Desconfíen siempre del Gobierno

Bancos buenos, malos y peores

Al final el Gobierno ha optado por la creación del banco peor: el banco malo con dinero público. Así nos lo anunció el viernes el Consejo de Ministros, si bien muchos aspectos de su creación están sujetos a un posterior desarrollo reglamentario, que en estos momentos desconocemos, y muchos de cuyos extremos, como por ejemplo si tendrá o no participación privada, se están aireando en la prensa estos días.

El banco malo no es un banco

Ya les he comentado otras veces que el banco malo no es una entidad de depósito: nadie querría dejar su dinero en una institución de tales características. Es un banco, en todo caso, en el mismo sentido que le damos a la palabra para designar un banco de alimentos o un banco de arena. En este caso será un banco de activos inmobiliarios adquiridos por las entidades como consecuencia de adjudicaciones o daciones en pago de deuda. De los bancos malos se lleva hablando mucho y de hecho hace ya tiempo que, en cierto modo, muchas entidades han creado los suyos propios. No otras cosas son las sociedades, a veces varias por grupo bancario, donde se han aparcado los inmuebles provenientes de la crisis inmobiliaria. Todo el sector ha escudriñado la norma para ver si este aparcamiento le permitía, de algún modo, dejar las pérdidas en la sociedad tenedora de los inmuebles, pero la terquedad de la normativa contable internacional y del Banco de España, en este caso, no lo ha consentido. Como decía Umbral, un cadáver puede hacerse desaparecer con cal pero un registro contable es imposible, refiriéndose a las circunstancias por las que fueron aprehendidos los GAL.

Del extranjero han llegado muchas propuestas privadas en los últimos años para constituir sociedades tenedoras de inmuebles procedentes de adjudicaciones y daciones. No han prosperado, porque para conseguir lo que muchas entidades españolas querían -no llegar a reconocer las pérdidas que se venían encima- los inversores internacionales sólo exigían precios razonables. O dicho de otro modo: o reconoce usted la pérdida ahora o ya la reconocerá, pero no hay un mundo a este lado de la eternidad donde no la vaya a tener que reconocer. 

El segundo de los reales decretos leyes, el 18/2012, que ha aprobado este Gobierno para reestructurar y sanear el sector obligaba a las entidades a crear sus propios bancos malos y, en el caso de las entidades que recibieran ayudas públicas, a liquidar activos y perder el control de dichas instituciones en un plazo corto. En el fondo, junto con la valoración contable que había supuesto el primero de los reales decretos, el 2/2012, se estaba forzando a las entidades a liquidar los inmuebles que atesoraban y a reconocer las pérdidas reales que pudieran tener, porque hasta la fecha dicho atesoramiento impedía valorar los inmuebles ante la ausencia de operaciones de compra venta suficientes en los mercados. Pero hete aquí que el Gobierno ahora se destapa con un banco malo con dinero público, que se convierte en el banco peor y cuya finalidad no es otra que inmovilizar los inmuebles para que no salgan todos a la vez, al menos los de las entidades con problemas, y no se desplome el mercado. Se pretende así que asistamos a una caída suave, moderada y constante de los precios, a la que no hay nada que oponer salvo que para ello se van a inmovilizar fondos públicos. Además, esta adquisición de activos por parte del banco peor tiene un problema: la fijación del precio de adquisición de los mismos.

Es cierto que este problema de la fijación del precio de traspaso a la sociedad tenedora ya existía en el Real Decreto-ley 18/2012, pero era menor: se trataba de un problema entre sociedades, la entidad de crédito y su tenedora, del mismo grupo, por lo que no tenía efectos en la información financiera consolidada. El problema desaparecía cuando se vendían los inmuebles de la sociedad tenedora o el control de esta última, porque el mercado ya ajustaba el precio entre partes independientes a la realidad del mercado.

¿Y ahora qué?

Esta es la madre del cordero: ¿a qué precio compra el banco peor los activos a las entidades con problemas? Estas últimas necesitan ayuda pública para recomponer su solvencia. La ayuda puede llegar por dos vías: una suscripción de títulos de capital por parte del Estado o la compra de los activos inmobiliarios dañados a precios superiores a los de mercado, o una combinación de ambas. En tanto en cuanto el Estado adquiera dichos activos por precios superiores a los de mercado, estará inyectando a los vendedores de los mismos fondos que no deberá aportar posteriormente en forma de capital. Esta es la tentación más grande a la que está sometida la creación de un banco malo. Máxime cuando los precios de mercado son de difícil estimación con cierta exactitud.

El banco malo, en el fondo, se va a convertir en un instrumento de regulación de la oferta del mercado inmobiliario pues irá liquidando los inmuebles poco a poco para evitar un desplome de los precios y, dado el largo plazo que se ha dado para realizar dichas liquidaciones, terminará dando un beneficio por la diferencia entre el precio de compra y el de venta. Cosa distinta es si dicho beneficio es menor del que debiera haber dado en condiciones de libertad de mercado, es decir: si los activos hubiesen sido adquiridos a precios razonables y no de favor para los vendedores. La diferencia entre el beneficio que llegue a cosechar y el que debiera haber cosechado, la diferencia entre lo que pagó el banco peor y lo que debiera haber pagado, será la subvención encubierta a las entidades, que no figurará en ningún sitio porque será un lucro cesante. Otra vez más los fallos no son del mercado, sino de no dejarlo actuar hasta sus últimas consecuencias. Le guste o no al ministro, señor de Guindos, es liberal pero poco y eso, como muchas cosas en la vida, se es o no se es, pero no se es en grados sin caer en la contradicción.


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