Desconfíen siempre del Gobierno

Lance Armstrong y la triple B menos

Parece finalmente que ese fenómeno de la naturaleza que era Lance Armstrong seguía un programa de dopaje complejo y sofisticado que consiguió, durante años, engañar a las autoridades deportivas. Ahora que todo está saliendo al descubierto, amenazan con retirarle siete tours y una medalla olímpica de oro. El ciclista va a pasar de los libros de Historia a los anales de la infamia.

De la triple A a la triple B y bajando…

El Reino de España gozaba hasta hace poco de la mejor calificación crediticia posible: AAA. Sin embargo esta misma semana Standard & Poors (S&P) se la acaba de rebajar al nivel BBB-. Después de esta última nota, viene la temida de BB+ que introduce a los bonos españoles entre las denominadas inversiones especulativas o bonos basura. No crean que eso ya es el infierno, se puede seguir cayendo hasta la CCC de Grecia o, aún peor, la D con que se califican los títulos impagados. Digamos que estamos en el purgatorio de los altos tipos de interés para financiar el déficit público.

La pregunta es ¿cómo hemos podido caer tan bajo en tan poco tiempo. Pues mire usted, que decía aquel presidente del Gobierno, porque durante años hemos utilizado las mismas técnicas que Lance Armstrong para estar en lo alto del pódium, pero tal vez haya una diferencia entre la forma de actuar de Armstrong y el de las autoridades económicas españolas y europeas: el primero parece que engañó a todos, las segundas sólo a sus electorados, porque hubo quienes avisaron del nivel de dopaje que llevaban nuestras economías. En ambos casos, el ciclista y las autoridades, se engañaron a si mismos y esperaron que el tiempo lo tapase todo.

Esas pastillitas tan ricas

La economía española ha estado dopada a base de crédito fácil. El Banco Central Europeo optó por una política monetaria laxa que permitió a las administraciones públicas gastar sin cobrar los impuestos que habrían correspondido a dicho nivel de gasto. Permitió, además, que las clases trabajadoras, cuyos salarios se habían deteriorado mucho en los últimos treinta años, mantuvieran, o incluso incrementasen, un nivel de consumo que no se correspondía con dichos salarios. El gasto público favoreció a las actividades económicas dedicadas a proveer bienes y servicios a las administraciones públicas en detrimento de otras, más orientadas a satisfacer las demandas del público en general. En el fondo un cuadro típico, desde un enfoque keynesiano, de los que se explican en algunas facultades para salir de las crisis: política monetaria expansiva (liquidez abundante) y política fiscal expansiva (déficit público). El problema es que si esa fórmula expansiva funcionara, como gustan de defender los economistas keynesianos aunque no lo hace, sería, según ellos mismos, en una situación de crisis. Sin embargo, esta fórmula se ha utilizado como política habitual. Algo así como los ciclistas que dan positivo en los controles de dopaje y afirman que era una medicina que no han dejado de tomar desde que estuvieron enfermos. Nos hemos acostumbrado a subir cuestas sin esfuerzo y a ver quién es el guapo, que diría el castizo, que nos retira ahora esas pastillitas que tan bien nos sentaban.


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