Desconfíen siempre del Gobierno

¡Fue Basilea, estúpido! (Y el BCE)

Esta semana se nos ha despachado Durao Barroso con unas declaraciones sobre la actuación del Banco de España durante la crisis que, por ser una media verdad, son una gran mentira.

No cabe duda de que la actuación de nuestro supervisor bancario no ha sido precisamente acertada, pero descargar toda la responsabilidad de la misma sobre dicho supervisor no deja de ser, casi, como culpar de lo que pasó al que menos culpa y defensa tiene: un abuso en toda regla del grandullón del BCE.

La burbuja la creó el BCE y no el Banco de España…

La crisis vino producida, como ya ha quedado claro, por un erróneo diseño de la política monetaria del BCE que creó la burbuja con su política de liquidez abundante. ¿Qué esperaba el BCE que hiciera la banca privada con las facilidades crediticias que puso a su disposición? ¿Guardarlas en un cajón o invertirlas en deuda pública, como está haciendo ahora tras el escarmiento recibido en forma de abundantes pérdidas? Pues no, las puso a disposición del público en forma de crédito fácil. Tan fácil como lo estaba recibiendo. Además, y aquí surge el gran culpable, la regulación sobre solvencia de las entidades durante la crisis (los Acuerdos de Basilea I y II) no exigían casi capital a las entidades para operar, por lo que su capacidad de endeudamiento era elevadísima.  Dicha capacidad era mucho más elevada para la concesión de crédito hipotecario. Así los bancos y cajas podían endeudarse muy fuertemente: para créditos comerciales en razón de 49 a 1 y para hipotecarios en relación de 142 a 1, respecto de su patrimonio neto. Dicho de otro modo; los accionistas, o las fundaciones que eran las cajas de ahorros, apenas tenían que poner capital propio para prestar. Además, el incentivo para el crédito para adquisición de vivienda era, como se puede ver de las razones anteriores, elevadísimo. La normativa sobre solvencia de las entidades se elabora en la UE y los supervisores nacionales tenían entonces un muy pequeño margen, ahora casi ninguno, de alteración de la misma por aquello de la unidad de mercado.

…la escasa solvencia era legal y venía dictada por la UE…

Con esta normativa de solvencia, bastaba una caída del 2% en los valores de la inversión no hipotecaria y del 0,7% en la hipotecaria para que las entidades entraran en quiebra. Si no lo hicieron más, fue porque los gestores de muchas entidades comprendieron que estar dentro de la ley no significaba ser prudente y se autoexigieron mayores requisitos de capital que los legales. Al estallar la crisis, unas pequeñas pérdidas en términos relativos (del 2% o del 0,7% según las partidas del activo como se ha comentado) pero enormes en términos absolutos como consecuencia de la gran capacidad de endeudamiento de las entidades bancarias, puso a aquellas que fueron más arriesgadas en la situación que conocemos.

Llegados aquí: ¿Qué hace el supervisor nacional, agencia independiente que forma parte del Eurosistema? ¿Decir que la cabeza del Eurosistema (BCE) se ha equivocado? ¿Que la regulación es un error, como reconoce de manera implícita el aumento de los requisitos de capital de los últimos años? Por otro lado, el aumento de los requisitos que comenzó España a exigir, de manera adelantada a la nueva normativa de este año, agravó la crisis de liquidez de las entidades al dejar a aquellas que no tenían base accionarial -las cajas- en peor situación para proveerse de la escasa oferta de capital para instituciones financieras disponible en el mercado.

Los gestores de muchas cajas, y de algunos bancos, fueron menos prudentes y habían decidido tomar las curvas al máximo legal permitido. Los de algunas cajas y muchos bancos habían visto las amenazas de lluvia y previendo problemas, hacía tiempo que venían levantando el pie del acelerador. Pero, insisto, todos estaban cumpliendo con la ley: con una mala ley, en una carretera cuyo pavimento, bien engrasado por el BCE para reducir el rozamiento que tanta velocidad quita, animaba a pisar y mucho.

…y en España todo nos parecía bien

En España, el Gobierno y la dirección política del Banco de España insistían en el año electoral de 2008 que todo iba bien y ¿la oposición? también en el caso de las entidades financieras. Ambos, Gobierno y oposición, estaban encantados con el control que tenían sobre las cajas y sabían que si estas derrapaban, alguien pondría en duda el derecho a dicho control que algún que otro favor financiero les venía otorgando.

Que Durao Barroso eche toda la culpa al Banco de España ahora no es sino un modo de salvar ese inmerecido prestigio de que goza el BCE, porque fabrica el dinero, y la normativa, por el simple hecho de que sale en un boletín oficial. Algo así como asegurar que una mujer es guapa y virtuosa porque es rica y sale en el ¡Hola!.

El supervisor español no actuó con independencia, aunque la tenía y le era exigible. Primero porque no denunció suficientemente el error de política monetaria, segundo porque no denunció el error de legislación imprudente y tercero porque una vez montada la fiesta, como dijo un ministro, no apagó las luces y prefirió doblegarse a los intereses políticos nacionales.

Señor Barroso: no fue sólo el Banco de España. Antes fue el BCE y Basilea.


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