Desconfíen siempre del Gobierno

Ignorantia iuris neminem excusat

Ignorantia iuris neminem excusat (La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento)

Pocas cosas me ponen más de los nervios que los planes públicos de apoyo a los emprendedores. Comenzando por la palabra emprendedor, que no es sino un eufemismo para no utilizar la de empresario de tanto que, sin razón, la hemos desprestigiado. El uso del eufemismo es más grave, si cabe, cuando pensamos en que ambas, empresario y emprendedor, tienen la misma raíz. La ayuda pública se orienta a los emprendedores porque queda fatal decir que se auxilia a los empresarios, aunque no a los trabajadores autónomos gracias a la magia de la palabra trabajador.

Mientras tengamos que seguir cogiéndonosla con papel de fumar en el discurso público, les aseguro que los problemas económicos tienen poca solución. La crisis económica ya nadie duda de que es la superficie de la moral y la moral donde tal vez se manifiesta de manera más clara es en el uso del lenguaje, pero dejo el tema porque lo mío es la economía.

Los emprendedores no necesitan ayuda pública

No es que así lo crea. Es que me atrevo a decir que así es. Un emprendedor, un empresario, un trabajador autónomo, como quieran llamarlo, por definición no quiere ayuda de nadie, salvo de su familia. Todo lo demás quiere pagarlo, salvo que sea un sinvergüenza o concejal de urbanismo además de empresario, porque el que paga nada debe y es, por lo tanto, independiente. La independencia es lo que más motiva al empresario. De hecho, el trabajador por cuenta ajena también se llama trabajador dependiente.  Todos los planes públicos de apoyo a los emprendedores me parecen un error, pues hacen creer a algunos que son capaces de llevar a cabo un negocio cuando, sólo por el hecho de que piden ayuda pública para ello, están demostrando su incapacidad. El volumen de pequeños negocios puestos en marcha con financiación de las entidades públicas que caigan en el futuro nos dirán, si como aventuro, todas estas políticas no fueron un sinsentido. Y lo peor será la cantidad de ilusiones artificialmente infladas que explotarán, como todas las burbujas financiadas con fondos fáciles de obtener e, incluso, de devolver.

Estos planes son un sinsentido, entre otras cosas, porque la aprobación de los mismos se hacen por funcionarios, en unos casos, muy respetables en todos, pero que, en principio y por motivos obvios, no son los mejores para evaluar planes de viabilidad o, lo que es más importante porque el papel lo aguanta todo, para vislumbrar oportunidades de negocio. En otros casos, la evaluación de los proyectos presentados a las autoridades públicas es realizada por consultores privados contratados por las mismas. Otro absurdo aún mayor que no requiere más comentario.

Los requisitos para ser aprobadas dichas ayudas están llenos de criterios de discriminación positiva: ser mujer, o transexual, o joven, o viejo, o inmigrante, o nacional, o favorecer la economía local o la internacionalización del tejido industrial, o lo mismo, o lo contrario…Ya saben que la discriminación positiva es el mejor modo de asegurarle al colectivo favorecido por la misma la marginación eterna.  Por último, estas actuaciones de las autoridades no son sólo muy caras porque requieren un buen número de empleados públicos dedicados a ellas, sino que son muy cursis, que es mucho peor. Porque una cosa es que para darle una ayuda al beneficiario se gasten con cargo al erario público unos recursos preciosos y otra es que se anuncien con lemas como: ¿Cuándo empezamos? Convierte en emprendedor transformando la casualidad en oportunidad. Comprenderán que con tales frases motivas ya es muy difícil que algo salga bien.

Los emprendedores necesitan poca cosa, apenas que los dejen en paz.

El emprendedor, el empresario, el autónomo, necesita impuestos bajos, trámites administrativos sencillos y seguridad jurídica. Lo de los impuestos bajos no lo voy a explicar, pero es difícil que así sea con unidades administrativas, o consultores privados contratados al efecto, dedicadas por completo al fomento de la actividad empresarial. Lo  de los trámites sencillos, tampoco, aunque es difícil también que lo sean, como en el caso anterior, cuando ya para solicitar la ayuda pública que se promete al emprendedor, lo marean con múltiples solicitudes.  La seguridad jurídica sí la voy a explicar, sin embargo. La seguridad jurídica no requiere sólo que los tribunales funcionen y que se aplique la ley, como suele pensarse no sin razón. La seguridad jurídica requiere el convencimiento de que la norma que me es aplicable es abarcable o, al menos, finita. Si no es así, siempre estaremos en manos de alguien que nos podrá sancionar por ese buen adagio latino que dice ignorantia iuris neminem excusat  o, lo que es lo mismo, la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Porque la reforma que necesita España en todos los ámbitos legales: financiero, laboral, fiscal… no es una reforma, como cree el Gobierno, es una poda. Como ven, los emprendedores necesitan poca cosa.


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