Desconfíen siempre del Gobierno

Desmontando parte del Estado de Bienestar

Los biempensantes insisten en que el sistema capitalista ha fracasado. Es posible. Sin embargo, como todos los Estados modernos se autodenominan “del Bienestar”, y no hay ninguno que se declare capitalista, todos los Estados que han caído son socialdemócratas. El colegato lógico de esto, a la vista de las cuentas públicas de Occidente, es que la caída del capitalismo ha arrastrado al Estado del Bienestar. No debía de ser tan malo el primero cuando soportaba algo tan indiscutible como el segundo. Otra cosa es si dicho Estado del Bienestar no era tan bueno como decíamos, lo que podría justificar la crítica al sistema económico que lo sustentaba. Yo encuentro más lógica esta segunda posibilidad. En cualquier caso, algo no cuadra en esa crítica al financiador de nuestros excesos públicos.

Ahora los responsables políticos comienzan a hablar de recortes, de copagos o de otras medidas con las que nos solicitan que el Estado del Bienestar no sea tan de bienestar, porque algo hay que apoquinar para sostenerlo. La declaración, luego desmentida, del Consejero de Sanidad de la Generalidad de Cataluña (verán que lo he escrito en español, no por nada, sino porque este artículo es en español), en favor de obligar a suscribir una póliza de seguro de salud obligatorio para aquellas familias que superen determinado nivel de renta, poniendo como ejemplo a Holanda. Me interesa el conato del Consejero por lo que tiene de reflejo de lo absurdo del sistema al que hemos llegado.

Están tan confundidas las ideas en Occidente que se producen críticas al sistema norteamericano de salud por no ser universal, pero la reforma se plantea en Europa mediante la expulsión de una parte de la población. Es cierto que lo que le criticamos a Estados Unidos es que no extiende el sistema a los más desfavorecidos; por el contrario, en Europa expulsamos del mismo a las clases medias. Y, sin embargo, nadie se escandaliza. Tal vez porque ya estamos acostumbrados a la expulsión de las clases medias de los principales beneficios del Estado, pero no de las principales contribuciones al mismo. Luego no podemos pedirles a estas últimas que se sientan integradas.En cualquier caso, y volviendo a lo económico, la necesidad de comenzar a restringir el acceso a los servicios públicos demuestra que el sistema es insostenible económicamente. No cabe decir que lo ha sido hasta ahora, porque hasta ahora lo que se ha hecho es financiarlo con deuda hasta que los acreedores han comenzado a vislumbrar problemas (en muchos casos, como el de la sanidad pública, porque algunos de ellos no están cobrando). Los servicios o no serán universales o no serán totales, pero no pueden continuar siendo universales y totales como ocurre en el más paradigmático de ellos: el de la salud. Las autoridades tendrán que decidir si excluimos, bien a partes completas de la población o bien algunas coberturas, o exigimos algunos pagos. Pero tanto bienestar todo junto no es viable. 


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