Desconfíen siempre del Gobierno

Contención salarial

Ya saben ustedes que los keynesianos siempre vuelven. Hace unos días fue el premio Nobel, de Economía por supuesto, Paul Krugman. Recomienda una bajada de los salarios del 20% en los países de la periferia de la zona Euro. Ya saben que la periferia, entre otros, somos nosotros. ¡Qué le vamos a hacer! Como ya no tenemos la posibilidad de la devaluación, propone el afamado economista otra solución: aumento de la masa monetaria, inflación y contención salarial. De ese modo en cinco años, los salarios nominales no crecen y los reales caen eso: un 20%. ¡Ahí es nada! Nadie podrá decir ahora que no entiende en qué consiste la política keynesiana, al menos en lo referente a los salarios. Aunque yo creo que en lo referente a todo consiste siempre en lo mismo: como aparentar lo que no es para que el personal no se mosquee.

Mire usted, que dicen los personajes de zarzuela, la política de rebajar los salarios reales, pero no los nominales, mediante el recurso a la inflación hace tiempo que se vienen aplicando en Europa. De hecho, esta reducción de los salarios reales ha sido tan acusada, que la política inflacionista de crédito fácil se ha utilizado con otra finalidad al margen del deterioro de los ingresos de los trabajadores. En concreto, se ha utilizado para facilitar el consumo de los trabajadores. El crédito ha permitido mantener niveles de consumo por encima de los que los asalariados podían permitirse dada la reducción de sus ingresos reales. Pero claro, al final llega el día en que las deudas han de pagarse y eso se demuestra imposible. Ya saben ustedes que el año en que incurren en un gran gasto (un coche nuevo, un cambio de casa, una reforma…) eso no se puede pagar con los ingresos de ese año, sino con los superávit pasados (ahorro) o con los superávit futuros (amortización de deuda). El problema llega cuando no hay ahorro acumulado y los superávit esperados no igualan el endeudamiento. Solución: venta de activos. En eso estamos. ¡Y cómo estamos!

No puede pretender el señor Krugman más endeudamiento en Occidente, salvo que quiera aplazar el momento en que entreguemos todos nuestros activos a cualquier precio a nuestros acreedores o que su solución sea, como ya dijo en otro momento, la guerra (no va de broma, lo dijo) como modo de cancelar la deuda con nuestros acreedores (siempre bajo el supuesto de que ganemos). La solución pasa por una reducción de nuestro endeudamiento, lo que requiere, como vengo diciendo, una reducción de nuestro consumo.

Ya sé que me van a decir que sin consumo no hay crecimiento, pero eso es falso y para ello sólo hay que ver por qué crecen nuestros acreedores: porque consumen menos que ingresan. Lo que es bueno para ellos, lo es para nosotros. No podemos pretender que financien eternamente nuestro elevado nivel de vida. No sólo porque algún día querrán cobrar, como piensan algunos, sino simplemente porque el capital (los bienes de capital, las empresas…) serán suyas y las rentas del mismo estrangularán nuestras rentas salariales. Además, el capital cuanto más escaso es más caro. Si queremos tipos de interés reales realmente bajos, costes de capital realmente bajos, necesitamos abundancia de capital, no abundancia de dinero. El dinero, lo que imprime un banco central, no es capital. El ahorro sólo se consigue no consumiendo todo lo que se produce y es la base del crecimiento. Cualquier buen padre de familia lo sabe.

Ya sé que los keynesianos me dirán que el Estado no es un padre de familia. Y ni siquiera bueno, añado yo.


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