Desconfíen siempre del Gobierno

Estudiantes malos pero bien subvencionados

Al final el viejo dicho español de que lo malo es caro se vuelve a hacer verdad en el caso de la enseñanza universitaria pública y su sistema de subsidiación a los estudiantes. Los profesores Hernández Armenteros y Pérez García, han mostrado en un estudio que los alumnos becados tardan apenas poco más de cinco años en completar sus estudios, mientras que los demás necesitan dos años más para hacerlo, lo que cuesta al erario público 900 millones anuales.

Reciben más los peores

Otra forma de verlo es la siguiente: el estudiante becado es financiado al 100% durante cinco años, mientras el otro lo es al 82% (los estudiantes de las universidades públicas asumen ese porcentaje en su primera matrícula, de las posteriores pagan más)  durante los cinco primeros y en un porcentaje menor, que varía según los territorios, los otros dos. Al final, si las segundas matrículas se  penalizan en un 50% y suponiendo que nuestro estudiante medio no becado no llega celebrar terceras, habrá recibido fondos públicos para su formación universitaria superior por un importe total que supera en un 12% a un alumno becado, al que como sabemos se exige un rendimiento mínimo para poder disfrutar de su condición.

Este sinsentido puede atajarse de muchas maneras. Una puede ser ir a las causas del mismo: no parece razonable a lo mejor que el porcentaje de financiación pública de las matrículas, primeras, segundas o posteriores, da lo mismo, sea tan elevado. Otra, que es la que me temo conociendo la demagogia que impera,  será atajar los síntomas rebajando a los estudiantes menos capaces los estándares para aprobar. Así, aprobando en cinco años, recibirían un 18% menos de financiación pública, en lugar del 12% de más que reciben ahora.  De este último modo, obtendríamos un resultado no criticable: los mejores estudiantes no reciben menos ayuda pública que los peores y, además, ahorramos 900 millones de euros al año.

Las soluciones sensatas no soportarán la demagogía

Soluciones más sensatas pueden parecer la ausencia absoluta de financiación pública en las segundas y posteriores matrículas, pero eso será siempre criticado en este país porque entonces sólo los hijos de los “ricos” (por la alegría con que se utiliza el término y los esfuerzos que hacen las familias hoy en día, no cabe duda de que España, a pesar de la crisis, está llena de ricos) podrán repetir. Claro que nadie critica la existencia de universidades privadas que son utilizadas muchas veces como modo de soslayar las mayores exigencias de las públicas: calificaciones de acceso menores, continuidad de estudios cuando se han agotado las convocatorias en la púbica, etc… Así que como los “ricos” tienen un modo de evitar los sinsabores del fracaso escolar a sus hijos, los contribuyentes nos vemos en la obligación de mantener un sistema público alternativo para el hijo del “obrero”.

Tal vez lo que debamos es replantearnos toda la arquitectura del sistema universitario porque las privadas, salvo excepciones ligadas normalmente a formación empresarial de postgrado, se han convertido en la excusa para el despilfarro público en un país donde no importa que usted sea más rico que yo siempre que el dinero no le sirva para nada.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba