Desconfíen siempre del Gobierno

Manipuladores de tipos

Entre las noticias más graves que he escuchado no sé si en mi vida, pero sí, al menos, en los últimos quince años está la de que hay indicios suficientes como para abrir una investigación de manipulación de los tipos de interés. Pero no de un tipo de interés irrelevante, y por ello fácilmente manipulable, como el que explica a cómo se descuenta la deuda de un pequeño emisor de títulos, sino de un tipo de interés de tan suma importancia como el libor y ello realizado por Barclays en Gran Bretaña. Se dice que el volumen de operaciones que se referencian a esa tasa está en el entorno de los 300 billones de euros. Que esto haya pasado, no debe de extrañarnos. En cierto modo hemos de tener claro que en los mercados operan individuos que, en muchos casos, siempre estarán buscando como sacar una ventaja a costa de los demás sin importarles el medio ni las líneas que se transgreden. Lo que si debe, sin embargo, llamarnos la atención es cómo es posible que alguna entidad, o grupo de entidades, tenga fuerza para por si misma influir en los precios de la mercancía dinero.

Los errores del sistema

En teoría sólo un Banco Central emisor de una moneda podría tener capacidad para influir, y sólo en los tipos a corto plazo, en los tipos de interés. Ahí tenemos a nuestro Banco Central Europeo que, a pesar de las inyecciones de liquidez, sólo consigue tirar para abajo de los tipos en el corto plazo, pero no así en el largo como demuestra el alto coste al que algunos estados soberanos tienen que pagar su financiación. Ni siquiera una compra masiva de deuda de estos estados reduciría de manera permanente sus problemas. Una manipulación de tal calibre no es más que una demostración de a lo que nos conducen una debilidad propia del diseño del sistema financiero y un empecinamiento de nuestras autoridades económicas.

La debilidad proviene de la ausencia de respaldo metálico de los depósitos bancarios o, dicho de otro modo, de la participación de las entidades bancarias en el proceso de creación de dinero. El empecinamiento de nuestras autoridades reside en la incentivación de los procesos de concentración bancaria que, por unas vías u otras, siempre animan. Al final el Banco Central se convierte en el único fabricante de una materia prima que sólo unos pocos pueden transformar y distribuir, lo que permite a estos últimos, con o sin el beneplácito de aquél, adulterar el producto final. Esta es en el fondo la controversia que hay sobre la mesa en el asunto de Barclays y el Banco de Inglaterra.

Las soluciones no son las que nos proponen

Las soluciones a estas situaciones no son, como suele proponerse, más control del Estado sobre la actividad financiera. Mucho control ha habido ya y se han producido estas situaciones. Cuanto más control hay, el controlador exige manos entidades en el mercado crediticio para facilitar su tarea. Al final las pocas entidades que se van salvando terminan por constituir un grupo de intereses comunes con su propio banco central (como en tantas otras áreas de la actividad económica pasa con sus respectivas autoridades) que es difícil desligar. Espero equivocarme, pero ya verán como en las próximas semanas la culpa no es toda de Barclays, ni siquiera de alguno más de sus colegas competidores, sino que comenzará a hablarse del propio Banco de Inglaterra. 

Un castigo ejemplar no es suficiente, aunque no está mal, porque el incentivo a volver a trasgredir la ley es muy elevado. Lo que necesitamos es desmontar el sistema financiero tal y como lo conocemos: un monopolio público de emisión distribuido a través de un oligopolio de entidades con autorización administrativa. Y que no nos digan: que si esto es con su control, como sería sin él…Déjennoslo ver que somos mayores.

@rubenmansolivar


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