Desconfíen siempre del Gobierno

Liquidando bancos. Asumiendo pérdidas

En el debate que se mantiene en estos días en la Unión Europea sobre los mecanismos de liquidación de bancos se abordan a la vez tantos temas que a veces da la sensación de que antes de la crisis de 2008 no hubiera bancos. Dicho debate demuestra, bajo mi punto de vista, un par de cosas: que nuestras autoridades desconocen profundamente cómo funciona el sistema bancario y que está redescubriendo, pero con dificultades, algunas bondades del derecho civil y mercantil común, y de las técnicas de valoración que utiliza el mercado para los instrumentos en que opera. Técnicas estas últimas de general aceptación por la comunidad científica, que no aparecen en ningún diario oficial y que, por último, han valido a algunos de sus creadores el Premio Nobel de Economía.

¿Quién decide liquidar un banco?

Discuten sobre quién debe decidir acerca de la liquidación de un banco, el Gobierno del territorio donde tiene la sede o la Comisión Europea. La disyuntiva existe sólo porque se ha vulnerado, al menos en España, el derecho concursal común. La liquidación de un banco debiera decretarlo simplemente un juez, de lo Mercantil ahora que es jurisdicción separada, con la ayuda pericial que necesite. El hecho de haberse reservado el Banco de España durante la crisis esta potestad, y el perverso mecanismo de prestamista en última instancia que desarrolla el Banco Central Europeo, es lo que ha permitido dar tantas patadas para adelante a entidades que ya eran balones pinchados.

Si las entidades hubieran tenido que plantearse que, de seguir así, a lo mejor tendrían que ir a solicitar declaración de concurso de acreedores a un juez, en lugar de ayuda al Banco de España, los comportamientos discrecionales de la Administración, siempre tan bien intencionados como ilusos, no habrían agravado la cosa. Eso sin contar con que los gestores, ante la imposibilidad de la ayuda, habrán andado más espabilados. Es cierto que algo han aprendido cuando se ha forzado en ocasiones a asumir pérdidas a los tenedores de participaciones preferentes o deuda subordinada. Es el caso del MoU, que establecía las bases del llamado rescate bancario español, y que condicionaba las ayudas a que los tenedores de títulos como los citados absorbieran pérdidas en los canjes que, recientemente, les ha planteado el FROB. Otra cosa es que, antes de haberles infringido a estos tenedores un solo euro de pérdidas, los accionistas deberían haber renunciado a todos sus derechos en el banco, como decía la norma. No se ha hecho porque los accionistas de los bancos que han estado en esta circunstancia eran las fundaciones tenedoras de acciones bancarias en que se reconvirtieron las cajas de ahorros con problemas. Fundaciones que siguen bajo control político local y regional. En cualquier caso, el derecho concursal común lo dice claro: accionistas, deuda subordinada, acreedores comunes… de forma simplificada y por ese orden.

¿Quién gestiona el  mecanismo de garantía de depósitos?

Se quiere un fondo de garantía de depósitos, pues bien créese pero con dinero privado (ya sé que es así) y, es lo importante, gestión privada. Los mecanismos de garantía de depósitos (MGD) no deben ser más que compañías de seguros. En el fondo, y aunque parezca mentira, lo que hace un MGD cada vez que asegura un depósito es emitir un Credit Default Swap a favor del depositante. Tal vez aquí deberían plantearse las autoridades que las contribuciones al correspondiente MGD no pueden ser lineales (un porcentaje del pasivo cubierto), sino que debieran calcularse de manera parecida a la cotización de un CDS: en función de la solvencia, la calidad crediticia, del depósito asegurado. Así, los errores en la gestión del banco van encareciendo el coste de asegurar a sus depositantes los pasivos que mantienen en la institución. Llegados aquí, es posible que el papel de auditores y compañías de calificación de riesgo de crédito, variase un poco porque el MGD, que se juega su pasta, podría pedir responsabilidades. Ya no digamos el de los supervisores bancarios: que pasarían a ser empleados del MGD.

No puede ser que con tanta normativa  fabulosa (recuerden que Basilea II ya operaba antes de la crisis), supervisor bancario desvelado por nuestros ahorros, banco central lleno de eminentes economistas, mecanismos privados de control como son los flamantes auditores y las enigmáticas agencias de rating….hayamos tenido esta crisis y la culpa sea sólo de los banqueros, pero los contribuyentes paguemos. Está claro que no eran tontos, sino demasiado listos.


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