alivio, porque lo duro no es trabajar, sobre todo cuando se sabe lo que hay que hacer, sino decidir y asumir responsabilidades. Los rescatadores le van a decir lo que tiene que hacer, por lo que si no nos gusta: a quejarse al maestro armero que vive en Bruselas. Ellos son unos "mandaos". Con un poco de suerte, en la negociación con el maestro armero, le convencen de que las autonomías y la estructura política del Estado son estupendas y que, puestos a reformar, continuemos con las cosas que afectan más directamente a la población común. Si CaraCoyote salva las autonomías y la estructura política del Estado, el resto de la clase política hará un ejercicio de responsabilidad y comprenderá la dura hora que nos ha tocado vivir y extenderá su mano amiga y comerán perdices y a usted y a mi nos darán con el plato en... Pero si CaraCoyote no se aplica en favor de la casta, el maestro armero vivirá en Bruselas pero las manifestaciones las celebraremos en Madrid, que sale más barato.

Así en las últimas semanas y aprovechando que el calor ablanda la sesera y el entendimiento, se comienza a hablar del rescate, tal vez porque se percibe como inevitable, como algo no tan malo, como la solución a nuestros problemas...Pues bien, claro que no es tan malo. Nunca lo ha sido. No es más que un proceso de renegociación con tus acreedores como el que hacen multitud de compañías acogiéndose a la Ley Concursal antes de ir a un procedimiento que puede acabar hasta con la liquidación forzosa de las mismas. Lo importante en dicho proceso es tener claro que es lo fundamental y qué lo superfluo de tu estructura de gastos, a qué puedes renunciar y a qué no, porque como te equivoques no tendrás segundas oportunidades. ¿Tiene claro CaraCoyote que es lo fundamental?


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