Desconfíen siempre del Gobierno

Cualquier cosa no es un polvo

Uno de los problemas del mundo moderno es que parece que cualquier cosa es cualquier cosa. Así cualquier cosa no es un referéndum, como tampoco es un polvo. Luego está el orden de las palabras, que también es muy importante: un referéndum no es cualquier cosa y ya no les digo un polvo. Tampoco es cualquier cosa. Siento el comienzo, porque me va a regañar mi madre que no comprende que su hijo, aunque padre de familia, ya conoce los entresijos del sexo, pero no se me ocurría mejor ejemplo para explicar que no todo es igual.

Un referéndum no es cualquier cosa

El referéndum que pretendía el Gobierno de la Generalidad de Cataluña no es cualquier cosa. Pretendía someter a la decisión de una parte de la ciudadanía la secesión de una parte del territorio nacional y excluía al resto de la misma de dicha decisión. Con independencia de los argumentos sobre quien dispone del derecho a una decisión de tal calibre: la parte, el todo o, ¿por qué no?, nadie; me parece interesante reflexionar sobre por qué las autoridades autonómicas catalanas pretendían excluir al resto de los españoles de la misma. No creo que fuera por miedo a que saliera el no a la separación precisamente, dado el hartazgo que comienza a ser para muchos el tema y el grado de indignación con el que comienzan a manifestarse nuestros conciudadanos en muchas cosas, incluidas las encuestas.

Un referéndum requiere muchos más acuerdos previos de los que parece. Como mínimo requiere el de quienes son los sujetos con derecho a ser consultados sobre la materia del mismo. Requiere, además, otro sobre el contenido exacto para que tanto la respuesta de los consultados, como el resultado del proceso de consulta, sean inequívocos. No nos vaya a pasar como en el de la OTAN donde el sí, que ganó, era como con la boca chica y permitía al Gobierno determinadas cosas pero no por ello le impedía otras que no gozaban de popularidad y que, con el tiempo, terminaron haciéndose. Necesitamos saber, además, si es vinculante o es una mera consulta.

Llamar al cuerpo electoral a un referéndum no es cualquier cosa y por eso todas las legislaciones, incluidas aquellas con mucha afición a la figura como la suiza, la regulan con cierto detalle, al margen del cuidado que la acción política tiene que tener con esta figura.

Cualquier cosa no es un referéndum

Tampoco cualquier proceso de consulta es un referéndum. Un proceso de estas características requiere unos mínimos de solemnidad para ser digno. Lo del domingo en Cataluña atenta contra la dignidad de los catalanes. Puedo comprender que en la mentalidad de un independentista todo este maremágnum de recursos y contrarrecursos ante el Tribunal Constitucional no sea más que un error y los dictados del tribunal un atropello a los sagrados derechos de la nación que tiene en su cabeza. Sin embargo, no entiendo que acepte cualquier tipo de proceso de consulta como si del ansiado referéndum de autodeterminación se tratase. La dignidad exige no ir a votar el domingo. En esas condiciones no, señor Mas, es lo que creo que diría alguien con sentido de la dignidad de su Nación. Al final el Presidente de la Generalidad quiere hacerles creer que para que se pueda llamar referéndum basta con meterla por una abertura. Como para ser calificado de polvo, no es suficiente. Es más, mucho más.


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